Resulta cuanto menos curiosa la manera en la que el Presidente enfrenta ciertos conflictos de magnitud en su Gobierno. Últimamente ha vuelto a hacer gala de esa dificultad. Hace diez días, según hicieron trascender algunos de los presentes, salió a cruzar a viva voz (bah, a los gritos) en una reunión de Gabinete a quienes se animaran a criticar a Manuel Adorni, por la crisis de sus inconsistencias patrimoniales.
Javier Milei arribó a ese resonante llamado de atención después de dos meses de iniciado el escándalo, cuando las intrigas e incomodidades internas ya se exhibían ensordecedoras. Sólo Patricia Bullrich se había animado a exponerlas públicamente. No volvió a hacerlo hasta ahora.
Este martes, Milei volvió a intentar llevar calma. Esta vez para reducir las llamas que el fin de semana se propagaron a niveles nunca vistos entre el asesor Santiago Caputo y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. El incendio de fondo sigue siendo siempre el mismo: Caputo versus Karina Milei. Y viceversa, claro.
Esta vez, la excusa para el estallido caputista fue el descubrimiento de una presunta cuenta fantasma en las redes sociales atribuida a Menem y a su entorno, desde la que se lanzaron feroces hostigamientos a integrantes del espacio libertario.
“Fue algo que le han plantado a Martín Menem, eso está prefabricado. Martín lo explicó dentro del Gabinete”, relató en una entrevista el Presidente. En todo caso, lo habrá explicado en el chat que comparten los ministros, ya que no hubo reunión del elenco gubernamental, que se pateó para el feriado del 25 de mayo, luego del tedeum, por el nivel de conflictividad.
“Santiago es como un hermano para mí y Martín Menem lleva adelante una tarea enorme, fenomenal, extraordinaria. Yo entiendo es que el periodismo llama a internas a discrepancias en la forma que puede pensar una persona y otra. Si todos pensáramos igual, significa que no está pensando nadie. El pensamiento crítico contribuye y lo que importa son los resultados”, sostuvo Milei. Todo una originalidad la crítica (constante) a la prensa.
En términos comunicacionales, los argumentos presidenciales parecen no haber calado hondo entre los contrincantes. Por la noche, el influencer caputista Daniel Parisini (a) GordoDan (que debe añorar los tiempos en los que hacía echar funcionarios), dijo que a Milei le mienten, porque nadie prefabricó nada. La batalla continúa. Como otra muestra de una beligerancia sin fin, ya en la dimensión política del caso, tanto en el sector de la hermanísima como en el del asesor se consideraron reivindicados por el jefe de Estado, de acuerdo a reacciones off the record.
Lejos de que eso constituya el inicio de una tregua, todo lo contrario: los anima a acelerar, al parecer. Si nos atenemos a los resultados que proclama Milei como doctrina, llamativo efecto tendría su rol de pacificador entre su hermana Karina y su “hermano” Caputo, en una guerra que lleva ya demasiado tiempo.
Salvo que volvamos a dejar los manuales de la política clásica a un costado, como demostró el ascenso al poder de Milei, para asumir que la conflictividad es un engranaje clave del aparato mileísta. Aun a riesgo de que se incendie todo, empezando por el propio Gobierno.