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COLUMNISTAS / opinion
sábado 15 diciembre, 2018

Entender la época

Detener el progreso por temor a los costos secundarios que produce el avance, además de no resultar aceptable éticamente, no parece tampoco ser productivo socialmente.

por Jorge Fontevecchia

Bancas del Senado: “Mirá cómo nos ponemos”. Foto: Cedoc Perfil

Aunque parezca que no tiene conexión, hay paralelismo en el efecto que produce la denuncia por violación al actor Juan Darthés y las del Cuadernogate por corrupción: son casos que producen un cambio cultural. Es esperable que bajen los abusos sexuales después de estas denuncias de la misma manera que los empresarios pensarán dos veces antes de pagar una coima en el futuro. De hecho, la financiación de las campañas electorales de 2019 será un problema para muchos candidatos que no encontrarán empresarios dispuestos a aportar dinero sin recibo.

Así como la esclavitud fue aceptada durante muchos siglos, otras inmoralidades toleradas dejan de serlo hoy

Durante el evento por los 35 años de la recuperación de la democracia, en el Senado se generó una polémica con Miguel Angel Pichetto, quien discrepaba con mi elogiosa comparación entre el Lava Jato en Brasil, y sus rebotes en juicios por denuncia de corrupción en toda Sudamérica como nuestro Cuadernogate, con el juicio a los ex comandantes de la dictadura que promovió Alfonsín. Ambos casos son bisagra: el juicio a la dictadura, con su jurisprudencia moral, hizo inaceptable cualquier golpe militar en la región. Y también elevó un escalón la transparencia en toda la región el juez Sérgio Moro al abrir desde Brasil una caja de Pandora con decenas de juicios en toda Latinoamérica más o menos con el mismo modelo: ir sobre los empresarios para que, con su confesión, se permitiera también condenar a los políticos.

También la denuncia contra el actor Darthés fue de interés periodístico mundial: desde la BBC, que lo calificó como el “#Metoo argentino”, hasta el The New York Times, que tituló “Argentina’s #MeToo Moment”, porque los cambios de época siempre se retroalimentan internacionalmente y producen buen contagio, como el caso de la denuncia al productor de Hollywood Harvey Weinstein fue inspiradora de muchas otras denuncias y el primer #MeToo.

En los países donde el machismo está más arraigado que en los Estados Unidos, las altas tasas de femicidio generaron antes del #MeToo colectivos como Ni Una Menos, que ya en 2015 en el Teatro Colón había recibido, junto con la revista francesa Charlie Hebdo, el Premio Perfil a la Libertad de Expresión, en su caso nacional, porque ya había logrado mucha visibilidad con anterioridad a esa fecha.

Y como en Argentina no está legalizado el aborto, como sí lo está en otros países con altas tasas de femicidios –España, por ejemplo–, la violencia de género, además de tener a ciertos hombres como victimarios, tiene al Estado en el banquillo de los acusados, culpado de impedirle a la mujer tomar decisiones sobre su propio cuerpo. Y el caso del actor Darthés se imbrica también con los pañuelos verdes en un clima de época en Argentina donde la palabra del año es “sororidad”, aunque fue acuñada hace casi un siglo –en 1921– por Miguel de Unamuno en un texto justamente publicado en Argentina por la revista Caras y Caretas. Inspirándose en la tragedia de Antígona, la hija de Edipo y Yocasta, Unamuno buscó crear el femenino de la palabra fraternidad, que deriva de frater, hermano en latín, para las hermanas, y como Antígona era soror, hermana, propuso sororidad para la hermandad femenina, también porque en español a las monjas –hermanas– se les da el tratamiento de sor.

Las críticas a quienes militan por la aprobación de la legalización del aborto por asociar las denuncias contra Juan Darthés, que por tratarse de un violación cuenta con el apoyo de toda la sociedad y no así la legalización del aborto, marcan la diferencia con Estados Unidos, donde el #MeToo es transpolítico y se circunscribe solo a la violencia sexual, porque el grado de desarrollo de igualdad de género allí es mayor que en Argentina.

Nos estamos acercando: el diario The New York Times creó el cargo de editora de género para Jessica Bennett un año antes que PERFIL, en 2018, nombrara Defensora de Género a la filósofa Diana Maffía, quien escribe su columna semanal los domingos en el mismo espacio del ombudsman.

Otro punto de encuentro en el efecto que producen la denuncia al actor Darthés y el Cuadernogate se percibe en la formación reactiva que genera el temor al exceso, a mi juicio exagerado. En Estados Unidos, el famoso programa de televisión Comedy Center hizo un breve sketch sobre el contrato que sería recomendable que un hombre firmara con una mujer antes de mantener una relación sexual que, aunque desopilantemente, critica el posible abuso en la inversión de la posición dominante (ver ese video aquí).

Ese es el mismo argumento de Pichetto sobre los juicios por corrupción, que las condenas a los empresarios argentinos produzcan una caída del 5% del producto bruto a la economía argentina, como produjo en Brasil, y que muchas empresas argentinas sean vendidas a empresas extranjeras al quedarse sin conductores, por estar presos o inhibidos.

Hoy es inaceptable tratar a la mujer como objeto en todas sus formas, lo que también incluye al aborto

Detener el progreso por temor a los costos secundarios que produce el avance, además de no resultar aceptable éticamente, no parece tampoco ser productivo socialmente porque debería verse el costo como una inversión. El juez Sérgio Moro colocaba siempre el ejemplo absurdo de que no se hubiera abolido la esclavitud porque la economía se habría resentido ante la pérdida de la productividad a bajo costo que aportaba la mano de obra esclava.

Pero es cierto que deben tenerse en cuenta los posibles efectos secundarios de cualquier buena medicina para ver cómo acotarlos. En el caso de las empresas, diferenciando claramente entre el testaferro, el socio, aquel que armó una empresa solo para obtener beneficios del Estado, la empresa que era existente pero se benefició grandemente, quien pagó una coima defensivamente y no de forma sistemática, sin por eso dejar a nadie sin pena pero proporcionándola correctamente. Y hará falta encontrar la misma ponderación para las penas judiciales y sociales ante los distintos grados de violencia sexual. En el caso de Darthés, es más fácil porque se está frente al máximo de condena posible. El senador provincial de La Cámpora acusado de abuso ya renunció a su banca y el senador nacional radical también acusado prometió enfrentar el juicio sin apelar a sus fueros. Mucho está cambiando para bien en Argentina.


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