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De Zárate a Irán: la larga sombra del antisemitismo en sectores del peronismo

La presencia del embajador palestino en Zárate disparó una discusión sobre la frontera entre la crítica a Israel y los discursos antisemitas

HCD Zárate
HCD Zárate | Prensa

Hay episodios que, observados aisladamente, pueden parecer apenas una expresión más de la política argentina. Pero cuando se los coloca dentro de una secuencia, adquieren otra dimensión.

El reciente acto realizado en el Concejo Deliberante de Zárate es uno de ellos. Sectores políticos y sociales vinculados al peronismo organizaron allí una actividad en apoyo de Palestina, con el recinto embanderado con los colores palestinos y la participación del embajador del Estado de Palestina, Riyad Alhalabi.

El episodio provocó críticas y obligó incluso a funcionarios municipales a marcar distancia y reivindicar el rechazo a toda forma de terrorismo, antisemitismo, odio y violencia contra civiles. Defender los derechos de los palestinos no es antisemitismo.

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Criticar al gobierno de Israel tampoco lo es. La situación se vuelve sensible cuando la crítica política se transforma en demonización, cuando se utilizan viejos estereotipos antijudíos o cuando la hostilidad hacia Israel termina convirtiéndose en una bandera identitaria.Y allí resulta inevitable mirar algunos antecedentes.

Una aclaración necesaria. No sería serio afirmar que el peronismo en su conjunto es antisemita. Dentro de ese movimiento hubo y hay dirigentes y militantes judíos, y también peronistas que rechazaron explícitamente toda forma de antisemitismo. Pero también existieron sectores y dirigentes que reprodujeron discursos antisemitas o conspirativos.

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Un ejemplo contemporáneo es Santiago Cúneo. En 2018, la DAIA condenó expresiones suyas que vinculaban al llamado “sionismo internacional” con la política argentina y recuperaban la denominada teoría del Plan Andinia, una vieja conspiración antisemita que sostiene, sin ninguna evidencia, que existe un supuesto proyecto para crear un Estado judío en la Patagonia argentina y chilena.

El dato adquiere especial relevancia hoy: en agosto de 2026, Cúneo se incorporó formalmente al Partido Justicialista bonaerense y manifestó su intención de competir por la gobernación en 2027. Al hacerlo, reiteró además su posición de que es “propalestino” y calificó a Netanyahu de “criminal de guerra”.

No corresponde atribuir sus posiciones a todo el PJ.Pero sí preguntarse qué significa que un dirigente con esos antecedentes pase a integrar formalmente sus filas. De Cúneo a D’Elía.

Otro nombre resulta imposible de soslayar: Luis D’Elía.

Durante el kirchnerismo, D’Elía mantuvo estrechos vínculos con Irán y viajó en varias oportunidades a ese país. Un cable diplomático estadounidense posteriormente divulgado lo describió como una suerte de “alter ego de Néstor Kirchner”, alguien capaz de expresar posiciones que podían resultar inconvenientes para el Gobierno.

D’Elía fue además uno de los dirigentes argentinos que defendieron públicamente el acercamiento a Teherán y cuestionaron las acusaciones contra ciudadanos iraníes por el atentado contra la AMIA. En 2013, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner firmó con Irán el controvertido Memorándum de Entendimiento sobre la causa AMIA. El acuerdo nunca entró en vigor, pero provocó una enorme controversia y posteriormente una investigación judicial por supuesto encubrimiento.

El fiscal Alberto Nisman denunció en enero de 2015 la existencia de un supuesto plan destinado a favorecer a los ciudadanos iraníes acusados por el atentado y vinculó esa maniobra con el Memorándum.Pocos días después, Nisman fue asesinado. La Justicia federal determinó que se trató de un homicidio.

En 2025, la Fiscalía ratificó que el crimen estuvo motivado por su trabajo como fiscal de la causa AMIA y, particularmente, por su investigación y denuncia sobre el Memorándum con Irán. Los autores materiales e intelectuales del asesinato todavía no fueron identificados. Ese mismo año, Cristina Fernández de Kirchner recomendó a jóvenes militantes la lectura de El mercader de Venecia, de William Shakespeare, para referirse a los llamados fondos buitre, recurriendo a las figuras de Shylock, la usura y los “chupasangre”.

Antisemitismo, historia y paradojas

La DAIA manifestó entonces su preocupación y el Centro Simon Wiesenthal incluyó posteriormente esas expresiones entre sus señalamientos internacionales de antisemitismo. No se trata de afirmar por ello que Cristina Kirchner fuera antisemita, sino de recordar que sus palabras fueron consideradas problemáticas por instituciones de referencia de la comunidad judía .

Después de la AMIA, del Memorándum con Irán y del asesinato del fiscal que había denunciado el supuesto encubrimiento, resulta imposible no prestar atención a cualquier discurso político argentino que demonice a Israel mientras relativiza el papel del régimen iraní. Una vieja advertencia .En 2011 publiqué un artículo sobre una caricatura aparecida en Página/12 que banalizaba el Holocausto mediante imágenes de campos de exterminio, cámaras de gas y fabricación de jabón.

La publicación provocó el repudio de organizaciones judías y el diario terminó pidiendo disculpas.Aquella vez advertí sobre una tendencia que sigue siendo actual: el antisemitismo puede intentar disfrazarse de una postura exclusivamente antiisraelí. No toda crítica a Israel es antisemita. Pero tampoco toda expresión presentada como “antisionismo” está necesariamente libre de prejuicios antijudíos. La frontera debe establecerse examinando las palabras, los símbolos y los antecedentes.

El problema es traer Medio Oriente a la Argentina. Por eso el acto de Zárate merece algo más que una discusión partidaria. Argentina tiene una comunidad judía y otra importante de origen árabe que conviven desde hace generaciones. No necesitamos importar las fracturas, los odios y las guerras de Medio Oriente. Mucho menos después de haber sufrido en nuestro propio territorio el terrorismo vinculado a Irán.

La presencia del representante diplomático palestino en un acto político realizado dentro de un Concejo Deliberante tampoco contribuye a preservar esa convivencia.

El problema no es que un diplomático palestino defienda a su pueblo. La cuestión radica en convertir una institución pública argentina en escenario de una confrontación política extranjera que puede trasladarse a nuestra propia sociedad.

Argentina debería evitar que un conflicto que se libra a miles de kilómetros termine abriendo una grieta entre argentinos de origen árabe y judío, comunidades que durante generaciones han convivido pacíficamente. De Zárate a Irán. Quizás el episodio de Zárate sea solamente un acto político más. Pero colocado junto a determinados antecedentes, merece ser observado.Cúneo y sus expresiones.

D’Elía y sus vínculos con Irán. El Memorándum. La denuncia de Nisman. Su asesinato. La AMIA.

Las viejas expresiones antisemitas que reaparecen bajo nuevos lenguajes. No constituyen necesariamente una línea orgánica ni permiten acusar a todo el peronismo. Pero sí forman parte de una historia que merece ser examinada.

Defender los derechos de los palestinos no es antisemitismo. Criticar a Israel tampoco lo es. Cuestionar las políticas de cualquier gobierno israelí forma parte del legítimo debate político. Lo que no debería aceptarse es que, bajo cualquiera de esas banderas, vuelvan a aparecer los viejos fantasmas del antisemitismo.

Y mucho menos que un conflicto que se libra a miles de kilómetros termine convirtiéndose en una nueva grieta entre argentinos.

LT