Cultores del microtono

Angine de Poitrine: el ruido del futuro o cómo desafinar el rock hasta volverlo nuevo

En un panorama musical donde casi todo parece haber sido dicho, una banda canadiense decidió correr el límite no del volumen, ni de la velocidad, sino del propio sistema con el que entendemos la música.

Angine de Poitrine Foto: Captura web

En un panorama musical donde casi todo parece haber sido dicho, una banda canadiense decidió correr el límite no del volumen, ni de la velocidad, sino del propio sistema con el que entendemos la música. Se llaman Angine de Poitrine, vienen de Quebec y, desde 2019, vienen construyendo una obra que suena tan desconcertante como fascinante.

No es una exageración: escucharlos por primera vez puede generar la sensación de que algo está “mal afinado”. Y, sin embargo, esa es precisamente la clave. Detrás del proyecto hay dos músicos que mantienen el anonimato: Khn de Poitrine: guitarra y bajo microtonal, voz, loops y Klek de Poitrine: batería, voz

Su propuesta no se limita al sonido. En escena aparecen con máscaras grotescas y trajes de lunares, evitando cualquier gesto de identificación. No hay carisma rockero tradicional ni discurso entre canciones, todo está puesto en la experiencia. Desde su irrupción publicaron dos discos: Vol. 1 (2024) y Vol. II (2026).

Y en tiempo récord pasaron del circuito underground a festivales internacionales, con giras por Europa y Canadá. El fenómeno creció al ritmo de la viralidad con videos en vivo que desconciertan y atrapan por igual. El núcleo del sonido de Angine de Poitrine está en su instrumento principal. Una guitarra/bajo híbrida de doble mástil, construida de manera artesanal. No es un detalle técnico, es una declaración estética.

El instrumento incorpora: trastes adicionales (muchos más que una guitarra estándar) y sistemas de afinación no convencionales. Esto permite tocar microtonos, es decir, intervalos más pequeños que los semitonos del sistema occidental tradicional. El resultado es una música que parece correrse constantemente del eje, evitando cualquier resolución esperable.

Qué es la música microtonal (y por qué suena “rara”)

La música occidental divide la octava en 12 notas. Es un acuerdo cultural que damos por natural. La microtonalidad rompe ese esquema y abre la puerta a sistemas con muchas más divisiones: 24, 31 o incluso infinitas. 
No es algo nuevo. Compositores como Alois Hába o Harry Partch ya habían explorado estos territorios en el siglo XX, mientras que tradiciones musicales como la india o la árabe los utilizan desde hace siglos. La diferencia es que Angine de Poitrine lleva esa lógica al terreno del rock, un género históricamente anclado en estructuras más previsibles.

Definir su música no es sencillo, pero hay coordenadas posibles. En su ADN conviven la complejidad rítmica del math rock (un subgénero del rock experimental y progresivo derivado del post-hardcore y rock alternativo y caracterizado por su alta complejidad técnica, ritmos asimétricos, compases irregulares como 7/8 o 11/8 y estructuras poco convencionales), la experimentación del free jazz y la teatralidad del rock progresivo.  Hay ecos de King Crimson en la tensión estructural, del humor caótico de Frank Zappa y de la lógica fragmentada del math rock moderno.

Sin embargo, reducirlos a una suma de influencias sería injusto. Su música funciona más como un sistema propio que como una derivación. Las métricas irregulares (17/4, 28/4), los loops en tiempo real y la casi total ausencia de melodías reconocibles construyen una experiencia más cercana a un trance mecánico que a una canción tradicional.

¿Cantan? Sí. ¿Se entiende? No

La voz en Angine de Poitrine no cumple un rol narrativo. Aparece distorsionada, fragmentada, casi como un instrumento más. No hay un idioma claro ni una lírica identificable. La palabra pierde sentido semántico y se vuelve textura. Es otro gesto radical: en lugar de comunicar, la voz desorienta.

Para entender el alcance de su propuesta, conviene ubicarla en perspectiva. El compositor Arnold Schoenberg revolucionó la música del siglo XX con el dodecafonismo, un sistema que reorganiza las 12 notas tradicionales para evitar la tonalidad. Pero Angine de Poitrine va más allá: no reorganiza el sistema, directamente lo desarma.

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Por otro lado, la música clásica india trabaja desde hace siglos con microintervalos (los llamados shruti), pero con un objetivo distinto: la expresión emocional y espiritual a través de la melodía. La tradición india usa la microtonalidad como lenguaje vivo, Angine la utiliza como experimento sonoro. El oído como campo de batalla

Escuchar a Angine de Poitrine implica un pequeño acto de renuncia: dejar de buscar “lo correcto”. No hay acordes familiares, no hay resoluciones cómodas. Lo que hay es otra cosa: repetición hipnótica, tensión constante y una sensación de equilibrio precario. Y, sin embargo, bajo esa superficie caótica, hay una precisión quirúrgica.

En tiempos donde el algoritmo premia lo reconocible, Angine de Poitrine propone una música que exige, incomoda y, en el mejor de los casos, transforma.

Tal vez no sea una banda para todos. Pero sí es una señal de algo más profundo que incluso en el lenguaje más codificado —el del rock— todavía quedan territorios por explorar. Y que, a veces, para encontrar algo nuevo, hay que empezar por desafinarlo todo.

 

fl/ff