domingo 29 de enero de 2023
COLUMNISTAS Arte y rituales

La mirada de los dioses

15-01-2023 00:42

Cuando era chico vi un documental, famoso entonces, basado en el libro de un alemán, un ufólogo al que nadie se animaba a comparar con Fabio Zerpa, quien no consiguió hacer una película con sus teorías pero sí logró quizás algo mejor: que Calamaro le diera la razón con una canción.

Recuerdos del futuro, título del documental que aún hoy algún redactor publicitario usa como reclamo de un aviso, recorría las pirámides egipcias, las de los mayas y las de los aztecas; los tótems de la isla de Pascua, el Machu Picchu y las pampas de Nasca, entre otros paisajes, buscando, en todos los casos la huella de seres de otros planetas.

En el caso de los geoglifos en el desierto de Nasca, concretamente, las imágenes me impresionaron por la sencilla razón de que solo es visible desde el aire el conjunto de los dibujos ya que, a ras del suelo, se aprecian como si se está en el borde de una ruta junto al cruce con otra y esto, justamente, era aquello que la película señalaba para justificar que en el pozo del tiempo solo seres superiores podrían haber realizado la obra: la única manera de apreciarla es desde una visión cenital. Más aún, se señalaban líneas rectas en fuga que se interrumpían de repente a lo lejos para conjeturar que estábamos ante pistas de aterrizaje. Hoy se sabe que ese espacio era dedicado a los rituales que tenían lugar en el interior y fuera de esas líneas por los habitantes originarios del valle próximo que estaba entre el desierto y las montañas.

Hace unos días se anunció que se acaba de abrir al público la obra que Michael Heizer erigió en el desierto de Nevada después de cincuenta años de trabajo y un costo de 40 millones de dólares. En medio de la más absoluta nada se levanta City, un monumento de dos kilómetros cuadrados, construido con tierra, piedra y cemento. Su dimensión es de tal magnitud que el conjunto, como los dibujos de la llanura de Nasca, solo se puede observar desde una perspectiva aérea.

Se abrió al público la obra que Michael Heizer erigió en el desierto de Nevada

Las fotos en el lugar están prohibidas, con lo cual solo se conocen algunas imágenes autorizadas por el autor que reproducen los medios y ninguna muestra la totalidad de la obra. Heizer pareciera aceptar la teoría de César Aira en la que sugiere que el desarrollo del arte actual es una huida radical de las reproducciones ya que una obra se vuelve arte en tanto se adelanta un paso a la posibilidad de su reproducción. Heizer no permite fotos ni sefies. Tampoco más de seis visitantes diarios a un emplazamiento sin cafetería ni baños, a una hora de distancia por ruta del pueblo más cercano. ¿Cómo reproducir esta experiencia?

El autor de Recuerdos del futuro podría asegurar que esto es obra de extraterrestres. Heizer sufre porque cree que algunas de sus creaciones no sobrevivirían, por ejemplo, un ataque nuclear ya que están pensadas para perdurar solo en la medida en que el entorno natural, lentamente, las metabolice. No son como los volúmenes cubiertos de plástico de Christo, como el Pont Neuf de París o el edificio del Reichstag de Berlín. Heizer detesta a Christo, pero admira a Richard Serra porque reivindica, en su misma línea, la sostenibilidad de los materiales erosionados por el tiempo. Serra, por cierto, ha vivido en carne propia la volatilidad de su obra ya que, como es público, una escultura suya de 38 toneladas que le fue encargada por el museo Reina Sofía de Madrid en 1986 desapareció en 2005 del almacén donde estaba depositada y hasta el día de hoy no se sabe nada de ella.

Heizer, a pesar de su propósito, al ver cómo el principio de la entropía arrampló contra otra obra suya no ha dudado en restaurar, a través de una inversión millonaria, Doble negativo, un monumental emprendimiento más en el desierto de Nevada, con dos largas trincheras que se encuentran a cada lado de un cañón natural, para cuya construcción tuvo que desplazar 244 mil toneladas de roca. Esta intervención, como las demás, también debe observarse desde las alturas. Más aún: a diferencia de City, es prácticamente imposible acceder a ella por tierra salvo a través de un sinuoso camino en moto o en un todoterreno.

Es un arte para los dioses y que solo ellos, desde el espacio y acaso Heizer en su imaginación, pueden ver. Spinetta aseguraba que al Capitán Beto lo protegía su anillo de los peligros, pero no de la tristeza. Si Heizer tiene uno, es multipropósito: consigue financiación, cuando es preciso, para eludir la amenaza del tiempo y, con eso, conjurar las penas.

*Escritor y periodista.