miércoles 17 de agosto de 2022
COLUMNISTAS Opinión

Los dos errores de comparar a Malvinas con Ucrania

02-07-2022 23:55

Boris Johnson comparó la histórica disputa diplomática que Argentina mantienen con Gran Bretaña en torno a las Islas Malvinas, con la violenta invasión militar que Rusia lanzó sobre Ucrania hace cuatro meses. El premier británico consideró que en ambos casos el principio que está en juego es el derecho de autodeterminación de los pueblos. Johnson planteó esta forzada similitud en la reunión del G7 que se celebró esta semana en Alemania, luego de haber mantenido una bilateral con Alberto Fernández, en la que el presidente argentino reclamó por la soberanía de las islas australes.

“Indiqué que estábamos dedicando gran parte de nuestro tiempo en el G7 a hablar sobre Ucrania, donde el principio en juego era el derecho de las personas soberanas e independientes a determinar su futuro. Ese era el principio que estaba en juego en Malvinas”, sostuvo Johnson. Pero en su insólito paralelismo el primer ministro británico cayó en dos errores que, hay que decirlo, merecen la pena ser señalados.

El primer desacierto del jefe de Downing Street 10 reside en el fundamento bélico. La presencia del Reino Unido sobre el archipiélago del Pacífico Sur se basa en la misma fuerza bruta que ahora Johnson cuestiona sobre Vladimir Putin: las Malvinas representan un territorio arrebatado por el poderío militar británico desde hace casi dos siglos. De hecho, para las Naciones Unidas, a través de su Comité de Descolonización, la soberanía está en discusión y es algo que debe ser resuelto de forma pacífica y a través del diálogo entre ambas partes.

El desatino de Johnson es tan grave que en su controvertida comparación olvidó reparar en que las fuerzas militares británicas se adueñaron de las Malvinas en 1833 y que en 1982 fue una guerra la que permitió que ese territorio siga siendo, de facto, administrado por Londres. Porque, según trascendió de la conversación que mantuvo con Fernández, el primer ministro británico dijo que el tema se encuentra “cerrado desde hace cuatro décadas”.

Johnson comparó la disputa de soberanía en Malvinas con la invasión a Ucrania.

La segunda confusión radica en la falsamente pretendida autodeterminación de los habitantes de las islas. Solo el cinismo de la realpolitik, más que la jurisprudencia del derecho internacional, permite que un líder británico relacione los derechos de autonomía que tendrían los kelpers con los que ahora defienden ucranianos contra los invasores rusos.

Ocurre que en Malvinas existe una población implantada por el Reino Unido, no importa que sean habitantes que protagonicen varias generaciones de nacidos en esas islas: los kelpers prolongan un problema de origen, una raíz de usurpación que les promete  derechos siempre y cuando coincidan con los deseos e intereses de la Corona británica. Hay ejemplos internacionales que así lo demuestran.

El 1 de julio de 1997 se produjo la devolución de la isla de Hong Kong a China, que había sido colonizada durante 155 años por el Reino Unido. El traspaso de la soberanía fue acordado en 1984 por la primera ministra británica, Margaret Thatcher y Deng Xiaoping, líder de la República Popular China. Hong Kong había sido adquirido por el Reino Unido en 1842, a través del Tratado de Nankín, que luego fue ratificado en 1860 por el Tratado de Beijing.

Lo cierto es que al Imperio Británico nunca pareció importarle el derecho de los hongkoneses. Las Guerras Anglochinas del siglo diecinueve habían sido el origen de la colonización, un conflicto militar que se produjo porque Londres no quería que las leyes chinas afectaran el comercio del opio, por lo que también se la conoce como las Guerras del Opio. La victoria británica obligó a que China tuviera que abrir sus puertos al comercio internacional y verse obligada a firmar los Tratados Desiguales, por lo que Hong Kong quedó bajo control británico hasta finales del siglo veinte.

La isla Diego García es otro ejemplo que muestra que la Corona británica no suele interesarse por el derecho de autodeterminación de los pueblos. Se trata, en este caso, de un atolón que en la actualidad alberga una base militar estadounidense. Es un archipiélago que pertenece a Mauricio y que se encuentra enclavado en un lugar estratégico para controlar el Océano Índico, por lo que fue colonizado por fuerzas británicas a mediados del siglo veinte, cuando el pequeño Estado lo cedió en 1965 a cambio de su independencia. Entre 1968 y 1973, la población de la isla fue expulsada por la fuerza del Reino Unido.

La Corte Internacional de Justicia dictaminó en febrero de 2019 que el archipiélago debe ser descolonizado y entregado por el Reino Unido a Mauricio, pero Londres ignoró el fallo y afirmó que continuará con la administración. El organismo internacional determinó que no se respetó el derecho de autodeterminación y afirmó que “la administración continua del archipiélago constituye un hecho ilícito”.

Está dicho: Malvinas y Ucrania no tienen parangón. Aunque Gran Bretaña así lo decrete.

 

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