Las siete reglas de oro para planificar tu herencia
Planificar una herencia no es solo repartir bienes. Es, ante todo, un acto de responsabilidad y de amor.
En tiempos en que las familias son más diversas y los patrimonios más complejos, planificar una herencia dejó de ser un asunto lejano para convertirse en una necesidad concreta. La improvisación suele traer conflictos, costos innecesarios y, sobre todo, injusticias evitables.
Por eso, existen ciertas reglas que sirven como brújula para ordenar la transmisión del patrimonio familiar y preservar la armonía entre herederos. Aquí resumimos las siete reglas de oro para planificar nuestra herencia.
Primera regla: empezar a tiempo. La mayoría de los conflictos sucesorios se originan en la falta de planificación. Hablar de la herencia no acelera los tiempos de la vida: los clarifica. Cuanto antes se encare el tema, más opciones existirán para diseñar estructuras que eviten bloqueos o discusiones posteriores.
Segunda regla: entender la composición del patrimonio. No es lo mismo una herencia compuesta por inmuebles, que una con participaciones societarias o activos en el exterior. Cada tipo de bien tiene implicancias legales, fiscales y operativas distintas. Un inventario realista es el punto de partida.
Tercera regla: diferenciar propiedad de control. Muchos fundadores desean asegurar la continuidad del negocio familiar sin perder la armonía entre los herederos. La clave está en separar el derecho económico (quién cobra los frutos) del derecho político (quién decide). Fideicomisos, fundaciones y estructuras societarias permiten esa división sin perder unidad.
Cuarta regla: considerar la legislación local e internacional. Cuando hay bienes o herederos en distintos países, se cruzan normas de derecho internacional privado, impuestos y tratados. Planificar exige anticipar estos cruces para evitar que una decisión válida en un país resulte ineficaz en otro.
Quinta regla: equilibrar justicia y eficiencia. Las herencias divididas “en partes iguales” pueden sonar justas, pero a veces destruyen valor. Un campo partido en tres puede dejar de ser rentable, y una empresa atomizada puede quedar sin dirección. La equidad se logra con criterio, no solo con una calculadora.
Sexta regla: prever mecanismos de resolución de conflictos. Toda planificación debe contemplar qué pasará si los herederos no se ponen de acuerdo. Designar un fiduciario, un árbitro o un consejo de familia puede evitar que los conflictos terminen en tribunales.
Séptima regla: revisar el plan periódicamente. Los patrimonios cambian, las familias también. Revisar cada cierto tiempo lo planificado asegura que el diseño siga reflejando la realidad y los deseos del fundador.
Planificar una herencia no es solo repartir bienes. Es, ante todo, un acto de responsabilidad y de amor.
Implica dejar a los que vienen un legado ordenado, coherente y protegido. Y aunque cada familia tiene su propio mapa, estas siete reglas ayudan a trazar un camino común: el de la previsión sobre la improvisación, el diálogo sobre el silencio y el orden sobre el conflicto.
(*) director de la gerenciadora de patrimonios FDI
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