Del equilibrio macro al bolsillo: una herramienta para reactivar la economía real
La eliminación transitoria del IVA a jubilados de haberes mínimos dinamizará el consumo y el comercio de proximidad, transformando el equilibrio macro en bienestar para la micro.
La estabilización macroeconómica comienza a mostrar resultados, pero la recuperación todavía no llega con la misma intensidad a la economía cotidiana. Una eliminación transitoria y focalizada del IVA para jubilados de menores ingresos podría acelerar el consumo, fortalecer el comercio de proximidad y ayudar a transformar los avances macroeconómicos en bienestar concreto.
La economía argentina comienza a exhibir señales alentadoras. La desaceleración de la inflación, el equilibrio de las cuentas públicas y la recuperación de algunos indicadores macroeconómicos constituyen avances importantes para dejar atrás años de inestabilidad.
Sin embargo, la estabilización macroeconómica no es el objetivo final. Es apenas la condición necesaria para alcanzarlo.
El verdadero éxito de un programa económico se produce cuando las mejoras de la macroeconomía llegan al bolsillo de las familias, fortalecen el consumo, reactivan el comercio y generan un círculo virtuoso de crecimiento. Hoy, esa transición todavía está incompleta.
Mientras algunos indicadores muestran una evolución favorable, una parte importante de la economía real continúa atravesando dificultades. Comercios de barrio, pequeñas y medianas empresas, profesionales independientes y trabajadores vinculados al mercado interno siguen operando en un contexto de demanda deprimida. La recuperación aún no logró expandirse con la velocidad suficiente hacia la microeconomía.
En ese contexto, propongo abrir el debate sobre una medida excepcional, focalizada y de carácter transitorio: eliminar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre las compras esenciales realizadas por jubilados y pensionados que perciben el haber mínimo, durante un período determinado que permita acompañar la transición entre la estabilización y la recuperación plena de la actividad económica.
No se trata de modificar el rumbo económico ni de reemplazar la disciplina fiscal por un nuevo esquema de gasto público. Tampoco de establecer un beneficio permanente. Se trata de utilizar una herramienta tributaria inteligente para acelerar el momento en que los logros de la macroeconomía comiencen a reflejarse en la economía cotidiana.
Desde el punto de vista económico, la propuesta tiene una lógica clara. Los jubilados de menores ingresos poseen una elevada propensión marginal a consumir. Prácticamente la totalidad de sus haberes se destina a alimentos, medicamentos, artículos de higiene, transporte y otros bienes esenciales. Cada peso que dejan de pagar en concepto de IVA vuelve casi de inmediato al circuito económico.
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Ese dinero no permanece inmovilizado ni se canaliza hacia el ahorro. Se transforma en ventas para supermercados, almacenes, farmacias, panaderías, carnicerías y miles de pequeños comercios distribuidos en todo el país. A su vez, esas ventas impulsan nuevas compras a proveedores, mayor movimiento comercial y mejores condiciones para sostener el empleo.
Por esa razón, la eliminación transitoria del IVA no debe analizarse únicamente como un alivio tributario para los jubilados. Debe entenderse como una inversión fiscal de transición. El Estado resignaría temporalmente una parte de la recaudación proveniente de un sector con escasa capacidad contributiva para estimular el consumo interno y acelerar la recuperación de la economía real.
Además, la implementación resulta técnicamente viable. El universo de beneficiarios ya se encuentra identificado a través de la ANSES y el Estado dispone de herramientas suficientes para instrumentar un sistema de devolución o exención focalizada, con controles adecuados y un plazo de vigencia previamente establecido.
Naturalmente, toda reducción impositiva genera un costo fiscal inicial. Pero también produce efectos dinámicos que no deben ignorarse. Una mayor actividad económica incrementa las ventas, mejora la facturación de las empresas y favorece la recuperación parcial de la recaudación mediante otros tributos vinculados al consumo, la producción y el empleo.
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La discusión, entonces, no debería limitarse al costo inmediato de la medida, sino también al beneficio económico que puede generar durante una etapa clave del proceso de recuperación.
La Argentina necesita preservar el equilibrio fiscal alcanzado. Pero también necesita acelerar el momento en que ese equilibrio deje de ser una buena noticia para los indicadores y se convierta en una buena noticia para la vida cotidiana de millones de argentinos.
Las grandes transformaciones económicas se consolidan cuando la estabilidad llega al bolsillo de la gente. Una eliminación transitoria y focalizada del IVA para los jubilados de menores ingresos puede convertirse en un puente entre el equilibrio macroeconómico y la recuperación de la economía real.
El desafío de esta etapa ya no consiste únicamente en estabilizar la economía. Consiste en lograr que esa estabilidad se traduzca en prosperidad compartida. Porque cuando la macroeconomía mejora, pero la microeconomía sigue estancada, el proceso aún no ha concluido. El verdadero éxito llegará cuando el equilibrio deje de medirse solamente en los indicadores y empiece a sentirse, finalmente, en el bolsillo de los argentinos.
(*) El autor es periodista, escritor y analista político
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