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Aficionados, no fondos, deben ser los dueños de los equipos: Azcárraga

El Estadio Azteca de Ciudad de México ha albergado más partidos mundialistas que ningún otro. Es donde Diego Maradona marcó su famoso gol “La mano de Dios” en 1986. También es hogar de uno de los equipos de fútbol más venerados de México: el Club América.

America v Tigres UANL - Torneo Clausura 2020 Liga MX
Emilio Azcárraga | Fotógrafo: Hector Vivas/Getty Images

El Estadio Azteca de Ciudad de México ha albergado más partidos mundialistas que ningún otro. Es donde Diego Maradona marcó su famoso gol “La mano de Dios” en 1986. También es hogar de uno de los equipos de fútbol más venerados de México: el Club América.

Es un buen lugar para platicar con Emilio Azcárraga, el dueño del equipo, un par de horas antes de que el América varonil ganara su 15° título de liga el pasado 26 de mayo. Este logro es especialmente significativo, ya que se suma al triunfo en el torneo de Clausura, otorgando al América un bicampeonato histórico

Azcárraga, de 56 años, llega al estadio temprano y la única condición para la entrevista es que no hablemos de posibles resultados del partido. Es muy supersticioso. Dos horas antes de que empiece el encuentro, el Azteca ya está pintado de playeras amarillas.

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El América ha tenido un buen año de resultados, no sólo en la cancha de futbol. La empresa dueña del equipo, Ollamani SAB, se escindió de Grupo Televisa SAB en febrero, y las acciones no han hecho más que subir. Están arriba 49% desde que la acción debutó en la Bolsa Mexicana de Valores con el ticker AGUILCPO, en alusión a Águilas, el apodo del equipo. Un ollamani es un jugador de un antiguo juego de pelota popular en el México prehispánico.

La salida a Bolsa hizo del América el primer equipo de futbol que cotiza en México –y de los pocos que lo hacen en el mundo –junto con el Manchester United Plc de Inglaterra, el Borussia Dortmund de Alemania y el Juventus Football Club SpA de Italia.

“Siempre hemos querido ser innovadores”, dice Azcárraga, de pie fuera de su palco antes del partido, que se retrasaría unos 40 minutos debido a una intensa tormenta. “Ollamani está apenas viviendo sus primeros meses de nacimiento, pero estoy seguro de que va a ser el principio de una larga historia”.

Azcárraga fue director de Televisa hasta 2017, cuando cedió el título a otros dos ejecutivos y se quedó como presidente del Consejo. Fundada por su abuelo, la compañía de medios manejaba la cadena televisiva más vista en México, así como los operadores más grandes de cable y de TV de paga. En un acuerdo en 2021 con Univision Holdings Inc., combinaron gran parte de la producción de contenido y así comenzó la idea de escindir al equipo de futbol y a otros activos.

En Ollamani, Azcárraga está encargado de un imperio más pequeño. Además del equipo, están los casinos Play City y la operación editorial. Pero es claro que el futbol – y el equipo que su padre construyó– es donde está la pasión de Azcárraga.

Tras un empate en el partido de ida de la final del Clausura 2024, el partido empieza mal para el América, con algunos intentos de gol del Cruz Azul que ponen nerviosos a los aficionados locales. Pero cerca del final del segundo tiempo, el árbitro cobra un polémico penal a favor del América que a la postre le da el campeonato a las Águilas.

Como era de esperar, Azcárraga no cabe en sí de gozo. Está rodeado por su esposa, Sharon Fastlicht, y por una docena de sus amigos y familiares más cercanos, que lo envuelven en abrazos durante unos diez minutos. Esta vez ha conseguido contenerse, ya que suele correr emocionado por el terreno de juego. Al día siguiente, el equipo femenino del Club América jugaría —y perdería— la final de su liga. 

Azcárraga dice que los dos equipos del América y la selección nacional de México son los únicos a los que apoya. Confiesa tener una inclinación nacionalista cuando se trata de deportes, pues cree que los dueños deben estar conectados con sus comunidades de aficionados.

“Me resulta contradictorio que el propietario de un fondo de inversión tenga una parte del Manchester United, pero no apoye necesariamente al equipo”, dice en una entrevista posterior en su oficina de Lomas de Chapultepec, el frondoso y montañoso barrio que alberga a muchos de los empresarios de Ciudad de México. “La economía es importante, lo entiendo, pero tienes que animar al equipo del que eres dueño para entender cuánto duele perder. Eso es fundamental”.

Los comentarios de Azcárraga llegan en un momento en que los equipos deportivos son considerados cada vez más como una clase de activos por los fondos de capital riesgo. Clubes como el Chelsea FC, el Atlético de Madrid, el Manchester City y el AC Milan tienen vínculos con fondos de capital riesgo.

Tras el partido del equipo varonil, el estadio Azteca se cierra para una renovación multimillonaria de cara al Mundial de 2026. México, Canadá y Estados Unidos compartirán la organización, pero el Azteca será la sede del primer partido.

Fundado en 1916, el Club América ha ganado más títulos que ningún otro equipo mexicano. En 1959, el padre de Azcárraga adquirió el club e inmediatamente se puso a construir un estadio digno de un Mundial. El Tigre, como se le conocía, fue una figura legendaria, conocida por convertir Televisa en un imperio empresarial y por utilizar su poder mediático para ejercer una fuerte influencia en la vida política.

El estadio que encargó fue diseñado por el renombrado arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, cuya cartera incluía otros edificios emblemáticos de Ciudad de México, como el Museo de Antropología y el palacio del Congreso.

Inaugurado en 1966, Azcárraga reconoce que está anticuado, con añadidos y reparaciones que han dado al viejo edificio una sensación de remiendo a lo largo de los años. La renovación aumentará el aforo a unos 87.000 espectadores, además de nuevos vestidores, baños y áreas de alimentos.

“Me han preguntado por qué decidimos no tirarlo”, dice Azcárraga sobre el Azteca. “Pero creo firmemente que los estadios tienen alma y corazón. Están construidos con historias de muchísimos fanáticos que han vivido allí experiencias inolvidables. Hay mucha historia de fútbol: Maradona, Pelé, los triunfos de nuestra Selección. No es solo porque mi papá lo hizo”.

Ollamani está financiando la renovación del estadio en parte mediante patrocinios y derechos de denominación, y la empresa está avanzando sustancialmente hacia sus objetivos de financiación, dice Azcárraga. El empresario no está preparado para decir qué licitador pondrá su nombre en el estadio, pero señala que hay muchas oportunidades para que empresas más pequeñas patrocinen secciones del estadio o partes de la experiencia del aficionado.

Mientras el recinto se renueva, los equipos varonil y femenil jugarán en otro estadio, lo que supone un nuevo reto para continuar con el éxito de esta temporada. Azcárraga atribuye al menos parte del repunte de las acciones de Ollamani al rendimiento del club sobre el terreno de juego, pero afirma que la empresa está hecha para triunfar incluso cuando el equipo no lo hace.

“Somos muy institucionales y responsables”, afirma. “Los fundamentos siempre estarán ahí”.