Prevención vs punición

“Con el presupuesto de un chico preso se ayuda a 14 chicos vulnerables”

El juez de Cámara Rodrigo Morabito advirtió que ampliar el punitivismo no reduce la violencia y remarcó que la mayoría de los jóvenes que ingresan al sistema penal son varones pobres.

Rodrigo Morabito Foto: Página 12

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil de Catamarca, Rodrigo Morabito, cuestionó el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad y afirmó que “cuando el Estado llega por primera vez en la vida de estos adolescentes, casi siempre lo hace a través del castigo, y llega tarde”. Desde su experiencia cotidiana en el fuero, sostuvo que en los tribunales “no vemos enemigos, vemos historias de abandono acumulado”, y advirtió que “el derecho penal no repara lo que el Estado no supo cuidar a tiempo”. En ese marco, remarcó que “con el presupuesto de un solo chico privado de la libertad se puede ayudar a catorce chicos en un contexto barrial”, y planteó que fortalecer los sistemas de protección “es la única política seria de seguridad a largo plazo”. 

Rodrigo Morabito es un magistrado con más de 20 años de trayectoria. En el fuero de menores se destaca por su enfoque en los derechos humanos y la justicia restaurativa. Se desempeña como juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil en la provincia de Catamarca. Además, es profesor por la Universidad Nacional de Catamarca y miembro de la Asociación de Pensamiento Penal.

Recientemente envió una misiva a Javier Milei expresando su firme rechazo al proyecto de baja de la edad de imputabilidad. En el descargo sostiene que el castigo no soluciona la inseguridad y que el Estado suele llegar tarde a la vida de los adolescentes vulnerables.

Carta abierta al señor presidente de la Nación Argentina, economista Javier Milei.

Me dirijo a usted desde el ejercicio concreto de una función que rara vez ocupa el centro del debate público, pero que carga con una de las responsabilidades más complejas del Estado: administrar justicia en el fuero penal juvenil.

Todos los días veo rostros que no aparecen en las estadísticas ni en los discursos. Rostros de adolescentes cansados, rotos, sin esperanza.

Chicos y chicas que llegan tarde a la justicia después de haber sido violentados en sus hogares, expulsados de la escuela, abandonados en las calles, consumidos por las drogas y muchas veces utilizados por adultos inescrupulosos para delinquir.

No le escribo para justificar delitos. Tampoco le escribo para negar el dolor inmenso de las víctimas ni el sufrimiento irreparable de sus familias. Ese dolor merece respeto, escucha y respuestas serias del Estado. Pero sí le escribo para decirle algo que veo todos los días.

Cuando el Estado llega por primera vez en la vida de estos adolescentes, casi siempre lo hace a través del castigo. Y llega tarde.

En los tribunales no vemos enemigos. Vemos historias de abandono acumulado. Vemos una cadena de violencia que comenzó mucho antes del delito delictivo, y vemos con enorme preocupación cómo, frente a este fracaso previo, la única respuesta que se propone es más pena, más encierro, más dolor.

Señor presidente, el derecho penal no repara lo que el Estado no supo cuidar a tiempo. La cárcel no devuelve lo que la infancia perdió. El castigo no sustituye a la presencia estatal que faltó cuando aún había margen para prevenir.

Trabajar en este fuero implica tomar decisiones difíciles, humanas, incómodas. Implica escuchar a víctimas, pero también mirar a los ojos a adolescentes que nunca tuvieron una oportunidad real. Implica entender que proteger a la sociedad no es solo sancionar, sino evitar que el daño ocurra.

Bajar la edad de imputabilidad puede dar una sensación inmediata de respuesta, pero no construye futuro. No reduce la violencia, no honra a las víctimas. Solo amplía un sistema penal que llega siempre tarde y que ya ha demostrado su ineficacia.

Cuidar a nuestros niños, niñas y adolescentes no es ingenuidad, es responsabilidad institucional.

Es la única política seria de seguridad a largo plazo de una nación democrática. Es intervenir antes, acompañar antes, sostener antes, estar presentes cuando todavía hay algo para salvar.

Le escribo con la convicción de quien ve las consecuencias todos los días. Le escribo no desde la comodidad de un despacho, sino desde la experiencia concreta de administrar justicia en contextos de dolor.

La respuesta no está en castigar más temprano. La respuesta está en no abandonar tan temprano.

Ojalá esta carta sirva para reflexionar, porque cada adolescente que llega a un tribunal es, antes que nada, una pregunta que el Estado no supo responder a tiempo.

Atentamente, Rodrigo Morabito, juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil de Catamarca.

Me gustaría que transmitiera las emociones que implica para un juez tener que dictaminar castigos a un menor roto, que no tuvo, que no tuvo acceso al derecho de una infancia y una adolescencia. ¿Qué le pasa a un juez cuando mira a los ojos a los adolescentes que usted define?

La pregunta es muy compleja, difícil, porque las emociones o las sensaciones que uno tiene al momento de juzgar a un adolescente que llega a estar en conflicto con la ley penal o en contacto con la ley penal, son muchas. Primero porque hay un montón de sensaciones que uno experimenta que no son las mismas que al estar juzgando a una persona adulta que ha cometido un delito. Eso no significa, porque rápidamente lo que ocurre por ahí es que se nos dice o se nos tilda a los jueces que somos garantistas. No sé en qué momento el anarquismo penal, especialmente el garantismo constitucional, se convirtió en un insulto en la República Argentina, en una mala palabra.

En realidad, un juez que las garantías constitucionales, un juez o una juez, lo único que hace es amputar la Constitución. Entonces, por ahí lo que nosotros vemos y experimentamos a diario es un gesto. O sea, los operadores del sistema lo que recibimos son chicos que en muchas ocasiones el único contacto que han tenido con el Estado es a través del poder punitivo, es decir, a través de la fuerza de seguridad, de la justicia penal, y vienen arrastrando una serie de falencias que no solamente son familiares, son estatales.

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Son chicos que muchas veces vienen con una violencia naturalizada del hogar, han sido víctimas de violencia, han sido víctimas de discriminación, muchas veces son víctimas de violencia estatal, de violencia institucional, chicos que se encuentran en situación de pobreza, diciendo que pobreza es sinónimo de delincuencia, pero es uno de los factores desencadenantes posteriores a la comisión del delito.

Siete de cada diez chicos en la República Argentina son pobres. Son datos, datos de UNICEF. Tres de cada diez se encuentran en situación de pobreza extrema. Más de un millón y medio de niños, niñas y adolescentes se van a dormir sin haber almorzado, sin haber cenado, en la República Argentina.

Hay una clara deserción escolar y un problema claro con la adolescencia en cuanto a la ley penal que creo yo es más grave, que es nada más y nada menos que el consumo problemático de drogas. Hay muchos factores para analizar que llevan a la comisión de delitos, pero también lo que hay que analizar es, por supuesto, sin dejar de lado el dolor de las víctimas, la escucha a las víctimas, el respeto por las víctimas y por su dolor, y sobre todo una respuesta seria por parte del Estado. Es necesario, es fundamental, y es trascendental.

Pero nosotros vemos todos los días este perfil del pibe que es el que ingresa al sistema penal. Y además, ese perfil, en su gran mayoría, yo le diría prácticamente en un 90% en la República Argentina, es varón. Es un chico varón, adolescente, joven, generalmente reclutado por el delito.

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Las imágenes que ustedes pasan son chicos robando autos. Por supuesto que esa imagen molesta e indigna. No está mal que así sea, hay una víctima, pero también tenemos que pensar no solamente en el delito del robo del auto, sino también en los desarmaderos de los autos y muchas veces de qué manera el Estado tiene responsabilidad en eso.

¿Cómo es su tercera vía que propone que haya responsabilidad sin caer en el punitivismo regresivo?

Acá hay varios mensajes del gobierno que no son correctos. No sé, con todo el respeto que me merecen los funcionarios que hoy en día nos gobiernan. La primera es que dicen que hay impunidad juvenil. No hay impunidad juvenil. Eso es menospreciar el trabajo de mucha gente que a diario se levanta en la justicia penal adolescente a darle unas respuestas a las víctimas y muchas veces a darle una respuesta, que necesita una escucha activa y un verdadero acceso a la justicia.

Entonces, hay gente que, ante un hecho de una naturaleza grave de un adolescente, comienza un seguimiento. Existe un mecanismo de protección integral que, en muchas ocasiones, no tienen los recursos fundamentales para poder trabajar. Antes la SENAF -no sé ahora cómo estará funcionando la SENAF a nivel nacional, Secretaría de Adolescencia y Familia- que son sistemas de protección que son fundamentales, que trabajan previamente con los pibes en riesgo antes de que cometan un delito.

Pero esos sistemas de protección en Latinoamérica y en Argentina muchas veces carecen de recursos materiales y humanos para poder dar una respuesta y un abordaje concreto, conciso y serio para ese chico que se encuentra en riesgo, o chica, y posteriormente comete un delito. Entonces, a mí me parece que hay que empezar a fortalecer los sistemas de protección. Pero las estadísticas son claras: no alcanzan para solamente la punición o solamente el castigo.

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Me parece que la tercera vía es darle un poco más de protagonismo a las víctimas, preguntarle realmente qué quieren, porque no todas las víctimas quieren realmente castigo, venganza -desde el punto de vista del sentimiento de la víctima se lo ve así-. Lo que quieren muchas veces es que se las escuche, que se les cuente qué es lo que pasó, cuál es la historia de vida de las personas que las dañaron. Después ella podrá decidir qué es lo que pretende.

Por ejemplo, hay una ONG muy importante en la República Argentina que es Víctimas por la Paz, que hay gente que ha sufrido delitos muy graves y no están pregonando a diario el castigo, y tienen muy buenas propuestas para esto.

Déjeme hacerle esta pregunta con enorme respeto. Yo entendía que en el tema de la tercera vía hay un problema que es claro, que es que la educación y la atención, que faltó. Y hacia futuro, si existieran los recursos disponibles, para que eso que faltó no falte, tiene un efecto retardado. A lo mejor, si corregimos hoy, como un barco que se mueve en el timón, recién tiene efecto dentro de tres, cuatro, cinco, diez años.

¿Qué se hace concretamente hoy para que esos chicos de 14, 15 años, no sean más fácilmente cooptados por adultos para el delito, teniendo en cuenta que les dicen que no van a ser imputables, que aumenta la posibilidad de que caigan en el delito? ¿No tendría que haber, simultáneamente, lo que usted marca, la inversión del Estado en prevenir y en desarrollar, que en el futuro no vuelva a existir lo mismo, e independientemente de que la imputabilidad se bajase, luego a esas personas ayudarlas para que se reeduquen y no para que sea simplemente un castigo? ¿No debería, de cualquier forma y simultáneamente, lo que usted dice, también bajarse la edad de imputabilidad?

No. Yo creo que hoy se puede trabajar claramente con los chicos en los contextos de encierro. El delito adolescente del 100% en la República Argentina está entre el 3, el 4%. Ahí tenemos chicos punibles y no punibles. Si tomamos los no punibles y yo tomo el delito más grave, vamos a tomar el delito más grave, porque los tiempos de televisión no nos permiten un debate más profundo.

Pero, digamos, si tomo homicidio a los fines de delito más grave, fíjese que hace no mucho, la doctora Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad y actualmente, senadora nacional, pero cuando era ministra de Seguridad dijo que el gobierno nacional logró bajar la tasa de homicidios del 4,4 al 3,8. De hecho, si usted ingresa a la página del Ministerio de Seguridad de la Nación hoy en día, la tasa de homicidio es del 3,8.

Ahora, de ese 3,8, (estamos hablando del homicidio en general) si yo saco los delitos cometidos por punibles y separo los punibles y tomo el conurbano bonaerense como el distrito más grande del país, no supera el 1%. Y la mayoría de los delitos no son cometidos muchas veces en contexto de inseguridad, sino que son cometidos en disputas entre jóvenes, peleas, hechos de episodios violentos. Eso no significa que no sean graves y que no debamos asumir una responsabilidad, pero me parece que existen sistemas previos de protección integral que tienen que trabajar en territorio, que tienen que tener los recursos fundamentales para trabajar en territorio.

Mire, yo un día escuché a una ONG decir que con el presupuesto de un solo chico privado de la libertad, se salva o se ayuda a 14 chicos en un contexto barrial que pueden estar encontrándose en riesgo. Entonces, yo creo que si los sistemas de protección que trabajan con chicos en riesgo dispusieran de mayores recursos... lo voy a decir con claridad, esto no genera mayores votos. Ese es el inconveniente.

Probablemente haya herramientas para solucionar el futuro. El pasado no se lo puede modificar y hay otras medidas que tengan que tratar de resolver o reducir los problemas del presente. Y lo que usted marca claramente es que con solo uno de ellos no se soluciona el problema presente. Y el más importante es el problema futuro. Y como pasa en medicina, la profilaxis: cada peso invertido en profilaxis son diez pesos luego ahorrados en salud, en enfermedad. Es decir, en líneas generales, en todos los campos de la vida, la prevención es muchísimo más eficaz, que luego la solución a posteriori. O sea, no escapa el tema de la edad de punibilidad de los menores a cualquiera de los otros campos de la discusión de la vida.

Déjeme hacer una reflexión, a ver si usted la comparte. Usted dijo que el único contacto que tenían con el Estado era el punitivo. O sea, el único que conocían del Estado era el policía, el juez que los iba a encarcelar. Entonces me pregunto, ¿puede ser que además de las distintas violencias que tuvieron, tengan una violencia cognitiva que además los llevó a votar al propio Milei? En el sentido de que, como Milei planteaba que había que acabar con el Estado, desde su pobre comprensión de la realidad, el Estado para ellos era la policía y la cárcel. Y que finalmente incluso para unos el Estado eran impuestos y para otros el Estado era el fin de aquel contacto que siempre era punitivo.

A mí me parece que nosotros tenemos que aprender muchas cosas de otros lugares y otras cosas no, porque tenemos demasiado. Creo que Argentina es un país demasiado solvente…

La sensación que usted tiene de esos adolescentes a los que mira a los ojos todos los días que cometen delitos, ¿cree que votaron por Milei?

En muchas ocasiones, creo que sí.

 

RM/ff