EXPECTATIVAS

Roca o Martínez de Hoz

Él. “Nadie espera que Milei haga un desarrollismo a la Frondizi”. Foto: AFP

Estamos asistiendo a otro episodio de la sucesión pendular de gobiernos populistas y liberales que, hasta ahora, no nos han permitido superar el subdesarrollo. A un largo y calamitoso período dominado por un populismo extraviado en todas las líneas, le ha sucedido un gobierno de signo opuesto que ha acertado en identificar el exceso de gasto público y de regulaciones burocráticas como factores determinantes de una inflación galopante y del estancamiento de la inversión privada. 

La reducción del impuesto inflacionario ha tenido efectos notables en la liberación de fuerzas productivas y sobre los niveles estadísticos de pobreza medidos por el Indec. Dicho esto, otras medidas del Gobierno estan afectando negativamente el desarrollo productivo del país. Millones de compatriotas están sufriendo las consecuencias de un ajuste, que a mi juicio está agotado desde hace meses, pero mantienen esperanzas en que esta vez el esfuerzo no va a terminar en una nueva frustración. 

Actualmente estamos siendo espectadores de un fuerte discurso antiindustrial por parte de un Gobierno que no parece distinguir entre los defensores de un proteccionismo prebendario y bobo, y quienes creemos que hay políticas industriales inteligentes, evitando tanto un industricidio como la cacería en el zoológico de unos pocos. Una apertura indiscriminada cuando todavía no se eliminaron impuestos distorsivos, más un dólar barato que recuerda la época del “deme dos”, junto a una tasa de interés que por un lado desincentiva el consumo y la inversión real, y por el otro invita al carry trade, un nuevo anglicismo para denominar a la vieja bicicleta financiera de la época de la tablita de Martínez de Hoz, están provocando una destrucción de cientos de empresas y empleos. El Gobierno afirma que la mejor política industrial es no tenerla. Pero en la práctica, tanto por los instrumentos referidos como por sus agresiones a empresarios industriales como Paolo Rocca, lo que estamos viendo no es una ausencia de política industrial sino una explícita política contra la industria. Todo ello, en un país con una infraestructura pública obsoleta y totalmente descapitalizada, que este gobierno heredó, pero no tiene ningún plan para revertirla. Nadie espera que Milei haga un desarrollismo a la Frondizi, más allá de las notables coincidencias en materia de racionalización del Estado, privatizaciones, alineación internacional con Occidente y en particular con EE.UU., y en la promoción de inversiones en sectores prioritarios para el desarrollo nacional.

Lo que esperamos los desarrollistas del Presidente, dada su alta dosis de liberalismo en sangre, es que su política económica sea al menos parecida a la de otro liberal, como Julio Argentino Roca. Dado que la Historia es todavía el único laboratorio disponible para las políticas de Estado, vale la pena recordar que la política de Roca era favorable a la apertura comercial, pero con un marco internacional irrepetiblemente apto para desenvolver las potencialidades de una nación preindustrial como la nuestra. Tuvo resultados excepcionales en términos de exportaciones per cápita, que se extendieron al menos hasta el Centenario. 

Lo notable de Roca es que no se limitó a abrir la economía, como otros liberales, a la bartola, y se sentó a esperar que la mano invisible del mercado hiciera lo suyo en el largo plazo, sino que impulsó y concretó en seis años un plan de inversiones de capital formidable, en particular en infraestructura. A esta corriente de inversiones siguió un aumento exponencial de la producción agropecuaria, el desarrollo de una incipiente industria manufacturera, del comercio y de los servicios, un consumo interno en expansión y un nivel de comercio exterior por habitante nunca repetido. 

El Presidente ha manifestado reiteradamente que admira la política de fines del siglo XIX. Esperemos entonces que siga las lecciones del presidente Roca, que apueste a un desarrollo nacional integral y que su política económica no se agote en una apertura antiindustrial como la de Martínez de Hoz.

*Diputado Nacional MID.