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COLUMNISTAS / reaparicion politica de la ex presidenta
domingo 25 noviembre, 2018

Cristina conducción

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por Beatriz Sarlo

Otra vez en el escenario. Cristina Fernández de Kirchner durante el autodenominado Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico en el microestadio de Ferro. Foto: na

Desde el pasado lunes hasta el jueves tuvo lugar la Octava Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, organizada por Clacso. En el microestadio de Ferro, la inauguraron Dilma Rousseff y Cristina Kirchner. Clacso es la sigla que identifica al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, una plataforma internacional relevante en los años de las dictaduras militares, porque en ella se apoyaron muchos intelectuales obligados a partir hacia el exilio. Se trataba entonces de cientistas sociales, en general ubicados a la izquierda del espectro ideológico, pero también reconocidos por sus trabajos de investigación.

En reuniones de Clacso escuché a Tulio Halperín Donghi y a Torcuato Di Tella. No hicieron propaganda directa, no consideraron que esas reuniones eran un simulacro de la escena política. Recuerdo discusiones calientes, como cuando un secretario argentino de Clacso quiso embanderar a los cientistas sociales en el apoyo a la invasión de la dictadura a las Malvinas. Y recuerdo que quienes estábamos en contra fuimos escuchados con respeto y, de hecho, logramos el fracaso de tal respaldo al patriotismo de Galtieri.

Comité Clacso. Las cosas cambiaron. Si alguien hubiera querido cuestionar a Cristina Kirchner después de su discurso del lunes pasado, habría terminado abrumado por los silbidos de repudio. Porque se trataba de un acto político, bajo el título pretencioso de Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico. En primera fila, la flor y nata del cristinismo (hoy todos disputan para integrar esa categoría): Rossi, Sabbatella, Espinoza, Baradel, Yasky; un premio Nobel como Pérez Esquivel y un precandidato demócrata a las últimas elecciones en EE.UU., Bernie Sanders. Naturalmente, el generoso sindicato de porteros y encargados de edificios apoyó el foro, así como, con igual generosidad, financia la universidad UMET, por obra y gracias del ahora CEO de Página/12, Víctor Santa María, que también sostiene ese diario.

Como siempre, las interpretaciones que hizo CFK en el Foro fueron desviadas o parciales

En fin, la flor y nata del progresismo nac & pop. Con decirles que una mesa redonda sobre comunicación y democracia fue moderada por Ignacio Ramonet (que tiene antecedentes para hacerlo) en yunta con la presidenta de Telesur, el canal venezolano, donde el pluralismo está proscripto por servir a los reaccionarios que se oponen a la república bolivariana.

El otro rasgo distinguido de la primera jornada del evento fue que en las intervenciones sobre Cuba nadie sucumbió a la mentira imperialista de que en la isla gobernada hace sesenta años por la familia Castro se encarcela, se vigila o se persigue a los opositores. Lo de Cuba, moderado por Atilio Borón, fue una emotiva y nostálgica ficción. A nadie se le ocurrió discutir la bibliografía, porque los funcionarios-militantes solo leen libros autorizados. Si no fuera inútil, a esos oradores me permito recomendarles un libro breve de Claudia Hilb: La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución Cubana. Allí se citan disposiciones muy ilustrativas de la Constitución que rige en la isla, donde “se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista”. ¿Qué tal? Habría sido interesante que las entusiastas defensoras del régimen isleño (en femenino, porque eran mayormente mujeres) pudieran discutir con Manuel Cuesta Morúa y la bloguera Yoni Sánchez.

Fue funcional a sí misma y a los que la tenían de límite y ahora la aceptan en clave de bóveda 

Como en el Salón Blanco. Sin embargo, además de los vivas a las revoluciones cubana y chavista, lo más importante de este primer día fue el discurso de Cristina Fernández de Kirchner. Presentada por Pablo Gentili, responsable de la dirección de Clacso, como si fuera un locutor del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, la senadora dio una clase. Es posible acordar con mucho de lo que dijo. Lo nuevo es que se ha olvidado de Ernesto Laclau. Cristina ya no parte en dos la sociedad, como se le había enseñado.

Ahora ha comenzado a preocuparse por la construcción de plurales y transversales "subjetividades políticas, diversos portadores de nuevos sentidos comunes". Pasó a la bibliografía francesa que antes no ocupaba estantes en su biblioteca. Alguien le acercó a Michel de Certeau, Robert Castel y Pierre Rosanvallon, incluso la revista Esprit, a los que sería injusto culpar por la ensalada teórica servida por la expresidenta.

Como siempre, las interpretaciones de CFK son desviadas o parciales. Pondré solo un ejemplo, ya que no vale la pena hacer una crítica académica y tampoco quiero que los gentiles lectores me llamen pedante. La ex presidenta dijo (textualmente) que después de la Segunda Guerra Mundial "el estado de bienestar fue un tapón ante el oso comunista". La docta señora no pronunció una palabra sobre los partidos laboristas y socialistas que lo construyeron o lucharon para que se construyera. Debe ser porque les tiene bronca a los ingleses.

Con la desenvoltura con que siempre usó grandes principios como adorno de las movidas tácticas, Cristina dio el discurso que necesita su militancia para confirmar que ella será la prenda de unidad del peronismo, porque así lo dicen las encuestas y las temerosas ambiciones de quienes van por la reelección. Fue funcional a sí misma y a todos los que antes la tenían como límite y ahora la aceptan como clave de bóveda.

Clase magistral. Cristina se propuso dar una clase de filosofía política (la señora le da a cualquier instrumento conceptual usado por ella una dimensión de filosofía política). Es necesario, explicó, "acuñar una nueva categoría, un frente social cívico patriótico en el que se agrupen todos los sectores agredidos por las políticas del neoliberalismo, que no son necesariamente de derecha ni de izquierda". Lo que, antes, se llamó un frente amplio. Y nos iluminó una escena donde los conceptos de derecha e izquierda son "funcionales al neoliberalismo". Eso cae bien en la táctica de puertas abierta del justicialismo: somos todos iguales y lo que hay que hacer es unirse para ganar la elección, lo que significa renovar nuestros mandatos legislativos y ejecutivos. Y, a quien le dé el cuero, anotarse para la presidencia, si la señora decide no concursar.

Fue un mamarracho lo que pintó sobre la Revolución Francesa y los tres poderes del Estado

La ambición intelectual de Cristina la llevó a un repaso de la forma tripartita de gobierno. Dio un ejemplo que mete miedo: nadie se sacaría una muela con técnicas de 1789, ¿por qué seguir entonces con el gobierno tripartito si su origen tiene esa misma fecha? El recurso a la historia es impreciso y equivocado, pero nadie estaba en ese microestadio de Ferro para plantear objeciones al mamarracho pintado por Cristina sobre la Revolución Francesa y los tres poderes. La tradición republicana de Natalio Botana es lectura recomendada a la señora. Caso contrario, que no hable de lo que ignora. Las abogadas exitosas saben un poco de todo, pero ese poco a veces no alcanza.

Sobre todo, porque muchos estaríamos de acuerdo en buscar formas de institucionalidad más representativas de la sociedad actual. Solo que no la seguiríamos a Cristina, porque, ganadas esas elecciones, no sabríamos adónde nos conduce.

De creerle a Pablo Gentili, el mencionado funcionario de Clacso, Cristina es "una de las mujeres que ha transformado la historia". Sin duda, ha transformado también su propia historia, por factores diversos: el talento político y la muerte prematura de Néstor Kirchner; y, por supuesto, la capacidad histriónica superior a la capacidad intelectual de la viuda. Gentili debe tener razón: hubo decenas de miles de inscriptos para presenciar el discurso, en vivo o en las pantallas que rodearon la sede del microestadio.

Solo una pequeña reflexión sobre el uso político de instituciones como Clacso, que tienen un pasado no solo ideológico sino también académico. Así como el mundo será Tlön, según dijo Borges, ¿la Argentina será K? Seguro que en alguna sede de Clacso un funcionario comprometido, ateniéndose a los datos y examinándolos con rigor, estará investigando la respuesta.


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