SOCIEDAD
Entrevista

Teresa Laborde, la bebé que nació en cautiverio en un Falcon verde: "Duelen mucho estos 50 años, es como empezar de nuevo"

Su madre, Adriana Calvo de Laborde, fue secuestrada embarazada durante la última dictadura y dio a luz en un patrullero cuando la trasladaban al centro de detención conocido como "Pozo de Banfield". Medio siglo después del Golpe de Estado, Teresa reflexiona sobre la importancia de los sobrevivientes que se animaron a declarar, la memoria y el presente argentino.

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La historia de Adriana Calvo de Laborde y su hija Teresa | Instagram @tere.laborde

A los cuatro meses de embarazo, en febrero de 1977, Adriana Calvo de Laborde fue secuestrada en su casa de La Plata por un grupo de tareas de la última dictadura militar. En ese momento estaba con Santiago, su hijo de un año y medio. Días después, también fue secuestrado su esposo, Miguel Laborde. A ella la subieron a uno de los vehículos que se volverían símbolo del terror represivo: un Ford Falcon verde.

Durante un traslado entre centros clandestinos en abril, vendada y bajo custodia, empezó el trabajo de parto. No hubo médicos ni condiciones mínimas en ese momento y dio a luz en el asiento trasero de un auto, en cautiverio. La bebé sobrevivió y hoy es su hija menor, Teresa Laborde, docente universitaria de Historia del Arte y referente de derechos humanos.

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La escena, reconstruida años más tarde en tribunales y evocada en la película Argentina, 1985 (2022), se convirtió en uno de los relatos más impactantes del terrorismo de Estado en la Argentina. Adriana, física y docente en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, fue una la primera de las sobrevivientes en declarar y en dar detalles sobre los centros clandestinos de detención.

Su testimonio fue clave en el trabajo de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y en el Juicio a las Juntas. Como otros exdetenidos desaparecidos, aportó datos, nombres y circuitos que permitieron reconstruir un sistema que hasta entonces muchos negaban. “Sin la declaración de los sobrevivientes, las Madres y Abuelas seguirían siendo consideras unas locas”, sintetiza Teresa, en diálogo con PERFIL.

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Adriana Calvo de Laborde

Ese entramado de memorias individuales que se cruzaron y se animaron a hablar fue, para ella, el germen que empezó a abrirse paso en democracia. Pero esa historia no quedó congelada en el pasado. A medio siglo del golpe de Estado de 1976, Laborde advierte sobre una nueva disputa: la del sentido de esa memoria: "Es como empezar de nuevo, por eso duelen tanto estos 50 años".

En ese volver a empezar hay algo del recorrido de su propia madre, que tras salir del cautiverio recorrió familias, reconstruyó historias y dio testimonio cuando todavía predominaban el miedo y el silencio. Hoy, Teresa continúa ese “trabajo de hormiga”: va a escuelas, da entrevistas y participa en espacios de memoria. Lo hace y explica porque lo que está en juego no es solo el pasado, sino cómo se construye el presente.

Entrevista de PERFIL a Teresa Laborde

—¿En qué momento de tu vida tomaste dimensión real de toda esa historia?
—Esa es una pregunta que me hacen mucho los chicos en secundaria. Como "¿a qué edad te enteraste?", "¿cómo nací?". Y no hubo una edad, fue paulatino. De chiquita ya sabía que algo tenía: pasé por varios médicos, tengo un problema en el oído izquierdo, tenía la espalda muy doblada y la boca me quedó un poco torcida. Era chica para operarme, tenía que hacer ejercicios, son secuelas que quedaron de aquello tan traumático.

Después fue más gráfico, antes de declarar. Un domingo, desayunando en la cama, mis viejos nos dijeron que tenían que hablar con nosotros. Ahí nos hablaron de “malos, malísimos” y nos contaron lo que les habían hecho. También le explicaron a mis hermanos que no los habían abandonado, o sea, que no se habían ido sin saludar a trabajar al exterior, como les habían dicho.

Mi hermano, que tenía un año y medio, vio cómo entraba la patota y se llevaban a mi mamá embarazada. Lo rescató una vecina del PH, Dolly, que le sacó al nene de los brazos a un militar. Se la jugó, lo agarró como si fuera una pelota y les decía "es mi nieto, es mi nieto, no tiene nada que ver".

—¿Seguiste teniendo relación con esa vecina?
—Mis papás nunca se exiliaron, como dice en la película (Argentina, 1985), pero nunca volvimos a La Plata. La casa la perdimos, porque bajo tortura hacían firmar cosas y además nos robaron todo. Nos fuimos a Mar del Plata, pero seguimos en contacto con Dolly. Con el tiempo y las redes sociales, su nieta se contactó conmigo y cada tanto hablamos.

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Teresa Laborde en el estreno de Argentina, 1985

—¿Cómo fue la infancia en ese contexto?
—Cuando empezó el proceso del juicio yo tenía más de seis años. Me acuerdo que mi hermana se puso muy mal, pensaba que iba a volver la patota. Mis viejos, ni bien salieron, fueron a ver a las familias de los compañeros que habían quedado en cautiverio. Eso era jugarse muchísimo.

Ni bien salieron fueron a ver a Beatriz, que ella sí fue mi “abuela del corazón”. Era la mamá de Patricia Uchansky, que es una compañera desaparecida que estuvo con mi mamá en todos los centros clandestinos de detención (La ex Brigada de Investigaciones, el Destacamento "Arana", La Comisaría 5ta, el Pozo de Banfield) desde el primero hasta el último, no se conocían de nada y se encontraron ahí y se hicieron como hermanas porque estuvieron todo ese tiempo juntas.

La importancia que tienen en la historia los exdetenidos desaparecidos no está dimensionada. Ahí se cavaron la tumba, no todos tenían la fortaleza para presentarse a declarar. Muchos se fueron o no hablaron porque tenían miedo. Este grupo que pudo y que la CONADEP les pidió testimonio primero antes que el juicio, empezaron a juntarse después y a cruzar datos y a veces se reunían en casa.

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—¿Cómo transcurrió la vida cotidiana con ese pasado?
—Había amenazas. Una vez dejaron una valijita simulando ser un explosivo. Había aprietes, también amenazas de bomba cuando nos juntábamos los domingos a comer en familia. Pero yo era chica, estaba en los juegos. Escuchaba, pero también “fingía demencia”.

Memoria y presente

—Después de Argentina, 1985 se habló mucho de tu historia y la de tu madre. ¿Qué podés contarme de tu padre?
— Mi papá es Miguel Ángel Laborde, Doctor en Química, profesor en la Universidad de La Plata y fue presidente del CONICET. Tiene 78 años y es de los científicos más reconocidos, desarrolló un método para obtener hidrógeno a partir de etanol e hizo una patente, que después adquirió con una empresa de España con un convenio.

Ese es mi papá, a quien también secuestraron. Los dos eran profesores, con mi mamá. Ninguno de los dos militaba en ningún partido político. Mi mamá sí había formado un pequeño grupo, con otra gente, para el gremio de docentes en la Facultad. El día que secuestraron a mi mamá, que estaba con mi hermano de año y medio y embarazada de seis meses de mí, él estaba trabajando. Le avisan que había entrado gente y se la habían llevado y él vuelve rapidísimo a casa y ve todo revuelto. Va a la comisaría a hacer la denuncia.

Ahí le dijeron que iban a investigar el tema, pero al final lo interceptaron días después cuando se subió a un colectivo; así, violentamente, en la vía pública. Junto con mi mamá estuvo detenido en la Comisaría 5ta de La Plata. Mi papá se quedó ahí todo el cautiverio y a mi mamá le hicieron un “tour” por los centros clandestinos.

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Martina, Santiago y Teresa Laborde junto a su padre, Miguel Ángel Laborde

—¿Pensás que las nuevas generaciones están desconectadas de lo que pasó?
—No tienen ni idea de muchas de las cosas que pasaron. No saben que todavía continúan los juicios contra los represores en la actualidad. Hay una metáfora en la película de Santiago Mitre, cuando el hijo de Julio Strassera le pregunta cómo le fue y, a pesar de que el fiscal dice "mal", el nene se pone contento porque lee las condenas y le habían dado perpetua a [Jorge Rafael] Videla. Todos los demás, de las Juntas para abajo, no. Por esas cosas vino también la Ley de Punto Final.

Todo eso no lo saben los pibes, que hubo una Ley de Punto Final, no tienen idea de lo que es una Ley de Obediencia Debida. Pasó también que el tema de la transmisión del Golpe de Estado de 1976 se contó aislado de lo que pasó antes, que hubo otras dictaduras, y lo que pasó después.

Si vos le explicás a los pibes que [el exmédico de la Policía Bonaerense, José] Bergés le sacó la placenta a mi vieja a golpes, torturaba a embarazadas y a bebés, y les decís que siguió ejerciendo 25 años más como director de una clínica obstétrica en Quilmes, te abren los ojos así de grandes y no lo pueden creer. Y que "metían" picana a los detenidos hasta que dijeran "mi mamá es una puta y me la como doblada" y siguieron trabajando en la Policía después del Juicio a las Juntas, un poco pueden entender por qué la Policía los trata como los trata.

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Ese hilo conductor, en general, no se hizo. Por supuesto que los sobrevivientes que yo conocía sí lo hicieron. Los escuché diciendo que "la impunidad trae más impunidad". Y cuando mataron a Mariano Ferreira (2010) o a Luciano Arruga (2009), allá iban.

Por eso hablo de la importancia histórica de los sobrevivientes. Porque si no hubieran declarado en el juicio las Madres hubieran seguido siendo "unas locas". Porque no tenían ninguna prueba, les hubieran seguido diciendo "que no estaban, que estaban desaparecidos, que se fueron del país", qué se yo. Lo mismo para las Abuelas: "No está, es un nonato, me está hablando de un fantasma, señora".

Ni se habló del plan económico: ese puente nunca se profundizó. Porque cuando empezó la última dictadura militar había un 4% de pobreza y, ¿cuánta hay ahora? Ese plan que pagó el Plan Cóndor del Norte Global. De eso no se habla, recién ahora se están tratando de juzgar a los empresarios. Por ejemplo, Carlos Pedro Blaquier [investigado por La Noche del Apagón] murió impune.

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—¿Cómo ves el debate público actual sobre la dictadura?

—Ya Javier Milei había vuelto a instalar la Teoría de los Dos Demonios en el debate presidencial de 2023. Yo ese día no podía ni dormir. Recuerdo que quise hasta demandarlo, llamé a varios abogados para ver si alguien me apoyaba aunque sea con una demanda, que le salga plata, que no le saliera gratis todo lo que estaba diciendo.

El presidente no tiene otra interpretación de la historia: lo que está haciendo es falsificar la historia y no lo podemos permitir, debería ser punible. Porque ahora cualquier cosa que subo a redes sociales, entre la cantidad de trolls, haters y gente de carne y hueso, que ya no puedo distinguir, me dicen "zurda de mierda, te tendrías que haber muerto en el Falcón, que se joda tu mamá por tirar bombas", cualquier cosa dicen, inventan.

Hoy recibo mensajes de odio, cosas terribles. Ya sufrimos mucha violencia como para bancarnos esto. Me preocupa que quieran avanzar sobre los espacios de la Memoria. Van a terminar copando la ex ESMA, la muestra del Casino de los Oficiales, que además ya están amagando a hacerlo, y van a poner a los militares como héroes. No es que se van a ir a contar su historia a otro lugar, porque lo que quieren es borrar la nuestra.

Adriana Calvo
Adriana Calvo de Laborde

—¿Y el rol de la política hoy, especialmente de la oposición?
—No podemos quedarnos solo en el diagnóstico de la situación, sino estamos fritos. Otra cosa que tiene que parar es que no me importa a quién votaste, pero dejá de defender más tu casa política que la causa. Y esto se lo digo a los peronistas y kirchneristas, porque no es que tienen traidores en sus listas, sino que esto ya es reiterancia y reincidencia.

Siempre eligiendo el mal menor, siempre poniendo freno, yo no me olvido más. Porque en 1985 era chiquita, pero en 2006, cuando desapareció Jorge Julio López tenía 29 años, estaba por ser mamá, y nos pedían que no saliéramos con los tapones de punta por este caso en el juicio a Miguel Etchelotz porque "lo íbamos a enchastrar a Néstor [Kirchner]". Decían que lo estaban buscando y era mentira… y encima después vino [César] Milani.

A tu mismo partido político le tenés que reclamar. Sino, vas a tener que dejar de lado un poquito el partido y ponerte por la causa, porque no vamos a ir a ningún lado. Se pelean entre ellos los peronistas, están mirando para otro lado. El peronismo aportó mucho históricamente, mucha historia, muchas experiencias para copiar. Pero hoy son parte del problema y no se quieren hacer cargo.

¿Te importa permanecer en la rosca o te importa realmente que vivamos todos con los derechos básicos cubiertos? Parece que les importa que no los toquen, que no se le metan, que no los auditen… porque si cae el compañero caemos todos… Bueno, por eso a mí los sobrevivientes me enseñaron que las causas por los derechos humanos tienen que ser apartidarias.

ML