En la era Milei, una política exterior prostibularia
“Autonomía estratégica, realismo periférico, autonomía relacional, por solo decir algunos, son conceptos conocidos para definir las relaciones internacionales”, explica el autor. Agrega que el gobierno actual no encaja en ninguno: hiperalineado con EE.UU., vota en contra de su historia e intereses.
En las relaciones internacionales se han elaborado diversos conceptos para poder definir distintos tipos de inserciones internacionales. Conceptos tales como el de autonomía estratégica, realismo periférico, inserción periférica o autonomía relacional, por solo decir algunos, son conceptos conocidos y extensamente debatidos.
De todas formas, aquí propongo que el tipo de política exterior e inserción internacional que el Presidente Javier Milei ha estado desarrollando desde su llegada a Balcarce 50 no encuentra eco en ninguna de esas clasificaciones y merece, a mi criterio, un nuevo concepto: el de la inserción exterior prostibularia.
La inserción exterior prostibularia es un conjunto de prácticas donde los principios, la consistencia estratégica, los intereses de largo plazo y los acuerdos entre partidos (aquellos que, lamentablemente, en Argentina no abundan) son dejados de lado con el fin ulterior de alinearse acrítica e incondicionalmente con un Estado hegemónico que, en este caso, son los Estados Unidos (y, de alguna forma, también Israel).
Este tipo de inserción tiene como fin la concesión de reconocimiento de algún tipo de estatus (muchas veces personal) por parte del hegemón, a través de beneficios más o menos inmediatos y, sobre todo, simbólicos. El concepto no apunta a la moralización del debate, sino a señalar una forma de inserción internacional marcada por la extrema subordinación, la pérdida de un objetivo común claro y la renuncia a formas propias e históricas de hacer política exterior.
Qué repercusiones tiene la salida de la Argentina de la OMS
Propongo que esta forma de entender la inserción argentina en el mundo se materializó en, al menos, cuatro momentos específicos: desde ni bien asumido en el poder (con el no ingreso al BRICS) y hasta esta semana (con la salida de la OMS).
Ni bien asumido en el poder, el Presidente Milei anunció el cumplimiento de una promesa de campaña: el no ingreso al BRICS. En otra nota ya ensayé por qué creía que la decisión no se sostenía ni siquiera en el propio sentido discursivo dado por el gobierno en aquel entonces. Acá, sin embargo, quisiera recalcar cómo esto puede ser entendido a través de la inserción prostibularia.
Alineamiento con EE.UU.: una estrategia de los años 90 en un mundo de creciente multipolaridad
Más allá de las críticas válidas que puedan hacerse a ese foro (y a sus miembros), la decisión implicó renunciar a un espacio de diversificación estratégica en un contexto global crecientemente multipolar. Países con los sistemas políticos más diversos mantienen relaciones pragmáticas en función de intereses económicos, comerciales y geopolíticos. La negativa a los BRICS, por lo tanto, puede leerse menos como una afirmación de principios y más como un gesto de alineamiento dirigido a consolidar credenciales ante Estados Unidos y, específicamente, con el Presidente Trump.
El segundo episodio, similar al primero, es la virtual salida que la República Argentina ha hecho de organismos multilaterales de nuestra región, en particular de la CELAC. No son muchos los espacios institucionales donde los países de la región puedan discutir, sin la presión in situ de la gran potencia americana, nuestras propias problemáticas y desafíos.
La CELAC, y particularmente la Argentina, podrían haber tenido roles fundamentales en momentos cruciales del pasado más inmediato (como con la inestabilidad política en Perú, las elecciones en Honduras o incluso la captura de Maduro). Sin embargo, desde la asunción de Milei, la Argentina prácticamente ha abandonado este foro y, cuando ha ido, no ha apoyado las declaraciones promulgadas por la mayoría de los países de la región. Esta decisión, en general, nunca ha sido porque la CELAC pretendiera avanzar sobre intereses contrapuestos a los del país, sino por un entendimiento de que cualquier avance de la CELAC se contrapone a los intereses de Estados Unidos y, entonces, a los argentinos.
El tercer episodio tiene que ver con la presencia argentina en Naciones Unidas. Nunca en la historia de este organismo la Argentina ha estado tan alineada a los Estados Unidos en términos de cómo ha votado en la Asamblea General, incluso abandonando posiciones históricas (como votar esta vez en favor del embargo a Cuba).
El alineamiento aquí es tan obsceno que las votaciones argentinas han ido contra su propia historia (como cuando votó en contra de una declaración por el fin y la prevención de la tortura, solo junto a Estados Unidos e Israel) o han adoptado posiciones sencillamente inexplicables (como cuando fue uno de los únicos dos países del mundo en votar en contra de una declaración sobre enfermedades no comunicables y salud mental, junto a Estados Unidos).
El último episodio, el más reciente, tiene que ver con la salida argentina de la OMS (que, estrictamente, aún no se concretó, aunque el Canciller crea que sí). Sin criterio propio, la Argentina anunció, luego de que lo hicieran los Estados Unidos, que se retiraría del máximo órgano en materia de salud que hay en el multilateralismo. La salida significa mayores barreras para la cooperación, el intercambio de buenas prácticas e información y el acceso a ciertos insumos, bajo el pretexto de un resguardo de la soberanía (sic) que, al parecer, se concreta al renunciar a cualquier tipo de criterio propio en materia de inserción internacional.
Qué repercusiones tiene la salida de la Argentina de la OMS
Esta inserción, que yo llamo de tipo prostibularia, tiene consecuencias obvias: en primer lugar, la pérdida absoluta de criterio estratégico a la hora de pensar la política exterior, donde la Argentina no debería tener amigos incondicionales, sino intereses permanentes. Al apostar por alineamientos rígidos, Argentina limita su capacidad de negociar en un sistema internacional complejo y cambiante.
En segundo lugar, la pérdida de credibilidad que se da no solo al abandonar posturas históricas argentinas, sino también por el contorsionismo que nuestros diplomáticos tienen que realizar para defender estas nuevas posiciones en sus embajadas y foros internacionales.
En tercer lugar, una pérdida de imagen. La inserción prostibularia es muy difícil de sostener en contextos donde el líder al que se sigue es tan cambiante en sus posturas, como lo es Trump, porque implica que Argentina queda rápidamente en offside cuando Trump decide cambiar instantáneamente una postura que parecía inamovible hasta ese momento (como por ejemplo, respecto a Delcy Rodríguez y Venezuela).
En definitiva, nadie desconoce el derecho del gobierno de trazar su propia política exterior. Lo que se le reclama es un mínimo de conciencia histórica y de lectura del contexto. Porque cuando todo se negocia y todo se entrega, ya no se trata de inserción internacional, sino de una forma particularmente explícita de subordinación.
* Lic en Estudios Internacionales (UTDT). Magister en Gobernanza Transnacional (EUI-STG). Doctorando en Ciencias Sociales y Política (EUI-SPS)
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