Reforma laboral

El señor de los insultos y sus leones de cartón

Mal que les pese, seguiremos resistiendo porque nada está escrito en piedra.

Despidos. Removieron la sensación de angustia, bronca e incertidumbre. Foto: Sergio Piemonte

Cobren la indemnización, dosifiquen los gastos y busquen otros trabajos. Así de nítido.

Dosificar los gastos implica, por ejemplo, reducirlos a dos tercios de lo que hubieran sido de haber seguido trabajando en Fate, decisión que seguramente su familia aceptará. Si ajusta sus gastos a dos tercios, puede vivir un par de años y medio. Además de lo cual, recomiendo salir a buscar trabajo, como asalariado, cuentapropista o lo que sea”. Juan Carlos De Pablo.

Los despidos de Fate y las historias de sus trabajadoras y trabajadores removieron la sensación de angustia, bronca e incertidumbre que sentimos en casa cuando despidieron a mi viejo de la fábrica metalúrgica en los años 80. Nadie que no lo haya vivido debería dictaminar sobre las decisiones de vida de cada familia que atraviesa el tsunami de la desocupación. Menos si vienen de un señor que forma parte de la élite privilegiada de este país, que aconseja planes de ajuste que nunca lo afectan, más bien lo benefician, mientras escucha ópera con el señor de los insultos, que tiene por familia a cuatro perros y no tiene idea de lo que es tener que sostener una familia real con tu fuerza de trabajo como único recurso.  

Como si fuera poco, esta semana el canciller Pablo Quirno bromeó alegremente con Eduardo Feinmann en su programa sobre la lesión que presentaba en su mano: “Disculpame la mano, me rompí la mano en un accidente deportivo jugando al fútbol. No me van a bajar el sueldo porque, gracias a Dios, fue antes de la promulgación de la ley”, agradeciendo que no estaba vigente la reforma cuando se lastimó, así no le descontarían el 50% de su salario. Se nos ríen en la cara.

Pero el colmo del cinismo es mandarlos a buscar empleo cuando impulsan un modelo que solo genera destrucción de puestos de trabajo de calidad y arroja a los laburantes al mercado de los Didi, los Rappi y los Pedido Ya. ¿Será que no entienden que no pueden, como ellos, tener contratos millonarios con sus socios ricos, banqueros, financistas, empresas agroexportadoras? ¿Será que no saben que no pudieron estudiar en la UCA, en la Ucema o en Harvad? Los trabajadores y trabajadoras de la Argentina no tuvieron ese privilegio que, por cierto, a ellos nadie quiere quitarles, mientras que los leones de cartón que nos gobiernan hacen todo lo posible por dejar sin vacaciones, sin indemnización, sin licencias por enfermedad a quienes viven de un salario con la aberrante reforma laboral que lograron hacer aprobar en el Congreso.  

No mentían cuando decían que querían volver a principios del siglo XX. Están abocados a ello, pero mal que les pese, seguiremos resistiendo porque nada está escrito en piedra. Porque ellos pasarán y porque somos muchos los que queremos un país donde las y los laburantes de a pie puedan trabajar con salarios dignos, descansar como corresponde, tener vacaciones y licencias pagas. Trabajadores que puedan disfrutar del ocio y asegurarles un futuro a sus hijos y nietos tal como hacen los De Pablo de este país, los verdaderos privilegiados, sin ponerse colorados y dando consejos a quienes de verdad se rompen el lomo construyendo nuestro país. 

Nina Ferrari describe muy bien ese modus operandi: “Qué violenta la calma con la que los empachados nos dicen que agradezcamos las migajas”. Vayan sabiendo que no nos conformaremos con las migajas.

*Socióloga de la UBA.