Salud y ambiente

Microplásticos: cómo reducir su presencia en el agua, los alimentos y el hogar

Aunque eliminarlos por completo resulta imposible, los especialistas recomiendan modificar algunos hábitos cotidianos para disminuir la exposición a los microplásticos presentes en el agua, los alimentos y el aire.

microplásticos en el líquido folicular. Foto: Shutterstock-Europapress

Los microplásticos y nanoplásticos están presentes prácticamente en todas partes: fueron detectados en el agua potable, el aire y alimentos tan diversos como el pollo, las manzanas y el brócoli. Su expansión convirtió la exposición humana en un fenómeno difícil de evitar, pero los especialistas sostienen que algunas decisiones relacionadas con la alimentación, el almacenamiento de comida y la limpieza del hogar pueden ayudar a reducirla.

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Estas partículas son fragmentos diminutos de materiales plásticos que pueden ingresar al organismo mediante la ingestión o la respiración. Estudios recientes relacionaron su presencia con problemas cardiovasculares y respiratorios, alteraciones metabólicas y posibles efectos sobre el sistema endocrino, aunque los científicos todavía investigan el alcance exacto de esas asociaciones y no pueden predecir consecuencias individuales.

Beber menos agua embotellada para reducir los microplásticos

Una de las primeras recomendaciones consiste en disminuir el consumo habitual de agua embotellada en plástico. Diferentes investigaciones señalaron que, en promedio, puede contener una mayor concentración de microplásticos que el agua de la canilla. Consumir una botella ocasionalmente no representa por sí solo una catástrofe, pero llevar un recipiente reutilizable de acero inoxidable o vidrio permite limitar una fuente frecuente de exposición.

El agua de red tampoco está completamente libre de estas partículas. Por eso, otra alternativa es utilizar un filtro certificado por NSF/ANSI para reducir microplásticos. Esta certificación indica que el producto fue evaluado en un laboratorio acreditado, aunque no garantiza una eliminación total. También existen investigaciones que sugieren que hervir el agua, dejarla enfriar y filtrarla puede disminuir su concentración, pero el procedimiento resulta menos práctico para la vida cotidiana.

Evitar guardar y calentar alimentos en recipientes de plástico

El calor, la luz solar, los alimentos ácidos y el desgaste físico pueden acelerar la degradación de los envases y favorecer el desprendimiento de partículas. Por ese motivo, se recomienda almacenar comidas y bebidas en recipientes de vidrio o cerámica siempre que sea posible, incluso cuando el producto plástico esté identificado como libre de bisfenol A —BPA— o apto para microondas.

Los especialistas también desaconsejan reutilizar envases descartables para conservar o recalentar alimentos. Recipientes de comida para llevar, bolsas para leche materna y botellas de bebidas fueron diseñados para un solo uso y pueden deteriorarse con la manipulación repetida. Si se busca darles una segunda vida, la recomendación es reservarlos para funciones que no involucren alimentos ni bebidas.

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Una precaución fundamental es no calentar alimentos o agua dentro de plástico, debido a que las temperaturas elevadas pueden favorecer tanto la liberación de partículas como la migración de sustancias químicas. La recomendación incluye los envases rotulados como aptos para microondas y determinadas bolsitas de té que contienen materiales plásticos. Lo más prudente es transferir el contenido a un recipiente de vidrio o cerámica antes de calentarlo.

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El lavavajillas también alcanza temperaturas capaces de degradar el plástico, incluso cuando el fabricante afirma que el recipiente admite ese tipo de lavado. Para prolongar su vida útil y limitar el desprendimiento de microplásticos, resulta preferible lavar estos objetos a mano, sin agua excesivamente caliente y evitando métodos abrasivos que rayen su superficie.

Tablas de madera y limpieza del aire dentro del hogar

Las tablas de cortar constituyen otra fuente potencial de contaminación, ya que la acción reiterada del cuchillo puede desprender fragmentos de las superficies plásticas y trasladarlos a la comida. Las alternativas de madera o bambú pueden reducir esa exposición y, con un mantenimiento adecuado, duran más y generan un menor desgaste sobre el filo de los cuchillos. Quienes continúen utilizando tablas de plástico deberían reemplazarlas cuando acumulen cortes profundos.

El aire interior también puede transportar microplásticos mediante el polvo doméstico. Aspirar regularmente con un equipo de sistema sellado y filtro HEPA o de clase S, pasar un trapo húmedo por muebles y superficies, y limpiar con frecuencia ventiladores y filtros de aire acondicionado puede disminuir las partículas suspendidas. Un purificador de aire también puede considerarse en viviendas cercanas a calles con tránsito intenso.

Cómo disminuir la exposición de bebés y niños pequeños

Los bebés podrían estar expuestos a concentraciones de microplásticos y nanoplásticos superiores a las de los adultos, especialmente durante la esterilización de mamaderas y la preparación de fórmula. La evidencia disponible indica que las altas temperaturas y la agitación de los biberones de polipropileno pueden liberar grandes cantidades de partículas. Una medida preventiva es preparar la fórmula en vidrio, dejarla enfriar y recién después pasarla a la mamadera.

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Cuando se esterilizan mamaderas plásticas con calor, los especialistas aconsejan esperar a que se enfríen y enjuagarlas varias veces antes de agregar fórmula o leche materna. También pueden utilizarse recipientes de vidrio o silicona para calentar el contenido. En el caso de los niños que comen con las manos, incorporar el lavado de manos antes de las comidas ayuda a reducir el contacto con partículas presentes en el polvo y el suelo.

La ciencia aún no determinó cuántos microplásticos incorpora diariamente cada persona ni qué niveles producen daños específicos. Algunas investigaciones encontraron asociaciones con cáncer de colon, enfermedades respiratorias, alteraciones metabólicas y disrupciones endocrinas. Un estudio también observó que las personas con partículas plásticas detectadas en las arterias presentaban mayor riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y muerte, pero estas evidencias deben interpretarse como una preocupación de salud pública, no como un pronóstico individual inevitable.

 

LV/LT