Condena

20 años de prisión para Abel Guzmán: por qué la Justicia no le dio perpetua por el asesinato en la peluquería Verdini

El colorista que ejecutó de un balazo en la cabeza a Germán Medina recibió la pena por homicidio simple. La querella y la fiscalía anticiparon que apelarán el fallo de los jueces por considerar que existió un plan criminal y alevosía.

Abel Guzmán, el peluquero detenido por el crimen en Recoleta Foto: Fiscales.Gob

El crimen que conmocionó al barrio de Recoleta en 2024 ya tiene su primera sentencia, pero el desenlace judicial dejó un sabor amargo entre los allegados de la víctima. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 24 de Capital Federal condenó a Luis Abel Guzmán a 20 años de prisión efectiva por haber ejecutado a sangre fría, con un certero balazo en la cabeza, a su compañero de trabajo Germán Gabriel Medina. Sin embargo, lejos de dar vuelta la página, la decisión de los magistrados encendió la indignación de la familia, que había exigido la cadena perpetua al entender que el asesino planificó el fusilamiento.

La resolución fue dictada por los jueces Javier Esteban de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Roberto Alvero. Los magistrados encontraron al colorista de 45 años culpable del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, en concurso ideal con la privación ilegítima de la libertad y amenazas. Previo a escuchar la lectura del veredicto, el condenado (que tras el asesinato permaneció 70 días prófugo hasta ser atrapado en Moreno) hizo uso de sus últimas palabras para pedirle perdón a los familiares del estilista asesinado y a su propio círculo íntimo.

El fallo dejó insatisfechos a los acusadores. Juan Manuel Dragani, abogado de la querella, fue contundente y señaló en diálogo con La Nación: “Si bien es un primer paso, no estamos conformes con la sentencia. Tanto la fiscalía como nosotros habíamos pedido prisión perpetua, mientras que el tribunal le dio 20 años”. El letrado adelantó que, apenas se conozcan los fundamentos del fallo el próximo 14 de mayo, presentarán la apelación para endurecer el castigo. La misma postura adoptaría la fiscal general Ana Helena Díaz Cano, quien durante el debate sostuvo firmemente que el criminal actuó con alevosía y premeditación.

El juicio logró reconstruir los motivos detrás de la tragedia ocurrida el 20 de marzo de 2024. Según expuso el Ministerio Público, Guzmán trabajaba desde hacía una década en la peluquería Verdini y cobraba un sueldo millonario, pero la convivencia laboral se había vuelto insostenible. El eje del conflicto era el uso de formol en los tratamientos capilares. Las reiteradas quejas de Medina, que lo confrontaba de forma directa, generaron un clima de hostilidad permanente que llevó al dueño del local a recortarle tareas a Guzmán y retirarle sus llaves.

El día del ataque, los testigos recordaron que el colorista mostró una actitud errática, aislado y sumamente callado. La fiscal Díaz Cano relató que, finalizada la jornada, los empleados compartían una reunión distendida cuando Guzmán tomó el control: cerró puertas y ventanas, bloqueó las salidas, y exigió hablar con el dueño de forma prepotente. Ante la negativa, la escena mutó hacia el horror. “Lo que era una reunión distendida se volvió una película de muerte: todos fueron apuntados, sometidos, los amenazó de muerte y les ordenó que no se muevan”, describió, según pudo saber el portal web de la Procuración General de la Nación

Quién es Abel Guzmán, el colorista que le disparó y mató a su colega en una peluquería de Recoleta

El instante fatal y la "floja" justificación del tirador

El terror paralizó a todos los presentes dentro de la peluquería. Aprovechando esa indefensión absoluta, Guzmán apuntó directamente contra su principal detractor. "No hubo discusión ni altercado físico: le disparó a escasa distancia sin que nada ni nadie lo obstaculizara. Lo fusiló, lo ejecutó con un disparo que fue directo, preciso y mortal", sentenció la fiscal, descartando de lleno que se tratara de una reacción emocional incontrolada y remarcando la letalidad absoluta de un ataque que no le dio ninguna chance a la víctima.

Durante su indagatoria inicial frente al tribunal, el asesino había intentado justificar la portación del arma argumentando que la llevaba por seguridad, tras sufrir dos robos en su regreso a casa en Merlo. Sobre el fatídico instante, su defensa se basó en un supuesto desborde psicológico generado por un comentario de Medina, quien habría sugerido que lo iban a despedir. "Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias", se justificó, con el llanto a flor de piel.

Sin embargo, para los jueces, la confesión del tirador, el relato coincidente de los testigos y las escalofriantes imágenes captadas por las cámaras de seguridad del local fueron pruebas más que suficientes para desmoronar cualquier teoría de legítima defensa o emoción violenta. Ahora, con el colorista alojado en el penal de Ezeiza cumpliendo su pena máxima por homicidio simple, la batalla legal se trasladará a las cámaras de apelaciones, donde la querella buscará que la Justicia reconozca definitivamente el fusilamiento como un plan premeditado.

TC/DCQ