Ser líder en un mundo de incertidumbre
Las empresas no buscan “buenos profesionales”, buscan talento con habilidades concretas, capaces de aportar valor en contextos específicos. Es ahí donde inicia el camino hacia el liderazgo. Luego, a medida que se avanza, el gran desafío es tomar decisiones en medio de la incertidumbre.
En un mundo donde todo cambia rápido, ser líder es cada vez más desafiante. En el principio del camino, la formación académica es fundamental, pero no suficiente.
Es la base, la condición necesaria. Pero lo que realmente marca la diferencia ocurre después, en el trabajo, en la experiencia y, sobre todo, en la especialización. Hoy, más que nunca, debemos diferenciarnos.
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Lo vemos todos los días como consumidores. Ya no buscamos productos genéricos, buscamos soluciones específicas: un plan de salud a medida, un banco que entienda mi perfil, una plataforma que recomiende exactamente lo que necesito.
En el mundo laboral ocurre lo mismo. Las empresas no buscan “buenos profesionales”, buscan talento con habilidades concretas, capaces de aportar valor en contextos específicos.
Es ahí donde inicia el camino hacia el liderazgo. Luego, a medida que se avanza, el gran desafío es tomar decisiones en medio de la incertidumbre. Ya no existe toda la información ni el tiempo perfecto. Lo importante es decidir a tiempo, avanzar y, si es necesario, corregir. Liderar hoy es tener la confianza para moverse en lo incierto.
Pero hay un elemento aún más relevante: las personas. La responsabilidad de una organización no es solo cumplir metas, sino construir espacios donde todos puedan desarrollarse con seguridad física, emocional y psicológica. Donde nadie sienta que debe ocultar quién es. Y aquí hay un punto crítico: pasar de la narrativa a la acción.
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No basta con declarar principios, las personas perciben cuando una empresa realmente actúa. Un ejemplo concreto es contar con canales efectivos para denunciar discriminación o maltrato. Eso construye confianza real.
Las diferencias, lejos de esconderse, deben ponerse sobre la mesa. Es en esa diversidad donde se genera valor. Equipos diversos piensan distinto, y eso permite tomar mejores decisiones.
Al mismo tiempo, vivimos en un entorno donde la tecnología tiende a homogeneizarlo todo. Entrar a un banco, un retail o incluso una app muchas veces se siente igual. En ese contexto, lo humano se vuelve el verdadero diferenciador. La inteligencia artificial es una revolución porque impacta en lo cognitivo: no solo automatiza tareas, también cambia cómo pensamos y decidimos. Por eso, la pregunta clave para los líderes hoy no es si usar IA, sino qué rol tendrán las personas en ese nuevo modelo.
Aquí también hay una diferencia relevante. A nivel individual, adoptamos tecnologías como ChatGPT o Gemini con rapidez, incluso tolerando errores. En cambio, en las empresas, el margen de error es mucho menor, o más bien nulo, lo que hace que la adopción sea más lenta. Por eso, el foco de los líderes actualmente no debe estar en optimizar partes aisladas, sino en repensar procesos completos.
En este camino, hay algo que nunca pierde valor: las relaciones. El “stock de confianza” que construimos en el tiempo es como una cuenta de ahorro. Se nutre con acciones, colaboración y generosidad. Y cuando se necesita, está disponible.
Entender que todas las personas tienen el mismo valor, más allá de su rol, es clave para construir organizaciones sólidas.
A esto se suma la necesidad de mantenerse siempre actualizado. Aprender constantemente, conocer nuevas herramientas y saber aplicarlas. Y también abrir la mirada: viajar, conocer otras realidades, salir de la propia burbuja.
Porque, al final, el desafío no es solo adaptarse al cambio. Es construir organizaciones que reflejen el tipo de sociedad en la que queremos vivir. En simple: los líderes de hoy deben construir la compañía que represente mejor el país en el que les gustaría vivir.
(*) Diego Yanni es Director ejecutivo, líder de Strategy & Consulting para Accenture Sudamérica Hispana
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