martes 28 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS opinion
04-09-2021 23:55
04-09-2021 23:55

El largo plazo también llega

04-09-2021 23:55

La economía argentina detenta la tasa de crecimiento más baja del mundo en el último medio siglo. Pero a diferencia de otras que pasaron mucho tiempo en período de estancamiento, alternó tasas de crecimiento “chino” con bruscas caídas con otros años de alzas o bajas moderadas. La combinación de estos factores arrojó un resultado que se fue acentuando con el tiempo: en los últimos veinte años el crecimiento del PBI por habitante estuvo por debajo del 1% anual. En especial, la crisis financiera iniciada hace casi cuarenta meses (abril de 2018) produjo una caída en el ingreso que recién podría recuperarse dentro de cinco años. O sea, casi otra década perdida si ningún “cisne negro” aparece en el camino.

Esta particular dinámica indujo otro comportamiento que fue normalizándose en los actores económicos: un acentuado cortoplacismo cristalizado en promesas de campaña en cada período electoral. Recordemos que desde 1983, con la recuperación de la democracia, se realizan comicios cada dos años y desde 2011 las PASO ampliaron la banda de sensibilidad en la opinión pública haciendo que la discusión política se produzca con mayor frecuencia todavía. Práctica saludable para el debate pero que fue dejando la problemática económica en un plano de discusión de corto aliento, cuando los males que aquejan no son patrimonio de ningún gobierno en particular y, cada vez más el camino crítico se parece al de un laberinto sin salida a simple vista.

El arsenal de anabólicos que el Gobierno ofreció para llegar a las elecciones primarias y, sobre todo, las generales de noviembre con la percepción de un mejor clima ya tuvo su efecto en la demanda, pero no alcanza para mover el amperímetro para dar el puntapié inicial a un proceso de recuperación sostenida. El índice de actividad mensual de la actividad económica (EMAE) había subido un 10,9% en junio contra el mismo mes del año pasado, pero tomando como referencia el peor trimestre por los aislamientos, y un 2,5% con respecto al mes anterior. En julio y agosto la actividad también se fue recuperando, pero cada vez con cifras de impacto menor porque cambiaba el piso tomado como comparación. Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral, calcula que el conjunto de medidas expansivas para alentar el consumo terminará costando un 4% del PBI de los últimos cinco meses del año. Sin embargo, la rueda de la felicidad tiene su propia limitación: la restricción externa (el dólar) y la interna (la inflación).

Si el estímulo cortoplacista a la demanda tuviera un efecto duradero, la producción se encontraría rápidamente con un inconveniente: la disponibilidad de divisas para alimentar la cadena de producción. En los primeros siete meses del año, las importaciones crecieron más que las exportaciones, que tuvieron un nivel histórico récord por el boom de precios internacionales de las commodities: el 51% contra el 31%. El segundo semestre es de vacas flacas para las exportaciones argentinas pero las importaciones deberían subir aún más para alimentar el circuito productivo más vigoroso. El ministro de Economía ya avisó que el crecimiento en las exportaciones es la única forma de romper la restricción externa. Aun con un eventual acuerdo con el FMI, no habrá aportes de crédito para aliviar este panorama.

El otro techo es el de la inflación: con todos los controles, sugerencias y cepos, se presenta como un logro que se estabilice algo por debajo del 3% mensual. Las empresas no lo ven como sostenible para invertir y aumentar la producción: es insuficiente para que aumenten la demanda de empleo, poniendo a los salarios una losa difícil de evitar.

Aquí se cruza una zona en la que el cortoplacismo se agota en sí mismo. Quizá la renegociación de la deuda externa es una forma de vincular un presente gris con un futuro desafiante: orientar la política económica hacia un objetivo al que, necesariamente, se llegue por consenso. Pero que debería alimentarse en un largo proceso de ensayo y error del que se puede tomar lecciones. Un planteo, finalmente, en el que el largo plazo es operativo a la hora de tener éxito inmediato.

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