viernes 24 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS olivosgate
15-08-2021 00:07
15-08-2021 00:07

Cisne blanco

El caso abrirá la discusión sobre cómo sigue el FdT y la sucesión presidencial.

La multiviralizada fotografía del cumpleaños de Fabiola Yañez tendrá efecto en un proceso que se percibía lentamente avanzando: el vaciamiento de contenido de la palabra presidencial, la licuación de su credibilidad, y la aceleración de su transitoriedad.

Scandalum. John B. Thompson en su gran libro “El escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios de comunicación” (Paidós, 2000), había anticipado que esas situaciones “también nos enseñan algo acerca de la naturaleza del poder y su fragilidad, sobre los modos en que se ejerce el poder en nuestras sociedades, sobre los tipos de recursos en que se basa y sobre la rapidez y la brusquedad con puede perderse”. En esta frase Thompson predice los próximos días de Fernández. Pero en este contexto surgen muchos interrogantes sobre quién (o quiénes) tuvo en sus manos una foto del 14 de julio de 2020 y por qué decide lanzarla un año después. Crecen desde algunos funcionarios cercanos al Presidente la idea que se trató de un “inside job”, lo que redundará en un incremento exponencial de la desconfianza al interior del Gobierno. Tiene como precedente la autodenuncia sobre el “Vacunatorio vip” que la llevó a cabo el propio Horacio Verbitsky y que terminó con la caída del entonces ministro de Salud Ginés González García. Sin embargo, tampoco se puede dejar de considerar otras motivaciones (hasta descuidos o algún avivado) situaciones que a veces, suelen ser tan descabelladas que suelen descartarse de entrada. Pero el daño político se ha consumado.

En busca de la pista perdida. El episodio tiene aristas relevantes, en primera medida con qué carácter habría accedido a que Fabiola Yañez organice un brindis en la Quinta de Olivos quien había asumido el “poder soberano” con la capacidad de restringir la circulación y derecho de reunión de la población por decreto en vista de la pandemia. ¿Fue un hecho de inconciencia como dio a entender el Presidente en su intento de disculpas en Olavarría o es que en definitiva las regulaciones no alcanzan a los gobernantes? Luego, y a manera de literatura negra, el investigador de turno podría preguntarse ¿quién se beneficia con el caso? Se abren tres hipótesis complementarias, la primera es que se busca deslegitimar la figura presidencial para acelerar la transición de la segunda parte del mandato, luego que se busca ajustar el poder de decisión del Presidente, o finalmente que se quiere perjudicar electoralmente al Frente de Todos. De cualquier forma, lo que se abrirá inexorablemente en la alianza gobernante es la discusión tanto sobre la continuidad del Frente como de la sucesión presidencial.

La inquietud sobre el “Fabiolagate” interroga al acto electoral con la pregunta si se podría transformar en un “cajón de Herminio”, en recuerdo del incendio de una urna funeraria en el acto de cierre de la campaña del peronismo en 1983, y que terminó calcinando a la fórmula Lúder-Bittel. Probablemente no, pero sin dudas aquel acto muy anterior al libro de Thompson, dio cuenta del poder de una imagen replicada en todo el sistema de medios. Casi cuarenta años después la sociedad argentina metaboliza con resignación éstas y otras situaciones. Además, los núcleos duros, es decir el 25% de votantes del kirchnerismo y el 25% del macrismo marcan la cancha de una polarización que se ha petrificado, y no mutará. Claro que surge la discusión sobre qué pasa con el voto blando, en pocas palabras si el FdeT seguirá conservando el 15% restante para que no cambie nada, un objetivo nada despreciable de los headquarters del todismo.

Somos todos. Pero otra discusión se abre cuando se observa la respuesta para argumentar a favor de Fernández por parte de militantes y funcionarios cercanos al Gobierno: “Los de Cambiemos también organizaron reuniones y fiestas en plena cuarentena” o “¿se pueden imaginar las fiestas que hubiera organizado Macri en caso de ser presidente? Estos argumentos especulares tienen como consecuencia fortalecer una idea que procede del 2001: la dirigencia política sería una casta homogénea que organiza la vida pública según sus intereses particulares. El ataque hacia la “casta política” fue el argumento central para el crecimiento de Podemos en España, a partir del movimiento de los indignados y que terminó llevando a uno de sus fundadores (Pablo Iglesias) a una vicepresidencia aliado al PSOE. En Argentina el argumento de ir contra la casta es predominio de la derecha extrema encarnada en la figura de Javier Milei.

Mileinials. Milei ha roto el corralito de los estudios televisivos para dar el amplio salto a un acto público muy concurrido en la Plaza Holanda de Palermo. En un escenario fuerte, acompañado por su primer candidato a diputado por CABA, el youtuber Rodrigo Marra (quien supo ser candidato de Matías Tombolini) Milei descargó con la furia con la que nos tiene acostumbrados frases como “vamos a derrumbar el modelo defendido por la casta política, que solo nos ha hecho más pobres”, o “el año pasado festejaba acá mi cumpleaños, y me comprometía a que me iba a meter en política, que me iba a meter en el barro para sacar a los políticos con patadas en el culo”.

Por sus características discursivas y estéticas la figura de Milei ha calado principalmente en sectores jóvenes de clase media y alta. Sin embargo, sus intervenciones han ido mutando de desde aquel outsider televisivo despeinado que decía encuadrarse en la Escuela Austríaca de economía y que tiene entre sus máximos exponentes a Carl Menger, Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek. Con el tiempo Milei ha ido dejando de lado su narrativa escolástica mutando a un discurso mucho más llano con un histrionismo inusual que a veces bordea la violencia simbólica.

Hoy la figura de Javier Milei está constreñida a determinados grupos juveniles localizados en centros urbanos, pero surge la pregunta sobre qué pasaría si su figura actualizaría el “que se vayan todos” veinte años después de 2001 comenzando a llegar a los sectores juveniles (y no tanto) de las periferias muy pauperizados y que han sufrido como pocos las consecuencias de la pandemia.

*Sociólogo (@cfdeangelis)