La disputa por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes constituye uno de los ejes de la política exterior argentina. A diferencia de las narrativas centradas en la guerra de 1982, el reclamo se sostiene sobre argumentos jurídicos reconocidos internacionalmente, antecedentes históricos continuos y fundamentos geográficos que se mantienen vigentes luego de dos siglos de ocupación británica.
1. Las islas son parte de la plataforma continental argentina
El argumento más moderno es el geológico: las Malvinas no son un territorio aislado, sino una extensión natural de la plataforma continental argentina. Algunos estudios del CONICET, como los del Dr. Florencio Aceñolaza, demostraron que existe una continuidad estructural entre la Patagonia y el subsuelo de las islas.
Sumado a esto, la Argentina realizó durante más de una década campañas oceanográficas, estudios sísmicos y relevamientos batimétricos de alta precisión para demostrar el límite exterior de su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas. Ese trabajo técnico fue presentado en 2009 ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU y, tras años de evaluación, en 2016 se validó la extensión reclamada.


Además,la plataforma continental argentina es una de las más extensas del mundo y concentra recursos clave como hidrocarburos, minerales y una de las mayores reservas pesqueras del Atlántico Sur, especialmente de especies como el calamar. En un contexto global de creciente disputa por recursos naturales y energía, la demostración científica de que las islas forman parte de esta estructura refuerza la centralidad de la Cuestión Malvinas.
2. El respaldo de la ONU en 2016
En marzo de 2016, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU aceptó la presentación argentina sobre la extensión de su plataforma. Si bien no resuelve la soberanía, el dictamen reconoce que las Malvinas están dentro de la prolongación natural del territorio argentino.
Su presentación incluyó más de 800.000 páginas de documentación técnica, con datos recolectados durante casi 20 años de investigaciones. Equipos interdisciplinarios analizaron la geología, la morfología del fondo marino y la estructura del margen continental, logrando cumplir con los exigentes criterios establecidos por la CONVEMAR para extender los límites más allá de las 200 millas.
Además, el aval de la comisión fortaleció la posición argentina en términos de recursos y planificación a largo plazo. La ampliación reconocida incluye zonas con alto potencial energético y pesquero, en un escenario global donde el control del lecho marino gana cada vez más relevancia. Aunque el Reino Unido objetó la aplicación del dictamen en áreas en disputa, el reconocimiento técnico de la ONU consolidó un respaldo internacional difícil de revertir, que Argentina utiliza como base en sus estrategias diplomáticas y en la defensa de sus derechos en el Atlántico Sur.
3. Derechos históricos: de España a la Argentina
El reclamo argentino se basa en el principio de uti possidetis iuris: los nuevos Estados heredaron los territorios coloniales. España ejerció soberanía efectiva sobre las islas, con 32 gobernadores y administración continua. Tras la independencia, Argentina continuó esos derechos, con presencia efectiva entre 1820 y 1833, incluyendo autoridades, población estable y actividad económica bajo el gobierno de Luis Vernet.
Durante el período colonial, las islas dependieron administrativamente de Buenos Aires y luego del Virreinato del Río de la Plata. España ejerció actos concretos de soberanía: designación de autoridades, control de actividades económicas y defensa militar del territorio frente a intentos de otras potencias europeas.

Para Carlos Pérez Llana “es verosímil pensar que hoy Gran Bretaña no podría defender Malvinas”
Luego de la independencia, las Provincias Unidas del Río de la Plata mantuvieron una política sobre el territorio. En 1820 se realizó la toma de posesión, en 1829 se creó la Comandancia Política y Militar, y bajo la gestión de Luis Vernet se desarrolló una colonia con actividades productivas, regulación de recursos y vínculos comerciales.
4. La ocupación británica de 1833 y la protesta permanente
El 2 de enero de 1833, el Reino Unido expulsó por la fuerza a las autoridades argentinas sin estado de guerra, violando el derecho internacional. Desde entonces, Argentina mantuvo un reclamo ininterrumpido. La ONU reconoció formalmente la disputa en 1965 mediante la Resolución 2065, que insta a ambos países a negociar.
Sin embargo, lejos de aceptar la situación, el gobierno argentino inició de inmediato una serie de protestas diplomáticas que se sostuvieron a lo largo del tiempo, un elemento clave en derecho internacional para evitar la convalidación de una ocupación por el paso del tiempo.
A lo largo del siglo XIX, representantes argentinos como Manuel Moreno en Londres presentaron múltiples reclamos ante el gobierno británico, rechazando los argumentos de soberanía del Reino Unido. Esa persistencia diplomática impidió que Londres pudiera alegar “prescripción” sobre el territorio.
5. Una disputa vigente: recursos, geopolítica y diplomacia
En el siglo XXI, Malvinas es también una disputa por recursos estratégicos: pesca, hidrocarburos y acceso a la Antártida. El Reino Unido explota estos recursos y mantiene una fuerte presencia militar en el Atlántico Sur.

Argentina, por su parte, sostiene el reclamo como política de Estado, respaldado por la Constitución de 1994, y busca una solución pacífica. Iniciativas recientes, como el acuerdo Mondino-Lammy, muestran intentos de cooperación, aunque generan debate interno por la falta de avances en soberanía.
MV