China gana poder mientras Estados Unidos pierde liderazgo
La visita del presidente estadounidense a Beijing expuso el nuevo equilibrio mundial: una China más poderosa, una Europa desconfiada de Washington y un Occidente debilitado frente al avance de Beijing y Moscú. Taiwán, los semiconductores y el control del Pacífico aparecen como el centro de una disputa que ya redefine el siglo XXI.
Donald Trump llegó a China en el peor momento posible. Y probablemente también en el peor contexto imaginable para Estados Unidos. Llegó debilitado políticamente, con la inflación todavía golpeando a la economía norteamericana, con conflictos internacionales abiertos y sin haber conseguido ninguno de los objetivos estratégicos que se había propuesto desde el comienzo de su nueva etapa política.
Lo más interesante es que Trump viajó a Beijing intentando mostrarse como el hombre que iba a contener a China. Y terminó ocurriendo exactamente lo contrario. Porque mientras Estados Unidos aparece hoy como un país fracturado, agotado por sus propias internas y desconfiado incluso de sus aliados históricos, China se muestra ante el mundo como una potencia estable, organizada y paciente. Una dictadura, desde luego. Un régimen autoritario de partido único. Pero al mismo tiempo una potencia que aprendió a capitalizar los errores de Occidente.
Trump prevé "un futuro fantástico" con China y Xi propuso ser "socios, no rivales"
Hay un detalle muy importante en estas horas, que probablemente pasó desapercibido para mucha gente: el lenguaje diplomático. En China nada es casual. Cómo se recibe a un presidente, quién lo espera en el aeropuerto, el lugar que ocupa en una ceremonia, el tono de los comunicados oficiales. Todo tiene significado político. Y Xi Jinping decidió otorgarle a Trump una recepción de máximo nivel. Eso no fue cortesía. Fue un mensaje.
Europa comenzó hace tiempo a desconfiar de Estados Unidos. Trump dinamitó buena parte del vínculo occidental que había sostenido el liderazgo norteamericano desde la Segunda Guerra Mundial. Discutió con la OTAN, atacó a sus socios europeos, tensionó relaciones históricas y terminó empujando a muchos países a buscar alternativas. El resultado es paradójico: mientras Trump decía querer contener el avance chino, terminó fortaleciendo la influencia global de Beijing.
Pero hay un punto todavía más delicado: Taiwán. Porque Taiwán ya no es solamente una isla en disputa. Taiwán es el corazón tecnológico del planeta. Allí se fabrican los semiconductores más avanzados del mundo. Los chips que utilizan desde los teléfonos celulares hasta la inteligencia artificial, pasando por los sistemas militares, los satélites y la industria automotriz global.
China nunca abandonó la idea de recuperar Taiwán. De hecho, Beijing considera la reunificación como un objetivo histórico irrenunciable. Y lo viene demostrando hace años con ejercicios militares permanentes, incursiones aéreas y presión diplomática constante sobre la isla.
Hasta ahora existía una arquitectura política bastante clara. Estados Unidos sostenía una posición ambigua pero firme: reconocer formalmente la política de “una sola China”, pero al mismo tiempo proteger a Taiwán. Esa política quedó plasmada, entre otras cosas, en las famosas “Seis Garantías” impulsadas por Ronald Reagan en los años ochenta: no negociar con Beijing el futuro taiwanés, no presionar a Taiwán y mantener asistencia militar para la defensa de la isla.
Ahí aparece la gran pregunta: ¿qué quiso hacer Trump exactamente? Porque el resultado de su política exterior es desconcertante. Rusia avanza sobre Ucrania. China incrementa su presión sobre Taiwán. Venezuela vuelve a ocupar un lugar incómodo en el tablero regional. Y mientras tanto, Estados Unidos aparece más aislado, más discutido y menos influyente.
CS/ff
También te puede interesar
-
La Argentina de la incertidumbre: un país donde la política ya no logra resolver nada
-
Decidir, o la arquitectura de un verbo que creíamos simple
-
Rusia secuestró 16 mil civiles ucranianos de los territorios ocupados por Moscú en Ucrania
-
La célebre Semana de Mayo comenzó el 14, en el puerto y con un periódico sevillano
-
Macri se desmarca del Gobierno y especula hacia adelante
-
Fabricar cerámica y la diferencia entre invertir o cerrar
-
Argentina celebra el día del docente universitario
-
Judiciales, dólares y una década de impunidad
-
Universidades, política y un conflicto que se repite