SOCIEDAD
Contaminación marina global

La Gran Mancha de Basura del Pacífico: el océano de plástico que crece sin freno y amenaza al planeta

Ubicada en el Pacífico Norte, esta enorme acumulación de residuos se ha convertido en uno de los símbolos más alarmantes de la contaminación ambiental. Formada principalmente por plásticos y microplásticos, afecta ecosistemas marinos, altera cadenas alimentarias y plantea un desafío global de difícil solución

Microplasticos
la Gran Mancha de Basura del Pacífico | captura

La Gran Mancha de Basura del Pacífico es considerada una de las mayores evidencias del impacto de la actividad humana sobre los océanos. Lejos de tratarse de una isla compacta de residuos flotando sobre el mar, como suele imaginarse, es una vasta concentración de desechos marinos dispersos en una enorme extensión del océano Pacífico Norte, donde las corrientes oceánicas atrapan millones de toneladas de basura.

Cómo medir los microplásticos en el cuerpo humano

También conocida como Vórtice de Basura del Pacífico, esta acumulación de residuos se extiende entre la costa occidental de América del Norte y Japón. Está compuesta por dos grandes zonas: una ubicada cerca de Japón y otra situada entre California y Hawái, conectadas por corrientes marinas que transportan continuamente nuevos desechos.

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El fenómeno se produce gracias al denominado giro subtropical del Pacífico Norte, un gigantesco sistema de corrientes oceánicas que gira en sentido horario y actúa como una trampa natural para los residuos flotantes. Estas corrientes, formadas por la corriente de California, la corriente ecuatorial del Norte, la corriente de Kuroshio y la corriente del Pacífico Norte, concentran los desechos en una región relativamente estable del océano.

Qué es la Gran Mancha de Basura del Pacífico y cómo se formó

La mayor parte de los residuos acumulados proviene de actividades humanas desarrolladas en tierra firme. Diversos estudios estiman que alrededor del 80% del plástico que llega al océano tiene origen terrestre, mientras que el resto procede de embarcaciones, actividades pesqueras y otras fuentes marítimas.

Uno de los factores que favorecen la expansión de esta masa de residuos es que muchos de los materiales que la integran no son biodegradables. Los plásticos, especialmente, no desaparecen con el tiempo, sino que se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas mediante un proceso conocido como fotodegradación, impulsado por la radiación solar.

Estas diminutas partículas reciben el nombre de microplásticos, y constituyen la mayor parte de la contaminación presente en la mancha. A simple vista, la superficie del océano puede parecer relativamente limpia, pero bajo el agua se acumulan millones de pequeños fragmentos que convierten algunas zonas en una especie de "sopa plástica".

Microplásticos: la amenaza invisible que invade la vida

Además de microplásticos, los investigadores han encontrado botellas, tapones, bolsas, envases de espuma de poliestireno, calzado, cuerdas y una gran cantidad de redes de pesca abandonadas, conocidas como "redes fantasma". Un estudio realizado en 2018 reveló que estas redes sintéticas representaban cerca de la mitad de la masa total del área contaminada.

El descubrimiento formal de esta gigantesca acumulación de residuos se atribuye al navegante estadounidense Charles Moore, quien en 1997 atravesó la región durante una travesía entre Hawái y California y observó una concentración inusual de fragmentos plásticos flotando alrededor de su embarcación.

El impacto de los microplásticos sobre la fauna marina

Las consecuencias ecológicas de la Gran Mancha de Basura del Pacífico son profundas. Numerosas especies marinas confunden los residuos plásticos con alimento. Las tortugas marinas, por ejemplo, suelen ingerir bolsas plásticas creyendo que son medusas, mientras que aves oceánicas como los albatros alimentan a sus crías con pequeños fragmentos de plástico al confundirlos con huevos de peces.

Un estudio demuestra que los microplásticos pueden llegar al tejido cerebral

Los mamíferos marinos también enfrentan graves riesgos. Focas, lobos marinos y delfines pueden quedar atrapados en redes abandonadas, sogas o aparejos de pesca perdidos. Este fenómeno, conocido como pesca fantasma, provoca lesiones, amputaciones e incluso la muerte por ahogamiento.

A medida que los microplásticos ingresan en los organismos marinos, comienzan a recorrer toda la cadena alimentaria. Peces pequeños consumen estas partículas y luego son ingeridos por especies de mayor tamaño, como atunes, tiburones y mamíferos marinos. De esta manera, los residuos terminan ascendiendo en la red trófica.

Los efectos de los microplásticos en el cuerpo humano: aumento de peso, problemas metabólicos y de fertilidad

La situación se vuelve aún más preocupante porque los plásticos no solo liberan sustancias químicas durante su degradación, sino que también absorben contaminantes presentes en el agua. Entre ellos se encuentran compuestos industriales potencialmente peligrosos que pueden acumularse en los organismos marinos y trasladarse a través de la cadena alimentaria.

Por qué limpiar el océano es mucho más difícil de lo que parece

Aunque la idea de retirar toda la basura del Pacífico parece una solución lógica, los especialistas coinciden en que la tarea representa un desafío monumental. La enorme extensión afectada, sumada al tamaño microscópico de gran parte de los residuos, convierte cualquier intento de limpieza masiva en una operación extremadamente compleja.

Los expertos advierten que las redes diseñadas para capturar microplásticos también podrían atrapar plancton, larvas y otras formas de vida marina fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas oceánicos. Además, la dispersión de los residuos dificulta determinar con precisión el volumen total de contaminación acumulada.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha señalado que la dimensión del problema es tan grande que serían necesarios decenas de barcos trabajando durante largos períodos para retirar apenas una pequeña fracción de los residuos presentes en el Pacífico Norte.

A esto se suma un obstáculo político, la mancha se encuentra en aguas internacionales, lejos de las costas de cualquier país, por lo que ninguna nación tiene la responsabilidad directa de financiar una limpieza integral ni de gestionar la zona de manera exclusiva.

LV/fl