Milei y Cristina también formaron sus propios equipos. Pero aplicaron, con una puntería difícil de atribuir al azar, el criterio inverso: eligieron, no a algunos, sino a muchos de los peores. Acaso por eso el fútbol todavía consigue unirnos mientras la política insiste en querer obligarnos a elegir al que consideramos menos malo.
La diferencia es sencilla. Para llegar a la Selección hay que demostrar capacidad. Para integrar ciertos equipos políticos, a veces parece necesario demostrar exactamente lo contrario.
Podríamos armar el seleccionado de Milei para ocupar los cargos más altos con Manuel Adorni, Patricia Bullrich, Diego Santilli, Martín Menem, José Luis Espert, Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Santiago Caputo, Agustín Laje, el Gordo Dan y, naturalmente, Karina Milei. Detengámonos en esta formación. Confiese si ella no reúne una variedad de mediocres y energúmenos y/o familiares y/o conversos y/o repetidores y/o operadores y/o integrantes de la casta reciclada y/o manipuladores de datos y/o personas vinculadas con episodios de corrupción.
Naturalmente, no todos reúnen todos los atributos; el mérito del conjunto consiste en distribuirlos con notable eficacia. Cuando pierdan el poder, no los esperará ni una mínima parte del reconocimiento que acompañará a Scaloni. Quedará, en cambio, el juicio sobre de lo que hicieron, y la evidencia de su pésimo desempeño se volverá inocultable apenas se apaguen las luces de sus despachos.
Confiese si la selección de Milei no reúne una variedad de mediocres y energúmenos y/o familiares y/o conversos y/o repetidores y/o operadores y/o integrantes de la casta reciclada y/o manipuladores de datos y/o personas vinculadas con episodios de corrupción"
Milei se imagina algo más que Messi. Messi jamás necesitó proclamar que era el mejor jugador del mundo: le bastó demostrarlo. Milei se declara el mejor presidente de la historia, referente mundial y salvador de Occidente antes de que termine un partido cuyo desenlace, por prudencia, le convendría no anticipar. Messi hizo mejores a sus compañeros con la ayuda de Scaloni.
Milei necesita empequeñecer a todos para parecer grande. Sus insultos suelen ser menos una demostración de fuerza que la confesión, implícita e involuntaria, de los límites de su poder de razonamiento.
Messi jamás necesitó proclamar que era el mejor jugador del mundo: le bastó demostrarlo. Milei se declara el mejor presidente de la historia, referente mundial y salvador de Occidente"
Prometió dinamitar el Banco Central, dolarizar y hacer que el ajuste recayera sobre la casta, pero terminó incorporando a su plantel a algunos de sus peores exponentes. Su afición por extremar la lógica del mercado lo llevó incluso a definir la compraventa de órganos como "un mercado más".
Lo más penoso es el radicalismo. Un partido que hizo de la educación pública, la república y la decencia cívica su identidad terminó aportando votos y dirigentes a un presidente que desprecia buena parte de esa tradición y ha denostado a Alfonsín. Algunos de sus representantes se ofrecieron como los suplentes más solícitos del seleccionado de Milei luego de traicionar a su viejo equipo.
Frente al equipo de Milei juega el seleccionado de Cristina. Estos son algunos de los jugadores que ella propuso para los puestos más importantes de distintos gobiernos: Máximo Kirchner, Alberto Fernández, Sergio Massa, Daniel Scioli, Amado Boudou, Julio De Vido, José López, César Milani, Martín Insaurralde, Guillermo Moreno y Sergio Berni.
Alberto Fernández fue repudiado por el mismo espacio que lo llevó a la Presidencia"
Es difícil reunir, en una sola cancha, semejante combinación de nepotismo, autoritarismo, oportunismo, ostentación, incompetencia y corrupción. Cristina puede alegar que varios ya no le pertenecen. Es el método habitual: mientras ocupan cargos son compañeros; cuando resultan indefendibles, se convierten en desconocidos que habrían actuado por cuenta propia.
Alberto Fernández fue repudiado por el mismo espacio que lo llevó a la Presidencia. Pocos presidentes habrán padecido, dentro de su propio gobierno, una oposición tan explícita y una desautorización tan perseverante; algunos funcionarios de su gobierno llegaron incluso a retirarle la palabra.
Massa fue kirchnerista, antikirchnerista y nuevamente kirchnerista sin cambiarse siquiera los botines. Scioli podría jugar para ambos seleccionados; probablemente se declararía disponible incluso para el de Scaloni.
Los dos equipos se insultan como si fueran opuestos, pero comparten el sistema: culto al conductor, obediencia, reciclaje de fracasados y absolución automática de los propios, hasta que sus líderes deciden abandonarlos. Cada tribuna condena en el adversario lo que justifica en los suyos.
No corresponde condenar a quien votó por necesidad, miedo, esperanza o falta de alternativas. Pero el votante ya no puede desentenderse de su responsabilidad cuando, frente a las evidencias y ante un balotaje entre dos candidatos que rechaza, vota por uno de ellos en lugar de votar en blanco.
Scaloni eligió a los mejores y puede equivocarse. Milei y Cristina, cuando eligen a los peores, casi nunca se equivocan.
La Selección nos ha unido; la política nos ha dividido. En un Mundial se puede ganar o perder. Fuera de la cancha, para muchos, la derrota consiste en que los mejores rara vez alcanzan a ser una opción real.