Sebastián Plut: “Invertimos la frase de Gramsci: hay optimismo de la razón y desidia de la voluntad”
El psicólogo y escritor advierte sobre los peligros de una sociedad anestesiada y describió una época atravesada por “brillantes análisis”, aunque sin "acción política".
En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el psicólogo Sebastián Plut sostuvo que "hay optimismo de la razón y desidia de la voluntad”, a la inversa del planteo de Antonio Gramsci, al analizar el modo en que el discurso político interpela a una sociedad que no hace "más que una catarsis en las redes sociales".
Sebastián Plut es un reconocido psicólogo, psicoanalista, investigador y profesor universitario argentino. Es conocido por su análisis del discurso político desde una perspectiva psicoanalítica. Es coordinador del grupo de investigación en Psicoanálisis y Política de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.
Escribiste Psicoanálisis del discurso político hace 15 años. No existía Milei. Prácticamente no existía Trump, porque Trump fue presidente hace nueve años, o sea que tampoco existía Trump.
En ese libro trabajo las presidencias de Néstor Kirchner, me parece, de Cristina Kirchner, y analizo un reportaje que vos le hiciste a Elisa Carrió en el diario Perfil. En fin, tomo distintos casos, creo que algo de Hugo Chávez también. En el caso de Hitler hago un análisis de la novela 1984 y también del libro La razón de mi vida, de Eva Perón.
¿Si lo tuvieras que escribir hoy, elegirías otros casos?
Yo me imagino que hay algunas funciones del discurso que son invariables. Por ejemplo, el discurso político tiene como función hacer creer, o sea, uno tiene que despertar el crédito de su interlocutor, y el crédito es que creas en lo que yo voy a hacer y que yo voy a ser capaz de hacerlo. También tiene la función de hacer hacer, que me vayan a votar, que vayan a militar, etcétera. Puede tener la función de hacer sentir; no me refiero solo a la manipulación emocional, también puede ser entusiasmar, por supuesto.
Lo que probablemente haya cambiado son los recursos con los cuales un político logra esos objetivos. Yo creo que, por supuesto, es contrafáctico pensar que si Milei hubiera estado, con su estilo, disputando la presidencia hace quince años, no hubiera pasado de ser un personaje bizarro. Y esto no es porque estemos más liberados de restricciones moralistas, sino porque creo que ha habido un proceso de degradación de la sociedad. Volviendo a lo anterior, no es lo mismo poner en cuestión ciertas morales falsas o hipócritas que una sociedad que se ve sometida a una regresión social y entonces se permite lo que no debería estar permitido.
Decías también que encontraste a la sociedad demasiado callada, como convalidando la razón de esa megalomanía que podían tener determinados actores de la política mundial. En el caso de Estados Unidos no está callada la sociedad. En Estados Unidos incluso existe el riesgo de que en las elecciones de medio término Trump pueda perder. ¿Por qué creés que en la Argentina, en particular, la sociedad está como anestesiada, no dice una palabra adecuada?
Yo creo que es una buena palabra, anestesia. Cierta abulia se vio en el ausentismo de las elecciones. Antonio Gramsci hablaba del pesimismo de la razón y del optimismo de la voluntad. Yo creo que hemos invertido el aforismo gramsciano. Creo que nos hemos deleitado haciendo brillantes análisis: tenemos el optimismo de la razón. Todos escribimos y decimos cosas muy lúcidas, y la voluntad está pasando por una etapa pesimista, como si estuviéramos destinados a ser espectadores de una realidad sobre la cual hacemos análisis muy lúcidos, pero no hacemos más que una catarsis en las redes sociales después, como toda acción política.
Yo, de hecho, he planteado, dentro de lo que es el campo ideológico en el que me inscribo, que nos la pasamos haciendo análisis de la subjetividad neoliberal y se nos pasó de largo hacer un análisis de la subjetividad popular, y que eso nos ha llevado a ser intrusados con una identificación con el agresor.
Willem Dafoe presenta en Argentina “The Soffleur” la película de Gastón Solnicki que protagonizó
¿Hay algo de onanismo intelectual en eso, un erotismo?
El onanismo se caracteriza por obtener un resultado con poco trabajo. Eso dice Freud en algún debate sobre el onanismo, o sea, cuál es el cuestionamiento que hace al onanismo: obtener un placer con poco trabajo, con poco esfuerzo y sin el otro. Entonces, si la vida intelectual es obtener un resultado sin el trabajo de la acción colectiva, termina siendo onanística.
¿Y el cambio sería no solamente pensar, sino hacer hacer, o sea, pasar a que la acción intelectual sea transformadora y no solamente descriptiva de la realidad?
Exactamente. Cuando uno piensa, está haciendo una transformación autoplástica, una transformación sobre uno, logrando una conclusión, y luego tiene que venir la transformación aloplástica, o sea, la transformación de la realidad.
¿Y por qué creés que está pasando esto?
Yo creo que cualquier explicación que demos va a dejar casi todas las explicaciones de lado. Yo no soy de los que piensa que esto que está ocurriendo es producto de lo malo que fue el gobierno de Alberto Fernández, no porque yo lo considere bueno, sino porque no creo que esto sea producto de un mal gobierno. Quiero decir, un mal Estado no debería llevar a la destrucción del Estado. Supongo que hay una historia para estudiar de traumas colectivos que se fueron sumando entre la dictadura, la hiperinflación, el desempleo en el menemismo, luego el corralito. Creo que esa sumatoria de traumas sociales fue inadvertidamente haciéndonos perder de vista algo de la potencia social para la transformación. ¿Hubo algún verano o alguna primavera con el kirchnerismo? Por supuesto, esto puede ser discutible para algunos, pero creo que hubo ahí un resplandor de algo diferente, pero que luego se deshizo, se marchitó.
Escuchaba el otro día una interpretación que continúa la tuya, pero a nivel internacional, que es que tres hechos marcaron el cambio de subjetividad que transformó la globalización o que destruyó la globalización: las Torres Gemelas el 11 de septiembre, la crisis de las hipotecas en 2008 y la pandemia. Y que estos llevaron progresivamente a la idea de que la paz no se cumplía, la financiarización global no iba a traer el progreso y la pandemia demostró que la cadena de suministros global era una fantasía. Tres golpes, así como Freud planteaba los tres ataques al ego de la humanidad.
Sí, todo eso implica que complejos somos los humanos, que necesitamos tanto daño para salir de esas aspiraciones tan ególatras. Y efectivamente, volviendo a los ejemplos o a los casos de Argentina, yo creo que hemos estudiado mucho la dictadura, hemos trabajado mucho en términos judiciales, en el análisis de lo que significó económicamente, y lo mismo con los otros eventos que señalé. Pero creo que no hemos sabido estudiar cómo todo eso fue decantando en lo que en psicología se puede llamar rasgos de carácter, que es aquello que en un pueblo se va transmitiendo tanto desde una perspectiva sublimatoria, creativa, como desde la perspectiva de los traumas, es decir, la perspectiva de los traumas intergeneracionales que se van transmitiendo. Yo creo que algo de eso, como sociedad, se nos ha pasado. Creo que sí ha sido estudiado en términos de familias singulares, pero no en términos colectivos.
Me interesaba lo que decías, que pusimos mucho foco en la subjetividad neoliberal y poco en la subjetividad popular. ¿Qué podría decirnos de la subjetividad popular? Si te despierta esa autocrítica es porque has hecho foco en la subjetividad popular, por lo menos en empezar a estudiarla. ¿Qué encontrás en esa subjetividad popular?
Sí. Una gran pregunta sería si hoy hay pueblo. ¿Qué es el pueblo? Yo tomo una definición de Freud, que él dice que el pueblo es la reunión de muchos débiles de potencia desigual frente al poder del más fuerte. Que frente al poder del más fuerte tiene que darse la reunión, la unidad de muchos débiles, pero además de potencia desigual. Es decir, la debilidad y la desigualdad son dos peligros que acechan siempre a toda unidad. Entonces, que esta no puede permanecer solo con un proyecto que es combatir a un hiperpoderoso, sino que después tiene que preocuparse de cómo perdura, cómo se perpetúa.
No ser solo defensiva...
Exactamente. O, en todo caso, también hay que defenderse justamente de esa debilidad y de esa desigualdad que hay al interior de la unidad popular. Porque esa reunión de los muchos, que además entre sí tienen una fuerza desigual, también entraña que en el futuro aparezcan, también lo dice Freud, como que los antiguos divorcios salgan a la luz. Eso cuando trabaja la historia de Moisés y el monoteísmo. Dice que ciertos cismas en la historia son el retorno de antiguas divisiones que luego se fusionaron, quedaron latentes como divisiones y volvieron a aparecer. Entonces, yo creo que estos eventos traumáticos de la historia lo que hacen es que retorne algo de una violencia que debería estar sofocada en la unidad de los muchos débiles y de potencia desigual. Y creo que ese es el estado de lo que podría ser el pueblo: la división de lo que debería estar unido.
TV
También te puede interesar
-
San Sebastián, el mártir que desafió al Imperio y se convirtió en símbolo de protección
-
La llegada de Madonna a Buenos Aires: el rodaje de “Evita”, la polémica con Menem y la ciudad paralizada
-
Día Internacional de The Beatles: origen, legado y la influencia cultural de los Fab Four en la música moderna
-
La nueva heredera del “Retrato de una Dama” reclama su restitución tras confirmarse la autoría