29 sep 2020
COLUMNISTAS |BRASIL
martes 7 enero, 2020

La aprobación de Jair Bolsonaro luego de su primer año

El primer año muestra a un Bolsonaro en muchos puntos intransigente. Todo parece indicar que se mantendrá por esa senda en el inestable sistema brasileño.

Bolsonaro. Recibe críticas de O Globo, tanto como Dilma Rousseff. Foto: AP AFP
martes 7 enero, 2020

Bolsonaro termina su primer año de gobierno con tan solo 30% de aprobación. Es el presidente con menor aprobación en el primer año de mandato desde el retorno de la democracia. El nivel de aprobación del que goza, sin embargo, le otorga un piso suficiente como para que, si las elecciones fuesen hoy, entrase en una segunda vuelta.

Con esos números el bolsonarismo se entusiasma. El cálculo que realizan es sencillo: el Partido de los Trabajadores es tan popular como fuerte es el rechazo que genera en amplios sectores, sobre todo en las pobladas regiones Sur y Sudeste del país. A Jair Bolsonaro hoy le resulta simpático un hipotético escenario de segunda vuelta con el PT. El presidente con peor imagen en un primer año de mandato podría estar, con esa aprobación del 30%, ante un escenario alentador. Bastante bueno para ser tan malo.

A falta de tres años para las elecciones, cálculos de ese tipo parecen futurología o bien fruto de la ansiedad de quienes están mucho más interesados en la política que el ciudadano promedio. Con todo, ese cálculo puede ofrecer una guía sobre qué esperar de Jair Bolsonaro en los próximos años. Aún más si se mira más de cerca la composición de ese apoyo del 30%. Es posible que ese 30% sea una sustentación bastante fuerte, cimentada en la agenda conservadora y anti-izquierdista, y de difícil erosión.

Según lo que se puede observar de diferentes encuestas hay aproximadamente un 10% de los brasileños que constituye el núcleo duro de apoyo al gobierno de Jair Bolsonaro. Por ejemplo, tomando la encuesta realizada en diciembre por Datafolha, un 9% le otorga una calificación de diez puntos a su gestión y un 14% considera que Bolsonaro siempre se comporta como Presidente de la República (aspecto, el de su comportamiento a la altura o no de la investidura, que fuera la primer y una de las más extendidas críticas que se le ha hecho). Siguiendo la misma encuesta, un 19% confía siempre en las palabras del presidente.

El Partido de los Trabajadores es tan popular como fuerte es el rechazo que genera en amplios sectores

El apoyo ampliado, ese que desde mediados de año se encuentra en torno al 30%, coincide con la aprobación de tres miembros del gabinete que son acabados exponentes del bolsonarismo y su “guerra cultural”. A saber: Damares Alves, ministra de la Familia, proveniente del sector evangélico, que propone el celibato como forma de evitar los embarazos adolescentes o que defiende que los niños se deben vestir de azul y las niñas de rosa; Ernesto Araújo, para quien Donald Trump representa una salvación del espíritu de Occidente frente al globalismo y las ideas marxistas; Weintraub, ministro de Educación, que impulsa una cruzada contra el fantasma de la izquierda en el sistema educativo y que ha acusado a universidades nacionales de cultivar marihuana bajo el pretexto de la autonomía universitaria. Sólo por mencionar algunas cosas.

La buena imagen de la que gozan estos miembros del gabinete da cuenta de la representatividad que tiene el conservadurismo del gobierno. En los tres casos se trata de figuras que se han ocupado centralmente de la denominada “guerra cultural”, que tiene ni más ni menos que al “conspirativo” y “omnipresente” marxismo cultural como su adversario.

Los datos por la negativa son mayores: Un 36% considera su gestión como mala o pésima, entre otros que se podrían listar. Pero eso tal vez sea menos interesante a esta altura. Lo que habría que ver es qué tan sólido es ese apoyo del 30% que se ha mostrado casi inamovible desde hace meses, a pesar de los incendios en el Amazonas y el negacionismo del cambio climático, la censura cultural denunciada hasta por quien fuera hasta entonces Director de Cultura, los derrapes en el plano internacional y lo que alguno a llamado gentilmente “la verborragia” del presidente.

Otros datos que son positivos para el mandatario brasileño son la percepción de responsabilidad que se tiene sobre la situación económica actual. La mayor parte responsabiliza a Lula y en menor medida a Dilma por el presente, según el seguimiento mensual que realiza XP Investimentos. En diciembre el 43%, según Datafolha, consideraba que Bolsonaro haría un gobierno óptimo o bueno. Aunque ese índice supo ser del 59% en abril.

Una de las claves de lo que queda de mandato será el desempeño económico y social. Altos índices de desempleo, trabajo informal y pobreza en aumento, son algunos de los puntos de la agenda socioeconómica que pueden complicar sus índices de aprobación y las expectativas sobre su gobierno. Respecto a la posibilidad de recuperación económica, que se viene vaticinando desde hace un tiempo, habrá que ver de qué manera impacta en esos indicadores. Crecimiento con exclusión y trabajo precarizado es uno de los caminos posibles del modelo que viene implementando Brasil.

No obstante, de momento lo más importante para la supervivencia y la posible reelección de Bolsonaro es contener a sus aliados. Octavio Amorim Neto, investigador de la Fundación Getúlio Vargas, comentó para la Universidad de San Martín que los militares no están contentos con el gobierno, pero saben que no pueden abandonarlo porque puede caer muy fácilmente. Otro aliado del que Bolsonaro tiene una fuerte dependencia es Sergio Moro. Tal vez, no haber convocado al político con mejor imagen del país a formar parte del gabinete le hubiera ahorrado un dolor de cabeza. No han sido pocos los desencuentros entre Moro y Bolsonaro en tan sólo un año. En otro plano, el apoyo de los grandes grupos empresarios, de la mano de la agenda liberal y de reformas, es condición necesaria para la continuidad del bolsonarismo.

El otro flanco son las investigaciones sobre los empleados fantasmas en el gabinete de su hijo Flavio en la época que era diputado estadual en Río de Janeiro. Lavado de dinero y conexiones con las milicias de Río son algunas de las cosas que han aparecido en las investigaciones. No por nada la encuesta de Datafolha muestra que el 50% de los brasileños considera que el desempeño en el combate a la corrupción es malo o pésimo. Pareciera que el escándalo aún tiene varios episodios por delante. Las conexiones con las milicias son la parte más pesada de la trama.

De momento Bolsonaro retiene una porción significativa del electorado. Uno de los principales interrogantes al inicio de su gobierno era si mantendría una base amplia de apoyo tanto político como ante la opinión pública, morigerado muchas de sus posturas, o si gobernaría siendo más Bolsonaro, esto es, más extremista. El primer año muestra a un Bolsonaro en muchos puntos intransigente, que se siente cómodo con el apoyo de esa porción del 30% de la sociedad brasileña. Todo parece indicar que se mantendrá por esa senda. Aunque minoritario, ese apoyo hoy resulta suficiente para mantener el poder en el inestable sistema brasileño e imaginarse nuevamente rumbo a un ballotage con, por ejemplo, el Partido de los Trabajadores.


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