una pelea interminable

“No puedo ni decir el nombre de mi hija”: la lucha de una víctima de falsas denuncias

Néstor Adrián Santiago lleva más de cuatro años sin ver a su hija. Desde entonces, su vida quedó atravesada por denuncias penales que, una tras otra, terminaron cayéndose en la Justicia. Primero fue sobreseído en una causa por presunto abuso sexual, recientemente absuelto en un juicio por amenazas. Sin embargo, el conflicto central persiste: la imposibilidad de revincularse con su hija por decisiones del fuero de familia. En una entrevista extensa, relata el recorrido judicial, las acusaciones falsas y una lucha que no termina.

Lucha. Néstor Santiago vive en La Plata y no ve a su hija desde fines de 2021. Su ex le puso un bozal legal para que no pueda nombrarla. Foto: cedoc

Hay luchas que se dan en la Justicia, muchas veces injustas e inesperadas, pero que no terminan allí. Para Néstor Santiago, esa pelea tiene nombre propio: su hija. Lleva más de cuatro años sin verla por una denuncia falsa, pese a haber sido sobreseído y absuelto en las causas penales que lo mantuvieron señalado y apartado de su rol como padre. 

Néstor vive en la ciudad de La Plata. Tiene 49 años y es empleado gastronómico. Su vida cambió para siempre en diciembre de 2021, cuando una denuncia falsa lo dejó sin contacto con su hija y lo colocó en el centro de una trama judicial que, con el paso del tiempo, comenzó a desmoronarse. Primero fue acusado por un presunto abuso sexual contra una hijastra, una causa que terminó archivada luego de pericias psicológicas y pruebas documentales que descartaron la acusación. “Mi sobreseimiento fue por la cantidad de pruebas que presentamos”, dice a PERFIL, y asegura que se trató de una resolución “inapelable en primera instancia”.

"La falsa denuncia fue orquestada por un abogado que es la expareja de mi exmujer"

Sin embargo, el cierre de esa causa no implicó el fin del conflicto. Las restricciones del fuero de familia se mantuvieron vigentes y la revinculación nunca llegó. “Nunca tuve relación con mi hija. Nunca”, confiesa y cuenta que no puede “ni decir el nombre de mi hija”. “Tengo un bozal judicial”, revela. 

En la entrevista, Néstor ubica el origen del conflicto en una sucesión de amenazas previas a las denuncias. “Este abogado es la expareja de mi ex, que me escribe y amenaza con quitarme a mi hija”, cuenta sobre Christian Parodi, denunciante en la última causa en la que Néstor fue absuelto. “Yo trato con narcos, yo no soy el abogado del diablo, soy el diablo y voy a manejar tu vida”, le escribió Parodi, según consta en una conversación por WhatsApp que fue incorporada al expediente. 

Pocos días después, cuenta, se activó la denuncia penal que lo dejó fuera de la vida de su hija. “A los tres días o a los cuatro días me ingresa la denuncia de abuso sexual, no de mi hija, de mi hijastra”, explica. Para él, no se trató de un hecho aislado: “Obviamente fue orquestada por este abogado penalista”, sostiene.

Durante el juicio oral, afirma, logró demostrar que la acusación era falsa. “Además, quedó todo recontra comprobado que la causa de abuso sexual anterior fue armada por ellos”, dice. En ese proceso, asegura, se probó que personas que negaban conocerse sí tenían vínculos previos. “Nosotros demostramos que se conocían”, insiste.

Uno de los puntos que más lo afectan es la exposición de su hija en este conflicto. “La expuso a ella”, afirma sobre su expareja, y detalla escenas que todavía lo persiguen. “Alienándola y diciéndole ‘mirá, a tu papá lo van a meter preso’”, recuerda. 

Esa dinámica, sostiene, fue advertida por profesionales. “Tengo la primera pericia psicológica de la nena, dice que fue manipulada por situaciones que vive en la casa en contra del padre”, explica. Sin embargo, esa conclusión no tuvo impacto en el fuero de familia. “Mi hija dice que no me quiere ver, pero mi hija también dice que soy un violador”, señala.

"Quedó comprobado que la causa de abuso anterior fue armada por ellos"

El último juicio. En diciembre pasado, la causa que le inició la expareja de su mujer volvió a colocarlo frente a los tribunales. El juicio oral fue tenso, pero concluyó con una absolución plena. La fiscal desistió de acusar y la jueza determinó que no había pruebas suficientes. “La Justicia penal me absolvió, pero la de familia me sigue castigando”, resume.

Néstor también apunta contra lo que define como un uso sistemático de denuncias para condicionar su vida cotidiana. “Cuatro pedidos de detención pidieron”, afirma, y detalla que esas solicitudes se repitieron “en la causa de abuso”. Según su relato, ningún pedido prosperó, pero el efecto fue el mismo: mantenerlo bajo presión permanente. “Tengo los testimonios impresos, tengo las amenazas impresas, tengo todo”, sostiene.

En ese recorrido judicial, dice haber quedado atrapado en un círculo del que no logra salir. “Yo aparezco en los medios, ella después pide el bozal”, relata, y explica la secuencia que, según él, lo sigue perjudicando. “Ella pide el bozal, se lo dan, y después hace la denuncia por desobediencia”, enumera. La restricción, aclara, no es contra los medios: “Es contra mí”.

La desconfianza hacia el fuero de familia es total, según dice. “No creo en la justicia de familia”, confiesa sin rodeos, y fundamenta su postura: “Deja a la nena con la madre que hace una falsa denuncia y está cometiendo un delito”. “Es terrible”, entiende, mientras insiste en que su pelea no termina con ninguna absolución.

Para el trabajador gastronómico, que forma parte del grupo Basta de Falsas Denuncias, las absoluciones no alcanzan para reparar el daño. “No salí más yo”, cuenta al describir el impacto personal de estos años. “Yo tenía una vida social muy amplia y todo eso cambió”, cuenta.

Hoy, sostiene, el camino judicial continúa por otras vías. “La idea era, después de este juicio, accionar legalmente con obstrucción de vínculo, estafa procesal, falsa denuncia, amenazas, injurias, daños y perjuicios”, enumera. No obstante, aclara que el objetivo no cambió desde el primer día. “Yo no quiero venganza”, dice. “Yo solo quiero ver a mi hija”.