martes 17 de mayo de 2022
COLUMNISTAS opinión
07-05-2022 23:55

La debilidad de Cristina

07-05-2022 23:55

Aunque vive reprochándose la designación de Alberto como máximo error, Cristina insiste en elegir nombres para su elenco soñado. Una debilidad esa repetición de pifias políticas que, aparte del Presidente, incluye fracasos varios (Zannini acompañando a Scioli, Cobos a su propia vera, Boudou en la Casa de la Moneda, Guzmán como alumno de su endiosado Stiglitz). 

Pero insiste en ese derrotero fútil sin contemplar un dicho popular, por más que su padre fue colectivero y su madre barra de Gimnasia: “Es más fácil frenar a un vivo que arrancar a un boludo”. Inexperiencia o sobrevaluación de su propia palabra. 

En su último stand up ofreció dos alternativas diferentes a esa contumacia: Augusto Costa por un lado y Jorge Capitanich por el otro. Quizás tenga mejor suerte si los instala. Al bastonero de Kicillof en la provincia, joven reputado como ella lo presenta, parece reservarle una ubicación privilegiada en un futuro Ministerio de Economía: sea como titular de la cartera o como responsable del área de Producción en reemplazo de Matías Kulfas, un objeto del deseo de su antropofagia a quien hasta vinculó con sospechosos negocios. El odio siempre la induce a caer en partes de inteligencia. 

Al gobernador chaqueño lo ubica en otro destino más distante: la posible candidatura presidencial de su espacio o, tal vez, el rol de vice si los vientos soplaran con tanta intensidad que la favorecieran a ella misma para volver a la Casa Rosada en el 2023. Su agenda no dispone de otras figuras de relieve para esos cargos. A pesar de los tres mandatos que asume como propios y la gestación de un ejército con obedientes cuzquitos.

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Remake

Esos dos elegidos han sido incorporados a la remake de “La libertad guiando al pueblo”, un cuadro emblemático de Delacroix con el que se identifica Cristina en la Revolución Francesa. Por lo menos en el discurso. 

Las opciones hereditarias que aludió tal vez tropiecen con otras personalidades de su entorno: Sergio Massa, por ejemplo, dispuesto a presidir un Consejo Superior del Gobierno que englobe a diversos ministerios del área económica, unificando las mal llamadas “cajas” según Cristina. Temeraria aspiración: nadie suelta un billete. Para algunos, además, ese engendro se asemeja a una mesa política que habráa de aliviar la gestión de Alberto, salvarlo de la crisis, apuntarlo. 

Por supuesto, el Presidente reniega de esa asistencia, tiende a desconfiar de la ayuda. En principio, implica el final de Guzmán y la eventual llegada de Costa o algún sucedáneo parecido.  De ahí la tozudez de Alberto para conservar al ministro: se protege a sí mismo, de una escalada con un obvio epílogo. 

Otro afectado por las palabras de Cristina ha sido Manzur, de persistente postulación presidencial en simetría con algunos gobernadores, quienes le respondieron con un “sí” cuando –en contra de la voluntad de CFK– le aportaron una mayoría inaudita para aprobar el acuerdo con el FMI. Esa jugada parlamentaria lesionó la autoridad de la vice, quien de inmediato –entre otras decisiones– personificó en Parrilli la voluntad para proponer nuevas normas, entre ellas eliminar el secreto bancario. Olvidó Cristina, acaso, que esa operatoria puede iluminar la cerradura del arcón de los gastos reservados, banquete en el que se nutren administraciones provinciales, intendencias, reparticiones, entre otros derivados. Ahora nadie habla de esa propuesta que, al principio, parecía apuntar a empresarios y evasores. Con un presupuesto ya gastado, otras erogaciones son necesarias.

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El futuro será peor

Sin embargo, cuenta con ventajas la dama: todo va a ser peor, sea por inflación o por corrida del dólar en el segundo semestre. Está escrito en las escrituras económicas y es un porrazo previsible para Alberto. De ahí que, hablando como María Eugenia Vidal, la socializada vice dice preocuparse por quienes madrugan y trabajan sin que les alcance el sueldo. 

Asume la oposición al Gobierno que integra para diferenciarse de un Alberto al que esmerila en forma continua con meditada devoción, orquestada –entre otros– con su hijo Máximo y Larroque: los tres comunican el mensaje por medio de una misma usina, un mismo colaborador. Son ahorrativos. Aunque fomenten la inflación cada vez que intervienen. 

Quienes anticipaban un golpe institucional para la última semana, se han equivocado: las brevas no están maduras o ella es incapaz de cruzar un límite. Quizás puede dañar pero no voltear. Aún. 

Alberto se plantó con el FMI y la desobedece al mantener a Guzmán. Si debe admitir que su quimera de volver a ser presidente se calcinó, esa alternativa ya se la cedió a Daniel Scioli, quien ahora aparece en todas partes con la camiseta de su mandante: se anima al desafío que no consideró cuando pudo hacerlo en el pasado. Siempre con moderación, claro.

Otra discordancia del discurso de la dama fue su critica a la Corte y al resto de la Justicia sin sugerir siquiera un nombre para realizar esa tarea de limpieza. Parece que no lo tiene, siendo una prioridad en su vida. Raro. 

Igual se contenta: le han dicho que el periodista Cabot y el arrepentido Centeno serán procesados en la causa Cuadernos por presuntas refacciones en los textos. Castigo al dúo por haber descubierto un entramado corrupto, en el cual una mayoría de imputados confesó la flagrancia. Ahora serán sometidos a los trámites de Tribunales. Quizás un lawfare al revés.