Salud en alerta

Obesidad en Argentina: el 60% de los adultos tiene exceso de peso y riesgo metabólico

Seis de cada diez adultos y cuatro de cada diez menores tienen exceso de peso en Argentina, una tendencia que enciende alarmas por su impacto en la salud pública.

Obesidad en Argentina Foto: Freepik

El exceso de peso dejó de ser una preocupación ligada a la imagen para transformarse en un problema crítico de salud pública en Argentina. Los datos actuales indican que el 60% de la población adulta en el país se encuentra por encima del índice de masa corporal (IMC) considerado saludable. Esta cifra surge de la combinación de quienes padecen sobrepeso y quienes ya transitan la obesidad.

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La situación no es exclusiva de los mayores. Entre los niños y adolescentes, el panorama es igualmente complejo, ya que se estima que cerca del 40% de este grupo presenta exceso de peso. Esta condición temprana incrementa de forma directa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas durante la etapa adulta, según detalló la Dra. Valeria El Haj.

La definición clínica de la obesidad la describe como una enfermedad crónica, progresiva y multifactorial. No se trata de una falta de voluntad por parte del paciente ni de un problema que se resuelva únicamente con deseo personal. Es un trastorno caracterizado por la acumulación excesiva de grasa corporal que altera el funcionamiento metabólico del organismo.

Esta acumulación de tejido adiposo aumenta significativamente las chances de sufrir diabetes tipo 2 y diversas enfermedades cardiovasculares. También se vincula directamente con la hipertensión arterial, la apnea del sueño y ciertos tipos de cáncer. El impacto se extiende a trastornos osteoarticulares que limitan la movilidad y reducen la expectativa de vida saludable de los afectados.

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Los números finos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestran una división clara en el problema. Alrededor del 25% de la población adulta vive con obesidad, mientras que más del 36% se encuentra en la categoría de sobrepeso. Al sumar ambos porcentajes, se llega a ese 60% que pone en alerta a los sistemas de prevención médica.

La prevención aparece como el pilar fundamental para intentar frenar lo que los especialistas ya consideran una epidemia. Los ejes principales para evitar el desarrollo de la patología son una alimentación saludable y la actividad física regular. Se recomienda priorizar el consumo de frutas, verduras, legumbres y alimentos que tengan procesos industriales mínimos.

En cuanto al ejercicio, los estándares internacionales y locales sugieren al menos 150 minutos semanales para los adultos. En el caso de los niños y adolescentes, el requerimiento sube a 60 minutos diarios. La creación de entornos saludables, que faciliten estas elecciones alimentarias y reduzcan el sedentarismo, resulta clave para cambiar la tendencia actual.

Diagnóstico clínico y herramientas de detección temprana

Para determinar el grado de la afección, los médicos utilizan herramientas específicas como el Índice de Masa Corporal (IMC) y la medición de la circunferencia de la cintura. Estos indicadores permiten evaluar el riesgo metabólico de forma rápida. Sin embargo, un abordaje integral requiere también una evaluación de las comorbilidades asociadas a cada caso particular.

El proceso de detección incluye una evaluación médica completa que no se limita al peso en la balanza. Se realizan estudios metabólicos y cardiovasculares para entender cómo el exceso de grasa está afectando a los órganos internos. A partir de allí, se diseña un plan nutricional personalizado que debe ir acompañado de un programa de actividad física adaptado.

“La situación también afecta a niños y adolescentes: se estima que cerca del 40% presenta exceso de peso, lo que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez”, detalló la Dra. Valeria El Haj en su informe técnico sobre la situación epidemiológica actual. La médica remarcó que el acompañamiento profesional debe ser sostenido en el tiempo.

El tratamiento no es lineal y depende de la gravedad del cuadro. La base siempre son los cambios en el estilo de vida, pero en casos seleccionados se indica tratamiento farmacológico bajo supervisión médica. Para quienes padecen obesidad severa o presentan comorbilidades significativas que ponen en riesgo su vida, la cirugía bariátrica surge como una opción válida.

El impacto de las comorbilidades y el estigma social

Uno de los mayores obstáculos para el tratamiento es el estigma asociado a la enfermedad. Los especialistas insisten en que reconocer la obesidad como una patología permite a los pacientes acceder a un diagnóstico precoz sin la carga de la culpa. El acompañamiento psicológico y conductual forma parte de las estrategias modernas para lograr resultados a largo plazo.

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“Es fundamental derribar el estigma asociado a la obesidad y reconocerla como una enfermedad que requiere acompañamiento profesional sostenido”, explicó El Haj. La prevención y el tratamiento oportuno no solo mejoran la calidad de vida individual, sino que reducen las complicaciones futuras que terminan saturando los servicios de salud de alta complejidad.

El abordaje interdisciplinario es lo que garantiza que el paciente no abandone el proceso. Esto incluye la mirada de nutricionistas, médicos clínicos, cardiólogos y especialistas en salud mental. La meta principal no es alcanzar un estándar de belleza, sino reducir los parámetros de riesgo que conducen a eventos coronarios o accidentes cerebrovasculares.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que la mayoría de los factores de riesgo son modificables. Sin embargo, la prevalencia en Argentina sigue mostrando una curva ascendente en los últimos años. Las políticas de etiquetado frontal y la promoción de espacios libres de sedentarismo buscan mitigar el impacto de los alimentos ultraprocesados en la dieta diaria.

Según los datos técnicos procesados por OSPEDYC, el diagnóstico se confirma cuando el IMC supera el valor de 30 kg/m².