Casa Rosada

El cuadro de la discordia: la historia del imponente retrato de Perón y Evita que el Gobierno descolgó

La remoción de una réplica del histórico retrato de Perón y Eva Perón reabre el debate sobre la memoria política en los espacios oficiales. La obra original, pintada en 1948 por Numa Ayrinhac, sobrevivió a la “desperonización” y es una de las piezas más simbólicas del patrimonio estatal.

La copia de la obra de Numa Ayrinhac exhibida en la antesala de Salón Eva Perón fue descolgada y enviada al Museo de Casa Rosada Foto: .argentina.gob.ar

El Gobierno nacional ordenó retirar en las últimas horas una réplica del histórico retrato de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón que se exhibía en la antesala del Salón Eva Perón de la Casa Rosada. La medida, según explicaron fuentes oficiales, responde a “fallas estructurales” detectadas en la obra que dificultaban su correcta exhibición.

La decisión, sin embargo, excede lo técnico. El cuadro —una copia del original pintado en 1948 por el artista francés Numa Ayrinhac— posee una fuerte carga simbólica en la historia política argentina. Su retiro reabre debates sobre la memoria, la representación del poder y el lugar del peronismo en los espacios institucionales.

El Gobierno retiró un cuadro de Perón y Evita de Casa Rosada y podría reemplazarlo por una imagen de Messi o Belgrano

La obra original, un óleo sobre tela de gran formato (220 por 150 centímetros), muestra a Perón con la banda presidencial y a Eva Perón a su lado, en una composición que refuerza la idea de unidad política y liderazgo compartido. Fue realizada durante el primer gobierno peronista, en un momento de consolidación del movimiento.

Ayrinhac, artista de origen francés radicado en Argentina, fue uno de los retratistas más cercanos al entorno de Eva Perón. Su vínculo con la entonces primera dama le permitió producir varias obras que buscaban construir una imagen oficial del poder peronista, en línea con las estrategias de comunicación política de la época.

El retrato de 1948 no solo cumplía una función estética, sino también política: consolidaba la iconografía de Perón y Evita como figuras centrales del Estado. En ese sentido, su presencia en edificios públicos no era casual, sino parte de una construcción simbólica del poder.

El cuadro que sobrevivió a la “desperonización”

Tras el golpe de Estado de 1955, que derrocó a Perón e inició el proceso conocido como “desperonización”, gran parte de la simbología vinculada al peronismo fue retirada, destruida o prohibida. En ese contexto, muchas obras de arte asociadas al movimiento desaparecieron o fueron ocultadas.

El retrato original de Ayrinhac logró sobrevivir a ese período, lo que lo convierte en una pieza de alto valor histórico. Con el paso de los años, fue incorporado al patrimonio del Museo de Casa Rosada, donde se conserva actualmente.

La réplica retirada recientemente formaba parte de ese circuito simbólico, aunque no era la obra original. Su ubicación en la antesala del Salón Eva Perón reforzaba la narrativa histórica del edificio y su vínculo con el peronismo.

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Desde el Gobierno señalaron que la decisión de retirarla responde a la necesidad de preservar las piezas ante posibles daños derivados de cambios de temperatura y condiciones ambientales. Las obras, indicaron, fueron trasladadas al Museo del Bicentenario para su resguardo y eventual restauración.

No obstante, la medida se inscribe en una serie de acciones oficiales vinculadas al “reordenamiento de los espacios públicos”, que en los últimos años implicó la remoción de imágenes, bustos y referencias a figuras políticas en distintas dependencias estatales.

En paralelo, comenzaron a circular posibles reemplazos para el espacio que ocupaba el cuadro. Entre las alternativas mencionadas figuran imágenes de próceres como Manuel Belgrano o Domingo Faustino Sarmiento, e incluso una fotografía del futbolista Lionel Messi.

La posibilidad de reemplazar un retrato político por una figura deportiva o histórica introduce un nuevo debate sobre los criterios de representación en espacios oficiales. ¿Debe primar la neutralidad histórica, la identidad nacional o la memoria política?

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En términos patrimoniales, especialistas suelen advertir que las obras de arte en edificios públicos no solo cumplen una función decorativa, sino que forman parte de la construcción de sentido de esos espacios. Su selección, ubicación y permanencia responden a decisiones políticas y culturales.

El caso del retrato de Perón y Evita es paradigmático: su historia atraviesa gobiernos, golpes de Estado, prohibiciones y restituciones. Cada etapa dejó marcas en la forma en que la obra fue exhibida, ocultada o resignificada.

El retiro actual, aunque justificado por razones técnicas, se produce en un contexto político que vuelve inevitable su lectura en clave simbólica. La imagen de Perón y Evita, aún décadas después, continúa siendo un elemento de disputa en la esfera pública.

Mientras tanto, el destino de la réplica quedará sujeto a los procesos de conservación que determine el área de patrimonio. El original, en tanto, permanece resguardado como parte de la colección del Museo de Casa Rosada.