El Robo del Siglo al Banco Río: la banda que construyó un túnel hacia el río, esquivó a 300 policías y dejó un rastro de contradicciones
La banda, liderada por Fernando Araujo, usó túneles subterráneos, gomones inflables y armas falsas para tomar 23 rehenes durante horas y evadir a la policía. Solo se recuperó un millón de los dieciocho millones de dólares robados.
El 13 de enero de 2006 no fue un viernes cualquiera en San Isidro. Al mismo tiempo que el sol de la tarde rebotaba en las mansiones de Acassuso, un hombre de aspecto sereno, Fernando Araujo, daba la señal final con precisión y seguridad absoluta. No era un delincuente común, era un artista plástico y profesor de jiu-jitsu experimentado que veía en el sistema financiero una tela en blanco sobre la cual pintar su obra maestra definitiva.
A las 12:20, un grupo de hombres armados ingresó a la sucursal del Banco Río en la intersección de las calles Perú y Libertador. El operativo policial fue inmediato: en pocos minutos, 300 efectivos, francotiradores del Grupo Halcón y patrulleros rodearon la manzana. El país entero se paralizó frente a los televisores.
Dentro, los delincuentes ejecutaban una "obra de teatro". El "Hombre del Traje Gris", Luis Mario Vitette Sellanes, asumía el rol de mediador con una elocuencia que descolocaba a los negociadores policiales. Pidió pizzas, gaseosas y entabló un diálogo surrealista mientras, en el subsuelo, el silencio era interrumpido por el chirrido del acero.
De izquierda a derecha: Fernando Araujo, Julián Zalloecheverría y Rubén Alberto De la Torre
La ingeniería del "Boquete de los Dioses"
Mientras Vitette entretenía a la policía en la planta alta, Araujo y el resto de la banda (Sebastián García Bolster, el "Ingeniero", y Alberto de la Torre) trabajaban en el subsuelo. No estaban excavando en ese momento; el trabajo sucio se había hecho durante meses. Habían diseñado un túnel de 18 metros de largo que conectaba el banco con el sistema de desagües pluviales de la ciudad. El desafío técnico era monumental:
-El dique: construyeron un sistema de diques manuales para elevar el nivel del agua en el desagüe y poder navegar.
-Los gomones: utilizaron botes inflables con motores fuera de borda (modificados para ser silenciosos) para transportar el botín.
-La "Poderosa": una herramienta hidráulica inventada por Bolster que permitía abrir las cajas de seguridad en segundos sin usar explosivos.
El escape por las vísceras de la ciudad
Luego de las 16, mientras el negociador policial creía estar cerca de una rendición, los delincuentes bajaron por un boquete oculto detrás de un armario que habían movido estratégicamente. Cargaron aproximadamente 80 kilos de joyas y millones de dólares en los gomones. Navegaron por la oscuridad de los túneles pluviales en dirección al Río de la Plata, hasta llegar a una alcantarilla específica donde una camioneta con un agujero en el piso los esperaba.
Cuando el Grupo Halcón finalmente dio la orden de asalto y entró por las ventanas, el banco estaba en un silencio sepulcral. Los 23 rehenes estaban ilesos. Las armas que los delincuentes habían dejado tiradas eran de juguete.
Aun asi, el plan era perfecto, pero la lealtad no. El grupo fue arrestado meses después, no por rastreos genéticos o errores técnicos, sino por la confesión de Alicia Di Tullio, mujer de De la Torre, quien despechada al descubrir que su marido planeaba fugarse con su parte del botín y una amante a Paraguay, decidió delatarlos.
Escaparon por el alcantarillado hacia Tres Sargentos y Libertad
¿Dónde está el dinero?
Hoy, el tiempo ha hecho su trabajo. Todos los miembros de la banda —Araujo, Vitette, Bolster, De la Torre y Zalloechevarría— han cumplido sus condenas o recuperado su libertad por beneficios procesales.
Se estima que el botín superó los 19 millones de dólares. La Justicia solo logró recuperar una fracción ínfima. El resto del dinero permanece como un fantasma en la economía informal o en cuentas ocultas, mientras los protagonistas viven de su fama, dando entrevistas y asesorando producciones cinematográficas sobre su propia hazaña.
El Banco Río de Acassuso ya no existe como tal, pero el mito de los hombres que escaparon por el agua bajo los pies de 300 policías sigue siendo la herida abierta más fascinante de la criminología argentina.
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