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COLUMNISTAS / OPINION
domingo 29 diciembre, 2019

Good Bye 2019

por Jorge Fontevecchia

"Triunfó el amor". En el caso Macri, por el fútbol viajó a Qatar; y en el de Vidal, con novio a París. Foto: CEODC PERFIL.
domingo 29 diciembre, 2019

Good Bye, Lenin! fue una película que retrataba el cambio vivido en Alemania Oriental en un breve período contando la historia de una mujer que entró en coma en octubre de 1989, un mes antes de la caída del Muro de Berlín. Al recuperar el conocimiento, un año después, los médicos prescriben a su hijo cuidados para que su madre no sufriera disgustos los meses de reposo durante la posconvalecencia. La señora amaba al régimen comunista, odiaba al capitalismo y su hijo temía que el shock de ver a su país conquistado por los adversarios le produjera una recaída. Para evitarlo, cortando partes de los noticieros, reeditándolos y cambiándoles su sentido, le fue armando noticieros de televisión falsos para que su madre pudiera seguir viviendo la realidad de cuando había entrado en coma. Hay tramos desopilantes, como cuando descubre al primer astronauta de Alemania Oriental, Sigmund Jähn, un héroe del comunismo, trabajando como taxista y transforma esas imágenes como parte de la campaña del astronauta para ser el nuevo presidente de Alemania Oriental.

Este fin de año también se despide parte del imaginario PRO que estuvo vigente cuatro años

Se podría recrear esa situación en Argentina con una votante del PRO que hubiera entrado en coma en diciembre de 2017, despertara ahora y le tocara ver en el noticiero a María Eugenia Vidal saliendo de viaje a París con su reciente novio, Enrique Sacco, siendo entrevistado en Ezeiza este jueves por un movilero de América TV preguntándole: “¿Qué tiene el petiso?”, o si viajan a París en búsqueda de la cigüeña.

Quien cumpliera el rol del hijo de la protagonista alemana de Good Bye, Lenin! probablemente reeditaría las imágenes cambiando el audio para decir que el periodista Enrique Sacco sería el nuevo secretario de Prensa bonaerense y la gobernadora Vidal estuviera viajando a París para reunirse con Macron y otros líderes europeos como parte del fogueo internacional en su preparación para ser la candidata presidencial de Juntos por el Cambio en 2023, cuando finalice el segundo mandato de Macri. Lo mismo al ver las imágenes de la semana anterior de Macri yéndose con Juliana Awada a Qatar omitiría que viajó para ver la final del Mundial de Clubes entre Flamengo y Liverpool para decir que se trata de un viaje de Estado para promover inversiones del emir de Qatar, Hamad bin Jalifa Al Thani, en Argentina.

El contraste de esas dos imágenes con los discursos dominantes hace un año es un símbolo del cambio de rumbo de 180 grados al que el psiquismo de la sociedad argentina está siendo expuesto y que el propio Alberto Fernández graficó como el de un auto que hace una vuelta en U. El mismo estrés postraumático se repite cada cierta cantidad de años de maneras diferentes y se podría narrar similar historia a partir de un kirchnerista que hubiera entrado en coma en octubre de 2015 y despertara un año después con los bolsos de López en un convento y máquinas excavadoras buscando tesoros de la corrupción enterrados en los campos de Santa Cruz.

Pero no sucede todos los años, en 2015 el good bye al kirchnerismo fue después de un ciclo de doce años y se fue produciendo episódicamente con derrotas electorales previas, como la de 2013, y reveses que se remontaban a muchos años atrás, como el conflicto con el campo en 2008 y la derrota del kirchnerismo en las elecciones de ese año.

Pero Cambiemos fue del cielo al infierno en solo dos años sin escalonamientos. La aceleración del tránsito entre el apogeo y el ocaso aumenta lo extraordinario de su caso, dejando reflexiones sobre la consistencia de su obra, independientemente del 41% de su última elección.

Si la psicología permite explicar muchas veces mejor ciertas decisiones de los políticos que la pura maximización de sus intereses estratégicos, la decisión de María Eugenia Vidal de anunciar un noviazgo para pocos días después irse a París a pasar fin de año, no puede no interpretarse como un mensaje de ruptura con la construcción de una imagen. Y siendo ella el referente más querido del PRO, su video en Ezeiza es un certificado de fin de una era.

Lo que estamos despidiendo los argentinos este 31 de diciembre no es solo el año 2019 sino, con él, un ciclo político al que le quedarán posibilidades de reciclamiento, pero nunca volverá a tener la misma potencia con estos mismos líderes. En el caso de la película Good Bye Lenin! hay un final reconciliador: antes de morir, la madre va descubriendo los esfuerzos que hace el hijo por crearle una realidad paralela. Por amor no le revela que se ha dado cuenta y puede digerir lo real a través de aceptar como irreal (sin decirlo) lo que le van mostrando los noticieros falsos.

A la oposición hay que desearle que se recupere y al oficialismo, que no se la crea

En este fin de año, a la oposición cabe desearle que pueda ir reconciliándose con la realidad reconociendo la irrealidad de muchas de las imágenes de los últimos años, para poder reconstruirse, volver a ser una alternativa de gobierno competitiva y una oposición con autoridad para disputar la narración de la época.

Al oficialismo hoy en el éxito vale desearle que no eleve su goce al éxtasis fabricando fantasías sublimes porque cuando más alto eleva lo irreal más dolerá la caída en lo real cuando el destino decida concluir una función.

Feliz 2020, queridos lectores.


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