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sábado 10 agosto, 2013

Fargo

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sábado 10 agosto, 2013

Creer en algo es un estado mental. No depende exclusivamente de la evidencia. La piedra que cae es tanto evidencia de que la Tierra gira como de que no gira. El significado de una observación (el video del robo de la casa de Massa), aparentemente neutral, no está dado, necesita ser interpretado a la luz de una teoría para significar algo. La explicación es siempre contexto-dependiente y cargada conceptualmente, elementos que las cámaras no pueden aportar. El objeto por descubrir no es sólo el evento, sino también el pensamiento que se expresa en él. Saber qué pasó realmente es saber por qué pasó.

No alcanza con saber las causas facilitantes que muestran cómo una acción podría haber sido posible (el ladrón tenía una relación con la mucama, el ladrón era de una fuerza de seguridad y subordinado directo de Berni).

Los hechos no hablan por sí mismos, somos nosotros, la sociedad, los que los hacemos hablar en uno u otro sentido. Por ejemplo, la física newtoniana podría derivarse de los intereses técnicos de una época marcada por el ascenso de la burguesía y el incipiente capitalismo. La misma piedra que cae en otro contexto explicaba que la Tierra no giraba.

De igual manera, el robo a la casa de Massa hizo hablar a kas y anti kas en forma totalmente diferente, mostrando, otra vez, la racionalidad dicotómica que invade el pensamiento argentino, cada vez más poblado de subjetividades radicales.

Quienes votarían por Massa creen que el robo fue organizado por el Gobierno. Y quienes votarían por el kirchnerismo creen que  lo organizó el propio Massa para victimizarse. Los hechos sólo sirven para reflejar las necesidades y los intereses contingentes de cada grupo. 

La forma de actuar de Alcides Díaz Gorgonio, mientras robaba la casa de Massa, se parece más a aquellos torpes criminales que inmortalizó la película Fargo que al enviado de Berni para armarle una trampa al principal candidato de la oposición. Pero Díaz Gorgonio efectivamente había sido uno de los cuatro integrantes de la Prefectura cuya tarea es informar el estado de situación al Consejo de Seguridad del Ministerio de Seguridad. Sólo el hecho de que alguien así de torpe cumpliera una función tan destacada es grave.

La idea de que Massa armó la escena del robo para victimizarse y obtener rédito electoral es aun más peripatética. El mejor ejemplo es que el diario Clarín, el lunes, el día después de que la noticia había explotado tras la primicia de Verbitsky el domingo, no publicó una sola línea sobre el robo a Massa (mientras La Nación hizo su tapa ese lunes con el tema, igual que todos los portales de internet) y recién le dio espacio al tema el martes, tras la conferencia de prensa del propio Massa.

Thomas Haskell, profesor emérito de Historia en la Universidad de Rice en Texas y una autoridad notable en interpretación histórica, escribió en su libro Objectivity is not Neutrality consejos para historiadores que son válidos para los periodistas: “Lo que defiendo bajo la rúbrica de objetividad no es neutralidad o ausencia de pasiones, sino ese mínimo vital de disciplina ascética que permite a una persona hacer cosas como abandonar el pensamiento “optimista” (wishful thinking), asimilar las malas noticias y desechar interpretaciones complacientes cuando éstas no pasan los tests elementales de la evidencia y la lógica. De manera más importante, la objetividad requiere la habilidad de suspender o poner entre paréntesis las propias percepciones, lo suficiente como para entrar empáticamente en las perspectivas ajenas y posiblemente repugnantes de los pensadores rivales. Estos actos mentales requieren un grado de desprendimiento, una habilidad de alcanzar cierta distancia de las propias percepciones espontáneas y convicciones. Pero no requieren indiferencia”.

Esto es lo que no hizo la mayoría de los medios argentinos, tanto los alineados con la oposición al Gobierno como sus aliados. Se puede comprender que los partidarios de Massa y del kirchnerismo elijan creer a quien pensaban votar. Pero es un poco bochornoso que los medios y muchos periodistas no puedan salir del estrechamiento mental al que se someten por cuestiones emocionales.

Otro primarismo digno de los protagonistas de la película Fargo reside en creer que se pueden mantener ocultas informaciones policiales sobre candidatos importantes. En cualquiera de las hipótesis, Massa fue desprolijo con la difusión original del robo. Quien aspira a ser presidenciable debe comprender que los márgenes de su vida privada quedan muy recortados (ahora se agregan las versiones desmentidas de que habían sido baleadas sus camionetas).

Que los hechos tipo X justifiquen Y no es independiente de nuestro contexto social. Que tal cosa sea evidencia de tal otra, también. El asco no es evidencia de inmoralidad. “Toda observación es relativa al punto de vista del observador”, decía Einstein. Los límites entre pensamiento e imaginación a veces son difusos, pero en la Argentina se nos va la mano.

Por unos días, Fargo no fue la ciudad de la película que queda en el medio de la nada en North Dakota, sino que se mudó a Tigre.


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