Día Mundial del Asma: un desafío de salud pública que afecta a 4 millones de argentinos
La afección crónica de las vías respiratorias persiste como un desafío para la salud pública debido al alto número de personas que conviven con síntomas sin recibir atención médica. Algunos especialistas recalcan que el acceso temprano a la medicación y el control de los factores ambientales es clave.
El asma vuelve a instalarse en la agenda sanitaria global en una nueva conmemoración del Día Mundial del Asma, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud y la Iniciativa Global para el Asma (GINA) para reforzar la concientización y el acceso a tratamientos. Se trata de una enfermedad crónica no transmisible que afecta a más de 360 millones de personas en el mundo y que, pese a los avances, continúa siendo un desafío para los sistemas de salud.
Sin embargo, en la Argentina el impacto es significativo. Según datos de la Asociación Argentina de Pacientes con Asma, se estima que hay alrededor de 4 millones de personas con diagnóstico, mientras que otras 2 millones la padecen sin saberlo. Ese subdiagnóstico se traduce en unas 15.000 internaciones al año y cerca de 400 muertes evitables.
A nivel global, el asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias. En este cuadro, la inflamación y la contracción de los músculos bronquiales dificultan el paso del aire, lo que genera síntomas como tos persistente, sibilancias, falta de aire y opresión en el pecho.
Reforma de Salud Mental: proponen volver a las internaciones involuntarias
Puede aparecer a cualquier edad, aunque es la enfermedad crónica más común en la infancia. Su origen no responde a una única causa: suele desarrollarse por una combinación de factores genéticos —como antecedentes familiares— y ambientales, entre ellos la contaminación, las infecciones respiratorias, el polvo, el polen o el contacto con sustancias.
El lema de 2026 fue "acceso a inhaladores antiinflamatorios para todas las personas con asma"
En esta misma línea, uno de los puntos clave que remarcan los especialistas es que el diagnóstico no es complejo. Con una consulta clínica y estudios como la espirometría, la enfermedad puede detectarse en pocos minutos.
Si bien no tiene cura, el asma puede controlarse. Los tratamientos actuales permiten que una persona lleve una vida normal si sigue las indicaciones médicas. El abordaje incluye:
-Corticoides inhalados, base del tratamiento, que reducen la inflamación.
-Broncodilatadores de acción rápida para aliviar crisis.
-Terapias biológicas en casos graves, que actúan sobre mecanismos específicos de la inflamación.
No todos los pacientes presentan el mismo cuadro. El asma se clasifica en leve, moderada y grave. Este último grupo representa entre el 3% y el 5% de los casos, pero requiere tratamientos más complejos. La gravedad se define por la frecuencia de los síntomas, el uso de medicación, las consultas de urgencia y el impacto en la calidad de vida.
Un problema global con brechas de acceso
En base a datos de la Organización Mundial de la Salud, la mayoría de las muertes por asma se concentran en países de ingresos bajos y medios. Allí, el acceso a inhaladores y la falta de información siguen siendo barreras centrales.
Sin más, el organismo internacional advierte que mejorar el diagnóstico temprano y garantizar tratamientos accesibles son medidas clave para reducir la mortalidad. A pesar de su alta prevalencia, el asma aún está rodeada de ideas erróneas.
No es una enfermedad exclusiva de la infancia ni es contagiosa. Tampoco impide hacer ejercicio: con tratamiento adecuado, la actividad física no solo es posible, sino recomendable.
MV/ML
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