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Justicia y política

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FHC-LULA. Los dos más exitosos presidentes de la historia de Brasil, ambos reelectos, contra Bolsonaro. | fotos publicas

La diferencia entre el deber ser y “eso que es” estresa la política desde siempre. El registro creciente de los medios de comunicación lo hace cada vez más indisimulable. Es la extimidad de la que hablaba Zygmunt Bauman como carácter de esta época en la que no hay espacio para lo íntimo. Y el rey, los múltiples reyes, desnudos, resultan pornográficos.

Con envidia de Brasil observo la foto de Fernando Henrique Cardoso (Partido de la Social Democracia brasileña) refrendando una alianza electoral con Lula (el Partido de los Trabajadores, infinitamente menos poderoso que el peronismo) para derrotar a Bolsonaro en las elecciones del año próximo. Pero no puedo dejar de pensar en cómo el supremo tribunal de Brasil borró con el codo lo que había escrito con la mano confirmando la jurisdicción y todos los fallos primero del juez Sergio Moro y luego del tribunal superior de Porto Alegre. Es evidente que el Poder Judicial de Brasil fue afectado antes y ahora por el humor social cuando la mayoría de los brasileños pensó y dejó de pensar que quien impedía a Brasil ser la China del hemisferio sur, justificando su inclusión en el BRIC junto con Rusia e India, era el Partido de los Trabajadores. Tesis parecida en nuestro país a cuando se le asigna a la existencia del peronismo la pérdida de estatus de nación desarrollada que la Argentina tuvo hace un siglo.

Así como afortunadamente en la Argentina no tuvimos un Bolsonaro, desgraciadamente no tenemos un Fernando Henrique Cardoso ni un Lula y sí tenemos una politización de la Justicia exacerbada donde el debate sobre la forma de designar al procurador, y luego la de removerlo, volvió a instalarse en la agenda de la semana que terminó.  

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Simultáneamente se sumó, conmocionando a toda la política, el pedido de asilo político en Uruguay de Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, bautizado por la revista Noticias como “el bombero judicial de Macri”, autor de la cautelar que hizo a Cristina abandonar el poder unas horas antes y que Federico Pinedo fuera presidente una noche, como de la selección y la forma de llegar a la Corte Suprema de Carlos Rozenkrantz y Horacio Rosatti.

Pepín Rodríguez Simón hizo público su pedido de asilo durante un reportaje con Carlos Pagni el lunes pasado en La Nación+ y tanto en esta edición de PERFIL como esta noche a las 22 en NET TV, hace un balance  de lo actuado en materia judicial durante la presidencia de Mauricio Macri. También en los años en que Macri fue jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que ambas gestiones están atravesadas por el caso de Cristóbal López y el negocio del juego, a lo que se sumó el conflicto mediático por la compraventa de C5N y Radio 10, que tiene ramificaciones en todos los espacios en los que se juzga la corrupción en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

La descripción que Pepín Rodríguez Simón hace del funcionamiento de la Justicia de Comodoro Py, su relación con los servicios y la existencia de “influencers” que cobran por hacer eludir o sacar de prisión a quienes tienen para pagarlo, si bien fue aludida muchas veces, golpea escucharla en el relato descarnado de quien fue uno de los artífices de la estrategia jurídica de un gobierno. 

Los políticos y funcionarios de carrera tienen su discurso público automáticamente disociado entre el deber ser y “eso que es”, perciben inmediatamente si su interlocutor es o no un outsider y adecuan la conversación al campo de la lógica de su audiencia. Mientras que Rodríguez Simón, al ser él un outsider de la política y del Estado, expone crudamente esos intersticios. La dicotomía hechos-valores fue analizada por David Hume en su Tratado de la naturaleza humana ya en el siglo XVIII, pero la discusión sobre lo bueno y lo útil y si las propiedades morales son propiedades naturales continúa entre los filósofos actuales.

Al ser el derecho un conjunto de normas jurídicas que regulan la conducta externa de los individuos en una sociedad, los abogados entienden especialmente las diferencias entre las leyes naturales y las leyes del derecho, como así también el carácter descriptivo del ser (“eso que es”) y el prescriptivo del deber ser. El primero manifiesta la realidad y sus descripciones son verdaderas o falsas, mientras que el segundo emite juicios de valor que pueden ser correctos o incorrectos.

Pero Pepín Rodríguez Simón, además de abogado, es escritor de dos libros y decenas de artículos, tiene una pluma inhabitualmente elaborada que revela lecturas previas y siempre fue un freak dentro del elenco de Macri, donde no abundaba la valoración por lo intelectual.

Para los legos, Justicia y derecho son sinónimos pero el derecho es moral y valorativamente neutral: cuando la realidad, en el caso de Estado: la política, y en la economía: el mercado, entra en coalición con el supuesto normativo, este supuesto normativo se “actualiza”, como sucedió en Brasil. El filósofo hegeliano del derecho Ferdinand Lasalle simplificaba diciendo que de nada sirve la ley si no se ajusta a la realidad, es decir, a “los factores reales de poder”.

La condición de validez de las normas se mide por su eficacia y la eficacia de una norma se mide por su cumplimiento. Ninguna norma es 100% eficaz pero en el caso de la llamada Justicia de Comodoro Py, la aplicabilidad de las normas pareciera reducirse a simple ejecución sumaria de la voluntad del partido dominante.