Disparó contra Ian Cabrera Núñez

“Sufre más por la otra familia”: cómo vive la familia del adolescente que disparó en San Cristóbal

Allegados a la madre del joven acusado del ataque aseguran que atraviesa un profundo dolor y sostienen que “hay dos familias destruidas”. Mientras avanza la causa judicial, la familia del agresor permanece resguardada.

Un alumno mató a un compañero en una escuela de Santa Fe Foto: NA

En la localidad santafesina de San Cristóbal, avanza la investigación por el ataque en la escuela N° 40 que terminó con la vida de Ian Cabrera Núñez de 13 años. Mientras tanto, el entorno del adolescente acusado del ataque comienza a expresar su postura, atravesada por el dolor, el desconcierto y una mirada que pone el foco en el impacto que la tragedia tuvo sobre ambas familias involucradas. “Acá hay dos familias víctimas”.

Mientras la investigación avanza y la comunidad educativa intenta retomar cierta normalidad, las voces cercanas a la familia del agresor describen un cuadro atravesado por la angustia, pero también por una defensa emocional que busca poner el foco en el contexto del menor.

El adolescente, identificado como G.C., permanece resguardado en un lugar cuya ubicación solo conocen su madre y las autoridades judiciales. Por su edad, es inimputable, aunque este viernes a las 9 se realizará la audiencia de atribución del hecho en los tribunales locales, tras la cual, los fiscales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) santafesino darán una conferencia de prensa en la que brindarán detalles de la investigación.

En ese escenario, allegados a la madre aseguran que la mujer atraviesa un momento de profundo impacto y que, “una vez que calme el dolor”, dará su versión. “Sufre más por la familia del chico que falleció que por su propio hijo”, afirmaron en diálogo con el diario Clarín. Además, insistieron en que la tragedia dejó a “dos familias destruidas”. “Acá hay dos familias víctimas”, agregaron. 

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La familia es bastante conocida en San Cristóbal. Desde hace más de dos décadas manejan una forrajería tradicional en la esquina de Caseros y Alberdi, “Gretter” se llama, donde se ofrecen alimentos para perros, gatos y otras mascotas; también una distribuidora de garrafas frente al local. Vecinos los describen como personas trabajadoras, de trato cordial y sin antecedentes conflictivos. 

La madre del adolescente, además, es maestra jardinera, actualmente con licencia por motivos psicológicos, y, según testimonios recogidos en el entorno, fue el principal sostén del hogar. “Hacía todo por sus hijos, trabajaba jornadas muy largas. Eso la terminó afectando”, señalaron.

Además, la madre del adolescente tiene una hija estudiando en Santa Fe Capital. Se separó del padre de los chicos y hace aproximadamente un poco más de un año que está en pareja con un policía retirado de San Cristóbal.

Sobre el joven, las descripciones coinciden en un perfil introvertido. “Era sano, no hablaba mucho con nadie”, relató un conocido al matutino porteño. "Le gustaba cazar pero no iba seguido. No sé (si iba) con el padre en su momento”, expresó. La figura paterna aparece, en esos relatos, como distante: el padre biológico vive en Entre Ríos y es señalado como “un ausente total”; y señaló que quien se ocupaba de todo en la vida del chico era su madre.

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Por su parte, Néstor Oroño, abogado de la familia del adolescente, contó que el papá vive en San Jaime de la Frontera, en Entre Ríos, distante a 516 kilómetros. Consultado sobre quién le enseñó a manipular la escopeta, ya que el portero que redujo al tirador en la escuela contó que "era muy ágil para abrir, recargar rápido y disparar, se veía que tenía experiencia", Oroño respondió: "Lo desconocemos. Eso, la verdad, no lo sabemos nosotros". 

“No lo pensé, al momento de actuar, actué y reduje al chico”, contó el portero al ser consultado sobre el momento del ataque y agregó: "La primera imagen que tengo fue la de él con la escopeta apuntando a los chicos. Cuando miro, Ian estaba ya en el piso. Cuando veo que volvió a tirar lo encaré y se asustó cuando me vio que iba corriendo. Ahí veo que me apuntó y gatilló, pero el disparo no salió."

Ese contraste entre la imagen previa del adolescente y la violencia del ataque profundiza el desconcierto. En la propia escuela lo recordaban como un alumno destacado: meses antes había sido elegido “mejor compañero”, reconocimiento que recibió en el mismo patio donde luego ocurrió el tiroteo. “Cuando recibió el diploma estaba contento”, recordó una docente de la institución. Mientras que una colega suya agregó que el chico “era un excelente alumno, bueno, atento con los detalles”.

El episodio, que dejó además ocho heridos, pudo haber tenido consecuencias aún más graves de no ser por la intervención del portero que logró reducir al agresor en medio del ataque.

En paralelo, la causa judicial busca determinar aspectos aún no esclarecidos, como el origen del arma y el conocimiento que tenía el menor sobre su uso.

 

RM/ff