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La alegría reprimida

Sí, sí, ya sabemos, el ser humano, la pulsión de muerte, la de vida, somos un poco de todo, y nos adaptamos a lo que sea. Hasta el personaje de Kafka, torturado, casi sin aliento, saca la lengua para sorber agua, en su cuento magnífico y terrible, “La colonia penitenciaria”. Pero no solo se trata de sobrevivir…

Hace una semana, estábamos preparándonos para la fiesta. Y aunque perdimos, la hicimos. No diría cuánto mejor perder, pero sí, cuantas ganas de festejar, aunque perdiésemos. Es cierto, lo más importante ya había sucedido: ganarle a Inglaterra, que la cuarta estrella fuese la de Malvinas. Y jugar bien, dar, demostrar. Después del domingo aparecieron todas las conjeturas, se desbarató la cancha. Como si la aceptación fuese lo más difícil de aceptar; sencillamente, que no fue un buen partido, que estaban cansados, que los españoles saben quedarse con la pelota, aunque no se luzcan demasiado, etc. Pero, la pelota se manchó y empezaron las teorías conspirativas, se instaló la expresión “es raro”, “fue raro”, ¿”no te parece que hubo algo raro?”; que estaba comprado, que la Interpol y Chiqui Tapia, que presuntas amenazas de la FIFA, y lo más raro de todos, que los jugadores son todos blancos… Nada mejor que apelar a “lo raro” para enrarecer las cosas. Si hay algo que me molesta es cuando alguien señala a otra apersona tildándolo de “raro” -con la excepción de los de Rubén Darío. ¡Pensar que se les decía “raritos” a los homosexuales! Mismo quien dice de sí, “soy un poco raro”, es como si se estuviera escudando en lo imposible de descifrar, casi creyéndose original, o dándose a ver intrigante, como salvoconducto de cualquier entrega.

Lo realmente raro fue la represión de la alegría en el Obelisco. Ahí estábamos, reunidos para festejar, bailando, de todas las edades, barrios, países, compartiendo la calle, la noche, la vida. ¡Sucede tan pocas veces! Todavía no entiendo por qué la sociedad no se organizó de otra manera, con más oportunidades de encuentros, de festejos colectivos. ¿Solo dependemos del fútbol para abrazar a un desconocido? Y ahí estábamos, el domingo, festejando la vida, que ni siquiera haber perdido lo impidió.

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Y entonces, gases lacrimógenos y violentos chorros de agua. En lugar de seguir cantando, tuvimos que salir corriendo, los ojos llorosos.

Eso fue raro. Y no es una teoría.