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La literatura y su límite

Mientras lucha con su propia depresión es parte de una comunidad cuyos integrantes intentan sobrevivir.

Fernando Callero
Fernando Callero | Cedoc

En 2017, la editorial Rosa Iceberg publicó La chica del milagro, una novela de Cecilia Fanti en la que la autora relataba su recuperación después de un accidente que le dañó la columna vertebral. El libro tenía un tono de epopeya y un final feliz que contrastaba con los pronósticos originales, pero que la medicina y la voluntad de la paciente pudieron revertir. Aunque no alardee de ello, Fanti, que hoy tiene una librería, resulta una heroína absoluta: linda, inteligente y triunfadora sobre la adversidad.

En la última Feria del Libro, Martín Maigua, responsable de la editorial Nudista con sede en Río Tercero, Córdoba, una de las sorprendentes editoras independientes de la Argentina, me regaló un libro que podría pensarse como la contrapartida de La chica del milagro. El título es C6 C7, una enigmática referencia técnica al lugar de la columna en el que el autor, Fernando Callero, sufrió un traumatismo al tropezar con su bicicleta y quedó postrado con un diagnóstico poco alentador. Callero nació en Concordia en 1971, es poeta, narrador, performer y dibujante, vive en Santo Tomé y sufrió el accidente en 2014. Como resultado fue internado en un sanatorio cerca de Rosario y la novela habla de su estadía en ese lugar durante varios meses. El libro intercala lo que podría ser un diario de la vida hospitalaria con sueños que Callero recuerda y funcionan como contraste de las limitaciones físicas que sufre al no poder mover las piernas.

En la primera página, Callero incluye una especie de bienvenida al lector que contiene este pasaje: “Una narración es una forma de verdad, o por lo menos de búsqueda, y yo sigo confiando en las formas del relato para apuntar soluciones que sirvan a otros a simplificar el camino hacia la felicidad. Verdad, belleza y felicidad. A contramano del mundo”. No hay ironía (me parece) en lo que dice Callero, pero C6 C7 no es un libro en el que la felicidad brille en primer plano. En cambio, es único por su honesta ambigüedad. Callero, que supo ser un tipo activo e inquieto, se introduce en un medio en el que tanto él como sus compañeros de internación están limitados en sus movimientos. La clínica no es precisamente el sanatorio de La montaña mágica sino una mezcla de centro de fisioterapia y manicomio, ya que muchos pacientes sufren no solo problemas motrices sino deterioros nerviosos y cognitivos. Mientras lucha con su propia depresión y se esfuerza por recuperarse mediante una parafernalia de ejercicios y aparatos, es parte de una comunidad cuyos integrantes intentan sobrevivir a la suma de desgracias individuales y a la burocracia institucional.

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C6 C7 se sostiene en las contradicciones de Calleri: sus objetivos son recuperarse en la medida de lo posible y ser solidario con sus compañeros de infortunio, cuya vida se parece a la de los presos en una cárcel. Pero, al mismo tiempo, es la única persona de su entorno que tiene una relación con el arte y una conciencia intelectual que le permite tomar distancia. Así, hay momentos en los que siente que representa la razón y la civilidad en un sitio esencialmente carente de ellas. La experiencia de Calleri lo excede en un sentido importante: es como si la literatura argentina, con sus convenciones y su mitología, se viera confrontada con su límite, con un territorio en el que se pone a prueba su integridad.