En los últimos años, la Cisjordania ocupada se ha convertido en el escenario de una escalada sistemática de violencia ejercida por colonos israelíes de extrema derecha y sectores ortodoxos.
Un reciente y grave episodio citado por los diarios The Times of Israel y Haaretz ilustra la magnitud del fenómeno: tras la muerte de un guardia de seguridad en la aldea de Tell, grupos de colonos desataron una feroz ola de ataques represivos contra más de una docena de localidades palestinas.
El detonante ocurrió cuando un grupo de colonos, acompañados por jóvenes de yeshivás y adultos armados, ingresó sin autorización del ejército a las Áreas A y B en Tell. Tras desencadenarse un enfrentamiento con residentes locales que intentaban repeler la incursión, un palestino logró desarmar a Benayahu Mellet, de 32 años y miembro de la seguridad de la colonia Havat Gilad.
En el tiroteo cruzado cayeron Mellet y el mayor del ejército Yuval Ezra, junto a cuatro palestinos. La respuesta extremista no tardó en manifestarse bajo consignas de “venganza” durante las honras fúnebres. En pocas horas, colonos enmascarados asolaron poblados como Sarra, Urif, Awarta y Git. Incendiaron viviendas, vehículos y campos de cultivo, dejando múltiples heridos y familias aterrorizadas.
En Muarrajat, un conductor palestino fue apuñalado por la espalda, mientras en Jerusalén Este extremistas bloquearon el tránsito. Hay un patrón recurrente: los fines de semana, estudiantes de academias rabínicas ultranacionalistas se suman a los ‘puestos de avanzada’ ilegales para ejecutar incursiones punitivas. El propio ejército israelí admitió la gravedad de la situación, señalando la proliferación de más de 80 puestos de avanzada. Desplegaron 24 batallones en la zona.