Aniversario 2 de abril de 1982

Malvinas: "Falta de estrategia" y alineamiento con EE.UU., un jurista advierte sobre el reclamo de soberanía

El jurista internacional Marcelo Kohen —quien en el caso del archipiélago de Chagos— advierte que el reclamo argentino por Malvinas está "bloqueado". Señala que el país no utiliza las herramientas disponibles y que el giro en política exterior podría afectar los apoyos, en un contexto marcado por la militarización del Atlántico Sur y el avance británico sobre recursos.

Imagen de las Islas Malvinas captadas por la NASA Foto: Instagram @NASA

A 43 años de la guerra de Malvinas, el reclamo argentino para recuperar la soberanía del archipiélago del Atlántico sur sigue abierto en el plano internacional, pero sin avances concretos. Más allá de la histórica negativa del Reino Unido a negociar, el estancamiento expone un problema de fondo: la falta de una estrategia sostenida por parte de la Argentina para mover el escenario diplomático. Y la complicidad de la clase política posterior al escenario que dejó el 2 de abril de 1982.

“Desde el retorno a la democracia los sucesivos gobiernos no intentaron nada concreto para resolver la controversia”, advierte el jurista internacional Marcelo Kohen. La definición, lejos de apuntar a una gestión en particular, traza una continuidad que atraviesa décadas de política exterior y que, según su mirada, explica en parte por qué la controversia "sigue bloqueada" más de cuatro décadas después.

Especialista en derecho internacional y participante en el caso del archipiélago de Chagos —donde la Corte Internacional de Justicia (CIJ) avaló el reclamo de Mauricio frente al Reino Unido en una resolución histórica—, Kohen plantea que existen herramientas jurídicas y políticas disponibles que Argentina no está utilizando plenamente para que Londres se siente a negociar, dejando de lado el argumento de la "autodeterminación de los isleños". En esa línea, sostiene que la jurisprudencia internacional "es ampliamente favorable a la tesis argentina" y que "la víctima del colonialismo es el pueblo argentino".

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Pero el análisis no se agota en lo jurídico. En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas y redefinición de los centros de poder, la política exterior sigue vigente como mecanismo para construir apoyos por Malvinas en foros multilaterales. Mientras que en el gobierno de Javier Milei, con un alineamiento total con Estados Unidos, esa dimensión cobra aún más peso.

"Mantener una actitud coherente (…) es fundamental”, sostiene el excandidato a juez de la Corte de La Haya, oriundo de Rosario y radicado en Ginebra. Además, advierte que decisiones recientes—como votaciones de la Argentina en la ONU en sintonía con Washington y en contra de mayorías amplias— podrían dificultar la acumulación de respaldos concretos a la Cuestión Malvinas.

El señalamiento se da en un momento sensible, atravesado por la creciente militarización del Atlántico Sur registrada en 2025 —que el gobierno libertario evitó condenar— y el avance británico en la explotación de hidrocarburos en la cuenca León Marino al norte de la Isla Soledad, con licencias ilegales otorgadas a empresas como Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum.

Marcelo Kohen, experto en derecho internacional, nació en Rosario y vive actualmente en Ginebra, Suiza.

Entrevista a Marcelo Kohen sobre el reclamo argentino por Malvinas 

— A más de 40 años de la guerra, ¿el reclamo argentino por Malvinas está más cerca o más lejos de avanzar en términos concretos? ¿Por qué?

La controversia por Malvinas es una cuestión abierta y tarde o temprano deberá resolverse. Eso no significa que hay que quedarse de brazos cruzados esperando que llegue el día. Desde el retorno a la democracia los sucesivos gobiernos no intentaron nada concreto para resolverla excepto los de Alfonsín y Menem. El primero se encontraba en la situación inmediata difícil de la postguerra y mantuvo el papel de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en la cuestión. El segundo intentó resolverlo por confusas negociaciones secretas que no necesariamente iban en el sentido de la reivindicación argentina. 

— Argentina insiste desde hace décadas en la negociación bilateral. ¿Ese camino está agotado o sigue siendo la única vía realista?

En inglés hay una expresión popular: “it takes two to tango” (se necesitan dos para bailar el tango). El Reino Unido se niega a negociar el objeto mismo de la controversia: la soberanía a menos que los isleños así lo requieran. Como eso no va a ocurrir, la controversia está bloqueada desde 1982. Algún tipo de negociación es necesario para encontrar una solución. De lo que se trata es de buscar el camino para forzar al gobierno británico a aceptarla. 

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— Se habla de Malvinas como “política de Estado”, pero nunca se discutió en serio cómo sería una propuesta concreta de soberanía. ¿Eso debilita la posición argentina?

No la debilita en cuanto a la reivindicación, pero si en cuanto a alcanzar el objetivo. Por un lado, si se proponen negociaciones, hay que saber qué es lo que se va a plantear. Por el otro, la credibilidad de la exigencia de negociaciones y el apoyo de terceros Estados a las mismas se fortalece si se plantea concretamente el esbozo de una solución.

— ¿Qué peso real tienen hoy las resoluciones de la ONU sobre Malvinas si el Reino Unido decide ignorarlas?

Las resoluciones de la AGNU en materia de descolonización tienen un peso mayor que el de una mera recomendación. Es la Asamblea General quien decide la manera y el momento de poner fin a las situaciones coloniales. La negativa británica a descolonizar Malvinas no altera la situación jurídica.

Lamentablemente, desde 1989 en adelante, a pedido del Reino Unido, los sucesivos gobiernos argentinos decidieron no volver a la AGNU. Se limitan a lo mínimo, que es llevar la cuestión al Comité de Descolonización, un órgano subsidiario de ésta que propone sus resoluciones tras el estudio de la situación de los territorios coloniales. Cada año el Comité somete sus resoluciones sobre los 17 “territorios no autónomos” a la AGNU, la que las adopta, con la excepción de Malvinas, porque la Argentina no lo requiere. 

Se cumplen 43 años de la guerra de Malvinas.

— ¿El derecho internacional tiene herramientas efectivas frente a potencias que no cumplen o estamos ante un sistema con límites estructurales?

En el plano internacional existen diferentes mecanismos de solución pacífica de controversias, como la negociación, la mediación, el arbitraje y el arreglo judicial, por ejemplo. Pero no existe un mecanismo compulsivo sin el consentimiento de los Estados. El Consejo de Seguridad tiene la facultad de imponer medidas obligatorias, pero el derecho de veto de los cinco miembros permanentes, uno de los cuales es el Reino Unido, pone un límite evidente a su actuación.

— ¿Qué margen hay para judicializar el conflicto? ¿Tiene sentido pensar en la Corte Internacional de Justicia o es inviable sin el consentimiento británico?

Las controversias interestatales pueden ser llevadas por vía contenciosa a la Corte Internacional de Justicia únicamente si las partes han dado su consentimiento, que puede prestarse de antemano o acordarse luego de negociaciones que constatan la imposibilidad de resolver la disputa por vía directa. También es posible que un órgano de las Naciones Unidas solicite una opinión consultiva sobre una cuestión jurídica en la órbita de su competencia, incluso si existe una controversia bilateral y aunque alguna de las partes no quiera que se discuta ante la Corte.

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— Usted participó en el caso del archipiélago de Chagos, donde la Corte Internacional de Justicia reconoció la soberanía de Mauricio e instó al Reino Unido a devolverlo. ¿Qué similitudes y diferencias ve con Malvinas?

El ejemplo es importante porque son más las similitudes que las diferencias. Obviamente no existen dos casos idénticos. El Reino Unido ocupó tanto Chagos como Malvinas en el siglo XIX. Chagos es parte integrante del territorio de Mauricio; las Malvinas, de la Argentina.

Ambas son situaciones coloniales que comparten una serie de características: la ruptura de la integridad territorial; la manipulación demográfica por parte del Reino Unido; y el silencio de la AGNU durante décadas, que Mauricio rompió en 2017 al impulsar el pedido de opinión consultiva a la CIJ. No se trata de dejar a los habitantes de los territorios la decisión sobre la soberanía, que corresponde tanto al pueblo de Mauricio en su conjunto como al pueblo argentino. Sí corresponde a los habitantes chagosianos expulsados por la potencia colonial el derecho de volver a su territorio —lo que cabe a Mauricio organizar—, como a la Argentina respetar los intereses y el modo de vida de los habitantes de Malvinas.

— ¿Por qué en algunos casos de descolonización hay avances concretos y en otros, como Malvinas, el conflicto queda congelado?

Cuando los interesados utilizan todos los medios pacíficos a su alcance hay avances concretos, cuando se quedan en el mero mantenimiento de la reivindicación, no. Chagos es un buen ejemplo. Ante la negativa británica a negociar soberanía, Mauricio volvió a la Asamblea General y logró que ésta solicite -contra la voluntad del Reino Unido y de los Estados Unidos- una opinión consultiva de la Corte.

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La Corte señaló que el Reino Unido debía poner fin a su presencia colonial ilegal en el archipiélago. Con dicha opinión favorable, Mauricio volvió a la Asamblea General y obtuvo apenas tres meses después que ésta reconozca explícitamente su soberanía y que fije un plazo para la restitución del territorio. Ante esta situación, el gobierno británico se avino finalmente a negociar y tras dos años reconoció la soberanía mauriciana, a pesar de haber repetido hasta el hartazgo en el pasado que “no tenía dudas de la soberanía británica”, el mismo slogan que utiliza para Malvinas.

— En un mundo donde volvieron las guerras entre Estados, ¿cambió el peso del derecho internacional o quedó más debilitado?

El peso del derecho internacional sigue siendo el mismo: las reglas permiten la calificación de un hecho como legal o ilegal. El derecho por sí solo no produce los cambios. Permite sin embargo que el mero hecho de la fuerza no se transforme en derecho, aunque el poderoso tenga la capacidad de mantener su control.

Sobre la política exterior y las Malvinas

— ¿La política exterior de un gobierno puede fortalecer o debilitar el reclamo argentino en Malvinas ante la comunidad internacional? ¿De qué depende?

La política exterior de un gobierno incide en los apoyos que puedan obtenerse en el plano internacional, tanto en el plano bilateral como multilateral. Mantener una actitud coherente, tanto en la cuestión específica como en lo que respecta a las grandes cuestiones de política internacional, es fundamental. También está en juego la credibilidad del Estado y lo previsible o imprevisible de su política exterior.  

— El actual alineamiento del gobierno argentino con Estados Unidos, ¿incide en la forma en que el reclamo es percibido o tratado?

El actual gobierno estadounidense tiene posiciones que no coinciden necesariamente con el resto de los Estados occidentales, europeos en particular. Ello se ve reflejado también en la manera de votar en las Naciones Unidas. Resoluciones adoptadas por abrumadora mayoría, casi unanimidad, encuentran a la Argentina entre los pocos Estados que se oponen, incluso en temas en los que el país mantuvo posiciones históricamente coherentes bajo gobiernos de los más variados signos, desde militares a democráticos. Esta actitud puede hacer más difícil los apoyos futuros. 

— ¿Cómo se sale del actual punto muerto en la cuestión Malvinas? ¿Qué tendría que cambiar —del lado argentino o internacional— para que el escenario se mueva?

Del lado argentino se requiere una actitud proactiva: tomar la iniciativa y anticipar los acontecimientos en lugar de esperar que estos ocurran. Por ejemplo, no esperar a que la explotación ilegal de los recursos hidrocarbúriferos comiencen en menos de dos años, como el gobierno británico ya lo anunció.

Del lado internacional muchas veces intervienen factores que nadie previó y que influyen en el conflicto. Por ejemplo, el arresto de Pinochet en Londres permitió que el gobierno argentino obtenga una escala en suelo argentino de los vuelos chilenos y el levantamiento de la prohibición a los ciudadanos argentinos de ir a Malvinas, aunque pudiera haber servido para mucho más.

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— Si mañana el Reino Unido aceptara negociar, ¿qué debería llevar Argentina a esa mesa para que la negociación sea viable?

Una propuesta razonable en el triple marco constitucional: soberanía argentina, derecho internacional y respeto del modo de vida de sus habitantes. Los isleños no son una parte en la controversia de soberanía, pero son parte de la solución. Respetarlos es una cuestión de principio. Para que una negociación obtenga resultados, las partes deben hacer concesiones recíprocas. Cuando la opción que se sigue es todo o nada, lo que se obtiene es nada.

— Hay quienes sostienen que, en términos de derecho internacional, el Reino Unido tendría una posición más sólida por la “posesión efectiva” desde 1833, sumado a la autodeterminación de los isleños que no aplica en el caso Malvinas. ¿Qué opina sobre ese argumento y cómo se rebate desde el reclamo argentino en los foros multilaterales?

La jurisprudencia de la Corte de La Haya en la materia es ampliamente favorable a la tesis argentina en ambos aspectos: una posesión contraria a derecho no da título y no toda población de un territorio es titular del derecho de libre determinación. La Argentina nunca renunció a su soberanía y los habitantes actuales nunca fueron reconocidos ni por la Argentina ni por las Naciones Unidas como un pueblo distinto. Tienen derechos civiles y políticos, pero no el de libre determinación. La víctima del colonialismo es el pueblo argentino. 

— Si tuviera que sintetizar en una idea: ¿qué le falta hoy al reclamo argentino para avanzar?

Utilizar todos los medios disponibles existentes en el plano internacional.