COLUMNISTAS
OPINION

En la cima no hay nada

En el contexto de incertidumbre, los viajes de Javier Milei le funcionan al Presidente como un contexto más cómodo.

220326_trump_calavera_temes_g
| Pablo Temes

Existe una categoría de pensamiento social basada en el despliegue de fantasías. En general, funcionan como desempeños ordenadores de una complejidad siempre inobservable, y que gracias a una serie de ilusiones descriptivas, logran, como servicio figuradamente cognitivo, ofrecer un aparente orden sobre aquello que no se podría de otro modo comprender. Estas fábulas se encuentran muy especializadas en señalar las redes ocultas de imaginados poderes. Con estos procesos, el caos social, repleto en realidad de contingencia y de múltiples desarrollos conjuntos, queda por el contrario, resuelto en simples redes de organizaciones y seres malignos que todo lo explicarían a través de intenciones digitadas a la perfección contra un mundo en esencia bondadoso. Arriba de todo, habría arquitectos perfectos de lo que sucede.

La teoría marxista es inseparable de esta tradición. La sola idea de una burguesía, que además de dueña de los medios de producción, desde el Estado digitaría la implementación de una ideología para subsumir las voluntades de la clase trabajadora, ha tenido consecuencias más que brutales al momento de ellos lograr hacerse victoriosos en procesos revolucionarios. La Unión Soviética tildaba de enemigo a cualquiera que tuviera un mero terreno con una humilde casa (los denominados kulaks), ya que al ser propietarios, y por lo tanto burgueses, eran de este modo en esencia, adversarios del proletariado y presuntos enemigos dispuestos a confabular con otros en un entramado siempre por ser descubierto y perseguido. La Alemania del Este espiaba con la Stasi a los ciudadanos comunes, ya que podrían complotar con alemanes “del otro” lado para destruir al régimen producto de una organización ordenada desde el capitalismo enemigo; y la China de Mao con la Revolución Cultural organizó una sospecha colectiva sin precedentes. Para estos ejemplos, la matanza y persecución era inseparable de la idea, que desde arriba, un poder organizado daba no solo orden al mundo, sino que desde ese orden denunciado, iba constantemente en contra de unos supuestos buenos.

El antisemitismo moderno, que nace a fines del siglo XIX, y que tiene como uno de sus bautismos simbólicos al caso Dreyfus, no puede separarse del mismo mecanismo confabulador. Gobiernos judíos mundiales, con banqueros y ritos de sangre con niños, representan ejemplos sencillos del modo en que complejidades alternativas a la idea de explotación capitalista, aunque algo complementarias, ya que servían a su vez para criticar la modernidad atea de la democracia y el predomino del puro mercado, fungían igualmente como herramientas aparentemente explicativas de problemas nuevos y misteriosos. En la Argentina Yrigoyen sus concesiones a los reclamos del gremio de La Fraternidad o las huelgas que terminarían en la denominada Semana Trágica son inseparables de estos convencimientos.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

La vida cotidiana de las personas suele ser rellenada con presunciones de la misma arquitectura. Amigos entre sí pueden asegurar en un asado que lo que pasa es que los empresarios tienen agarrado a Milei desde algún sitio para que él mismo reproduzca sus intereses; o que incluso los medios de comunicación más concentrados serían los arquitectos de un poder secreto junto con la justicia, y por supuesto que Donald Trump obraría solo por los intereses del petróleo porque eso “se sabe desde siempre”. En todo esto, sea desde un proceso intelectual de mayor complejidad, o a través de un derrotero de diálogo informal, una función es indudable, y es la de otorgar sentido a una sociedad que produce exposiciones de resultados no siempre alegres. Con las teorías formales o informales de la confabulación, el mundo queda ordenado, y las personas, algo más tranquilas.

Le evidencia que puede recorrer ese sugerido mundo superior no ofrece las mismas prestaciones que las fantasías relatadas de orden perfecto. Si en algo se especializa la disciplina historiográfica es en ofrecer en retrospectiva un escenario de poder que siempre es desordenado y lleno de incertidumbre, y que poco se parece a un domador de mentes colectivas. Las revelaciones de archivos previamente clasificados suelen exponer un manejo del poder más parecido a la improvisación sobre la obligación de decidir, que a la de un tablero de juego basado en un plan punto por punto a ser ejecutado. Las publicaciones de documentos sobre la guerra de Vietnam en los Pentagon Papers revelan la crudeza de la incertidumbre en escenarios bélicos, las cartas de Perón a Eva en su detención previa al estallido del 17 de octubre describen la desolación imaginada de un destino que parecía cerrado, y hasta la sorpresa en el crack de la bolsa en 1929, obran solo como ejemplos de condiciones de seguimiento social que demuestran que la sociedad moderna es, en realidad, un producto basado en una secuencia de contingencias.

Es probable que lo más decepcionante del caso Novelli sea el muy bajo nivel profesional de sus operaciones en conjunto con Milei. En lugar de reflejar un poder sólido, incluso para un supuesto delito, los rastros que deja a mano son los de una crudeza cuantiosa y ridícula difícil de comprender. Todos los días el periodismo va entregando en cuotas una nueva filtración de audios que se exponen como interminables. En ellos se deja en una oralidad indiscutible, desde el deseo de prostitutas, hasta la compra de autos de alta gama, o la cuota a pagar en dólares a otros por servicios de su escuela de negocios. Los teléfonos celulares aparecen repletos de documentos que contienen supuestos entendimientos en el armado del caso $LIBRA y mensajes a personas claves del entramado que dejan evidencias casi infantiles e indiscutibles, de unos con cada uno de los otros. Nada de esto se parece a la fantasía de un poder total.

En todo esto está la sociedad moderna y su forma trágica de funcionamiento. El mundo social contemporáneo no tiene orden, sino diferencias internas que se amplifican constantemente, ofreciendo una multiplicidad de influencias cruzadas inmanejables. Lo que existen, son formas diversas de observar el mundo, dependiendo del punto de vista del observador, y en especial, de cuál sistema trata ese esfuerzo observacional. Para la política, donde todo se organiza a través de la lógica gobierno/oposición, lo bueno será siempre propio (gobierno), y lo malo será adjudicado a los enemigos (oposición). Las confabulaciones, especulaciones, operaciones y acusaciones, son todas propias de una forma de operar dentro de la política que no tiene más para ofrecer que eso mismo, y no hará más que sostener interpretaciones sobre esa única y misma lógica. De ese modo trata, justamente, a todo lo que ocurre afuera de la política, como las noticias y filtraciones (Adorni), los avances judiciales o los cierres o aperturas de empresas. La ilusión de un poder total es una prestación necesaria del sistema político para ordenar la incertidumbre constitutiva de su propio desequilibrio.

Con Milei la politización es extrema, aunque parezca que habla de economía. Las decisiones de inversión no son tanto por los réditos económicos, el RIGI o la reforma laboral, sino por la pregunta sobre la extensión en el tiempo de una figura que parece siempre a punto de colapsar. Con las rentabilidades no hay duda, solo se hacen preguntas sobre una forma de hacer política que se excede en los mensajes de audio, y que por ahora carece de institucionalidad a largo plazo, ya que todas las garantía dependen de que él siga, y no de un proceso de acuerdo institucional. Sin confabulación contra la cual luchar, no hay proyecto de Milei que sobreviva.

El residuo que este episodio va dejando es que parece que al final, allí arriba, no hay nada más que procesos acumulados de improvisación, secuencias informales de personas desesperadas por acumular dinero en forma veloz, y descuidos preocupantes que amplían la duda sobre el resto de la burocracia estatal en esta etapa de la historia del país. Milei viaja al exterior porque puede allí sentirse un profesional de altísima jerarquía, un líder global, y olvidarse de ese modo, que en realidad por acá, todo parece un caos, a punto de estallar.

* Sociólogo.