De todo ello, al menos, saqué esta conclusión: que al hombre le resulta imposible olvidar. Mil acontecimientos pueden y deben tender un velo entre la conciencia presente y las inscripciones secretas del alma; accidentes de la misma naturaleza también pueden rasgarlo; pero, velada o al descubierto, la inscripción permanece siempre.
Thomas De Quincey (1821)
Hace tiempo que me convencí de que mi trayectoria hacia la microhistoria se ha caracterizado por el análisis de casos anómalos.
Carlo Ginzburg, “Un lapsus de Marc Bloch”, Le Grand Continent, publicado el 17 de junio de 2026
Es completamente obvio que el apoyo de las masas al totalitarismo no procede ni de la ignorancia ni del lavado de cerebro.
Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo
Por todas partes, la gente espera a un mesías, y el aire está cargado de las promesas de profetas grandes o menores... todos compartimos la misma suerte: llevamos dentro más amor, y sobre todo más anhelo, de lo que la sociedad actual puede colmar. Todos hemos madurado para algo, y no hay nadie que recoja el fruto...
Karl Mannheim (1922), citado en Pankaj Mishra, La edad de la ira
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1. La RAE define al “síntoma” de la siguiente manera: a) Med. Fenómeno que revela la existencia de una enfermedad y sirve para determinar su naturaleza. b) Señal o indicio de algo que está sucediendo o va a suceder. Está claro que la cuestión Adorni representa una enfermedad institucional. Lo que enseña el diccionario es que también representa una señal. Un indicio.
2. En el debate del balotaje de noviembre de 2023, cinco analistas consultados por Infobae aquella misma noche coincidieron en que Massa había ganado con claridad. Enrique Zuleta Puceiro lo formuló mejor que nadie: “En la parte técnica, Massa es muy superior”. Pero inmediatamente agregó la pregunta: “Lo que me pregunto es si lo que ha visto la gente, desde afuera, no ve más bien el político suficiente, canchero, capaz, frente al político un poco más rudimentario, pero más sincero”. Massa ganó el debate. Milei ganó la elección por once puntos. El Manuel Adorni que no puede responder a las preguntas más elementales de la prensa, el que dibuja una declaración jurada plena de inconsistencias, el que piensa más en su destino personal –no ir preso– quizás deba ser visto en relación a la sociedad que vota a LLA, enojada con la política. Adorni no es defendido a pesar de sus torpezas sino gracias a ellas. No es solo la corrupción lo que está en juego: es la identidad del Gobierno. Para una parte de la sociedad, el jefe de Gabinete representa el heroísmo evasor al que se refirió alguna vez Javier Milei, que habló de la moral como política de Estado.
3. En una interesante encuesta en la calle del programa Batalla cultural, de El Destape (interesante porque evita todo el sesgo), uno de los entrevistados defendía al aún jefe de Gabinete. Su argumento era parecido al que utilizó Adorni en la entrevista en La Nación+ con José del Río: “¿Y qué querías que haga –preguntó el transeúnte elegido al azar–? ¿Querías que se los deje a la política?”. Hay algo pregnante en esa argumentación que una sociedad que sigue enojada con la política, más allá de los decepcionantes logros del Gobierno en materia de bienestar social. La opción por el loco, por la anarquía, por la impericia a la hora de gobernar también revela no solo los modos del Gobierno, sino que es la otra forma de un proyecto.
4. La pregunta por la sociedad que vota así tiene una respuesta en el proyecto que lo sustenta. La Argentina que recibe a Peter Thiel, en la que el Presidente le contesta a historiadores como Yuval Harari, podría funcionar como un síntoma, un indicio: los políticos inhábiles parecen ser la condición de necesidad de los proyectos extremos. Hay ideología detrás del caos gobernante. Hay un método.
5. Curtis Yarvin, quien opera como arquitecto intelectual de este proyecto, tiene un nombre para lo que destruye: la Catedral. No es una metáfora religiosa, sino un diagnóstico: la alianza entre las universidades, los medios y el Estado administrativo que produce y reproduce el consenso progresista como si fuera sentido común universal. La solución de Yarvin no es conquistar esas instituciones sino dejarlas colapsar. Peter Thiel, que estudió filosofía en Stanford y se formó con René Girard, financia ese proyecto con la misma disciplina con que financia startups: la Thiel Fellowship paga a jóvenes para que abandonen la universidad, el Dialog reúne en secreto a las élites de la reacción, y su aforismo más célebre funciona como programa político: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Alex Karp completó su doctorado en teoría social en Frankfurt bajo la dirección de Habermas –el gran teórico del espacio público democrático– y desde esa plataforma construyó Palantir, la empresa de vigilancia masiva que vende sus servicios a los Estados que la democracia, según sus teóricos, debería controlar.
6. En el libro La edad de la ira, el escritor indio Pankaj Mishra describe el origen del fascismo, allá por 1919, de la siguiente manera: “Voluntarios entusiastas –adolescentes desbordantes de testosterona así como socialistas pedantes– llegaron desde lugares tan distantes como Irlanda, la India y Egipto para unirse al carnaval de erotismo militarista de Fiume. Para ellos, la vida, huérfana de sus viejas reglas, parecía estar comenzando otra vez: una existencia más pura, más hermosa y más honesta”. La promesa antiintelectual y el desafío a la institucionalidad sostenida en ideas, ideas que puedan convocar y convencer a otros, se reemplaza por una política más pasional, una erótica sintomática del poder.
7. Esta semana falleció el gran historiador Carlo Ginzburg. Su obra es de las indispensables y tiene varios niveles de lectura, además de lo más importante, su enorme calidad de escritura, tan gentil como erudita. Uno de sus grandes aportes fue el método indiciario. Aquel que usan los detectives, los psicoanalistas y los especialistas en detectar la autenticidad de una obra de arte: el detalle que enuncia un síntoma, aquello que emerge pese a todo.
En tiempos mundialistas hay que estar especialmente atentos a los indicios. La enfermedad de la democracia produce mucho más que fiebres futboleras.