Hace casi sesenta años, una noche en que lo torturaban los recuerdos sin dejarlo dormir, Juan Gelman se puso a hablar con ellos, pidiendo, deseando, suplicándoles, bajo el asedio implacable de que un recuerdo esto, otro recuerdo lo otro, y esa mujer aquello, unas gentes que peleaban y morían esto otro, pidiéndoles o, más que eso, escribiendo, rogándoles en versos de un poema, que lo dejaran solo, "que me dejen en paz". Hasta con excusas peregrinas lo hacía, como que un alboroto de recuerdos así, a esas horas de la madrugada, tan impropias, no sólo lo perturbaban a él, sino que también perturbarían a los vecinos.
El poema era explícito, puntual, no daba tregua, amontonaba recuerdo tras recuerdo, tumultuosos, y era de no acabar, hasta queel sueño, que es sabio y en algún momento iba a venir, viniera con su envolvente manto y lo envolviese como en la Ilíada el alba, “la de rosados dedos”, que Homero la llamaba, envuelve al día presto a venir.
Y eso pasó, he ahí su misterio, toda poesía lo trae, pero ésta lo trajo sin rodeos, al dejarnos escucharlo que Gelman le rogaba, expresamente, a un recuerdo, a uno en particular, en esa vigilia tenaz, impiadosa, impertinente.
¿Qué? ¡Que no se fuera! "Usté"… porque lo trató de "usté", no de "usted", campechano, insolente quizás, enzarzado en su tortura u obnubiladopor la duermevela… ¡sí, de no creer!...porque el recuerdo, encima, no era del pasado, sino del futuro y, al neutralizarse en sus antípodas –ni del pasado ni del porvenir–, en lugar de desaparecer, se potenciaba. ¿Absurdo? ¡Absurdo! ¡Un recuerdo del futuro que no quería ser del pasado y se volvía del presente! ¿Un "recuerdo del presente"?
Absurdo, absurdo, dos absurdos porque, si algo así es posible, cómo no va a ser posible la Revolución. Una que arrase con lo más injusto de lo injusto, que es esta sociedad, y los excrementos que hoy son su cara visible. Y a ese recuerdo, tan presente, fue al que Gelman le espetó... sí, justamente, porque más que un ruego fue una orden… le espetó: “…y usté / recuerdo de los tiros que tiraremos alguna vez / quédese por lo menos hasta que empiece el día / y el sol caliente y haya / buenas noticias de la guerra en Vietnam”.
El poema de Gelman iría a ser, ya redondeado en la tranquilidad de un día normal, corregido fuera del arrebato de un insomnio feroz en una noche atormentada… porque el arte es lucidez, no emoción, o, en todo caso, es la emoción limpia de detritus, depurada, devuelta a su sacralidad luego de pasar por lo humano… ese poema iría a ser el CLVII recogido en Traducciones I – Los poemas de John Wendell (1965/68), uno de los libros o restos de libros agrupados finalmente en ese tomo común que se tituló Cólera Buey (Ediciones La Rosa Blindada,1971).
¡Y vaya si era necesaria esa cólera! La que se necesita también hoy, porque el enemigo es siempre el mismo, use el disfraz que use. Fue aquel Estados Unidos que atacó en 1831 las Malvinas, hijo putativo de la Inglaterra que las usurparía en 1833, y ambos, emparentados por sus lazos de sangre –la sangre de los que matan para saquearles sus riquezas–, volvieron a atacarlas y usurparlas, ya aliados desembozadamente, en 1982, tras una reconquista argentina provisoria y genuina, pero al servicio de intereses espurios, los de la Dictadura 1976-1983, a la que días atrás se le volvió a decir Nunca más, al cumplirse medio siglo, de una manera atronadora, un mensaje extensible a los esbirros de sus réplicas: Menem con sus secuaces 1989-1999, Macri con los suyos 2015-2019, Milei con estos perros 2023-chau (o guau) en números romanos.
Colonialismo se llamó a todo eso. Imperialismo se le llama. Fascismo no le cae nada mal.
A los que sirve, si hablamos de Malvinas, el Thatcherito de acá, si hablamos de los carniceros de allá, Trump y Netanyahu, los del genocidio en Gaza, su cómplice. Salvando las distancias y aspectos que no son pormenores, sino de fondo, entre ayatolás y laicos, creyentes y ateos, yihaidistas y socialistas, los versos aquellos de Juan Gelman hablaban de lo mismo que hoy. No es necesario actualizarlos, suscribirlos, recrearlos.
¿Parafrasearlos? Tal vez. Susurrar leal recuerdo ese al que Gelman lo trataba de"usté", al que le decía "che, usté", al que le pedía… pedirle que se quede hasta el amanecer y rompa el día en el estrecho de Ormuz y se agiten sus aguas y las minas resistan más que nunca y el sol caliente “…y haya buenas noticias de la guerra en Irán”.