“Hazme ver la realidad tal cual es” es una súplica adjudicada al Profeta conocido por acá como Mahoma y en sus pagos como Muhammad, máxima figura del Islam, la religión que enfurece a Pato Bullrich. Sin este contexto, podríamos creer que estamos frente a algo dicho hace dos minutos a propósito de la realidad virtual. No discernir entre lo que es una imitación sin corporeidad ni base, o directamente una mentira, y lo que es posta es un problema que no para de abrir debates. “Hay como una realidad común a todos que es una especie de Suiza de la realidad, neutra y neutral, pero después un panadero tiene una visión panaderísitica de la realidad y un veterinario lo mismo con su ocupación y un escritor tiene una visión literaria de la realidad, que es una categoría mucho más amplia. Ser panadero o veterinario te inscribe dentro de especialidades muy puntales. (…) Con los escritores pasa lo mismo excepto porque se ven obligados a especializarse en muchas más cosas”, me dijo durante una entrevista a propósito de su libro La parte inventada Rodrigo Fresán. No estábamos hablando de a IA ni afines sino de literatura, de modo que agregó: “De esas muchas cosas más, terminan decantando solo algunas, en general determinantes del estilo”.
En vez de leer cuentos para obligarme a dormir la siesta, mi abuela cantaba el arrorró. La oscuridad a esa hora del día era justamente un poco irreal, tenebrosa e indigesta, pero me gustaba porque daba lugar a imaginar personajes y hasta a esbozar tramas. Veía, por ejemplo, al Pícaro sueño como hecho de incandescencia con una cara que ahora puedo definir como demoníaca. ¿Por qué estaba hecho de trazos luminosos? ¿Influencia de los marcadores flúo o de esas vírgenes que se iluminaban de noche? ¿Y la cara? ¿Había accedido a una representación de lo diabólico alguna vez antes, o agregué ese detalle a posteriori? Me gusta no dar con los antecedentes gráficos o teóricos que puede haber tenido del diablo a los 4 o 5 años. Es como cuando en una obra de arte hay citas (a veces relacionadas al estilo) no puntuadas pero notables incluso para quienes no saben de dónde vienen.
Aunque acelerada, nuestra época, con sus límites difusos entre lo real y lo que no lo es, tiene mucho del letargo de la siesta. Hay insomnes que lo resisten procurando aferrarse a esas especialidades puntuales, que casual o causalmente Fresán cifraba en la experiencia de contacto. Pero, admitiendo que, fuera de algunos consensos, lo que tenemos hoy son más que nada percepciones individuales y sistemas de referencias particulares, podemos pensar, como él, que la realidad planteada en términos contemporáneos está sobrevalorada y que no hace falta celarla tanto. La era digital se regodea en la repetición fordista de ideas, actitudes e imágenes por lo que la dopamina que ofrece no alcanza para impedir que su juego de mentira a verdad decante eventualmente en el aburrimiento. Por suerte, para escapar de lo que, tal vez, se acerca más a la monotonía que al fantasma de un mundo sin certezas, siempre nos quedan Suiza, suplicarle a Dios o hacer literatura.