LAS ESQUIRLAS DE LA INTERNA TAMBIÉN GOLPEARON EN EL SENADO

PJ en el ring: ni el escándalo Adorni ordena a la oposición, que intensifica su pelea en el territorio bonaerense

El Senado bonaerense sesionó esta semana por primera vez en seis meses y expresó la interna del peronismo provincial, agudizada desde el banderazo por la libertad de Cristina Kirchner. La pelea entre el camporismo y Axel Kicillof se acelera y empezó a exhibir riesgos de ruptura en el mayor distrito electoral. En la Cámara alta provincial hubo un cruce entre Verónica Magario, Mario Ishii y Sergio Berni que exhibió el nivel de tensión que se respira. En el kirchnerismo se cuidan y dicen que se mueven como átomos libres. La pregunta en el PJ no es cuándo termina la pelea, sino quién la va a saldar.

Fin de la siesta en el senado. Los cruces del miércoles explican por qué no sesionó en seis meses. Foto: prensa senado B.A.

Mientras Unión por la Patria hizo todo lo necesario en el Congreso nacional para  acorralar a Javier Milei con interpelaciones y sesiones de alto voltaje, el peronismo bonaerense ofrecía –y seguirá ofreciendo– un espectáculo muy diferente en donde el adversario no está enfrente sino adentro.

La pelea interna se trasladó esta vez al Senado bonaerense que acumuló casi siete meses de parálisis para no afrontar lo que en algún momento se volvería inevitable y terminó sucediendo. La disputa entre el Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof y el kirchnerismo llevó a que durante meses enteros no se puedan poner de acuerdo ni para conformar comisiones. Cuando finalmente se desbloqueó el conflicto y se convocó a sesionar, esa frágil negociación no tardó en estallar en pleno recinto.

Mario Ishii encendió la mecha. El senador y exintendente de José C. Paz pidió el tratamiento de dos proyectos de su autoría –emergencia alimentaria y emergencia sanitaria en la provincia– y recibió una negativa. Su bronca fue directa contra Kicillof: “Lo invité a que camine un poco por el Conurbano, no lo ha hecho. Que venga y vea que en los hospitales no hay insumos ni vacunas. Hay ochenta ollas populares en cada distrito, gente haciendo cola para buscar comida”. Cuando la vicegobernadora Verónica Magario le cortó el micrófono al cumplirse el tiempo reglamentario, entró en escena Sergio Berni.

El jefe del bloque peronista salió en defensa de Ishii y elevó el tono de la interna. Cuestionó la falta de sesiones durante seis meses y, en un cruce fuerte con Magario, recordó los orígenes de los cargos de ambos: “No solo la hizo dos veces vicegobernadora, sino también… en momentos que el gobernador desde su mirada de izquierda escribía artículos que tenían que ver con una oposición a las políticas económicas de Néstor Kirchner, la presidenta le abrió la puerta, lo llevó como gerente de Aerolíneas, lo hizo viceministro de Economía, ministro de Economía… todos los compañeros trabajamos para que sea diputado nacional”.

El mensaje fue claro: Kicillof y Magario llegaron donde están gracias a Cristina. El kirchnerismo no está dispuesto a que en La Plata se repita incansablemente que se ganó una elección apenas con recorridas territoriales a bordo de un Renault Clio. Magario volvió a cortar el micrófono. Los representantes del Movimiento Derecho al Futuro, el sector de Kicillof, no pidieron la palabra en ningún momento para intentar bajarle el tono a las críticas.

La pregunta no es cuándo termina la pelea sino quién la va a saldar. La respuesta, por ahora, es nadie. Ni Kicillof ni CFK parecen dispuestos a frenar los cruces entre segundas, terceras y hasta cuartas líneas.

Desde el kirchnerismo advierten en voz baja que Berni e Ishii se mueven con demasiada autonomía: van y vienen respondiendo a los dos sectores, enojándose con los dos cuando no son recompensados en el armado de listas o en la distribución de cargos. Es ese juego el que les permite disparar sin hacerse cargo del bando.

Por el lado kicillofista, tampoco se hacen cargo de los tiros que se tiran desde este lado: en La Plata miran para otro lado cuando intendentes propios salen a criticar al kirchnerismo. La última de estas escenas se dio cuando la legisladora porteña Berenice Iañez –del espacio de Andrés “Cuervo” Larroque– acusó a Cristina Kirchner de estar “bastante equivocada” y de tomar decisiones “desde un balcón shakespeariano”. En la interna bonaerense, todo el mundo dispara y nadie firma.

Si le faltaba algo a la interna, el peronismo bonaerense volvió a estar atravesado por el escándalo Insaurralde. El nombre del exintendente de Lomas de Zamora sobrevuela todas las discusiones hacia adelante cuando se trata de revisar quiénes arman las listas y ponen o sacan funcionarios.

Ya no hay lugar para la vieja política y las complicidades que se mantienen con personajes como el de Martín Insaurralde, que no volvió a ocupar cargos públicos pero aún maneja una importante cuota de poder en el territorio bonaerense. Se mueve cómodo con emisarios propios en la legislatura y mantiene a algunos intendentes alineados según sus intereses.

El escenario en Diputados bonaerenses tampoco es el más amigable para Kicillof. La Cámpora le acaba de arrebatar una banca al Movimiento Derecho al Futuro: Mercedes Landívar, diputada camporista que había pedido licencia para sumarse a la gestión municipal en Olavarría, regresará a la Legislatura el 1° de julio y desplazará a su reemplazante, Laura Aloisi, identificada con el espacio del gobernador. El resultado es un mapa de fuerzas que habla solo: el kirchnerismo pasa a controlar 18 de las 39 bancas del bloque peronista; el MDF se queda con 11; el Frente Renovador tiene nueve y la banca restante responde a Juan Grabois. Kicillof es gobernador pero también minoría en su propio bloque.

Mientras los cruces van y vienen, el jefe territorial planea seguir construyendo una alternativa a Javier Milei. En La Plata aseguran que no le temen a una interna, ya que el candidato de 2027 debe dejar de ser bendecido por el dedo. En San José 1111 avisan que no hay candidatos naturales, como mensaje al gobernador.

La pelea, entonces, continuará. Con Axel mirando para adelante, con Cristina condicionada por la condena y con personajes que están listos para volver a encender la mecha. Esta vez fueron Berni e Ishii, pero hay varios soldados de distintos sectores del peronismo dispuestos a dar esta batalla interna.