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COLUMNISTAS / opinion
domingo 7 octubre, 2018

Macri-Cristina: la fórmula 2019

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por Gustavo González

LES CANDIDATES. Mauricio y Cristina son las caras de una interna política que consume a los argentinos. Foto: TEMES

Mauricio Macri y Cristina Kirchner volverán a competir por la Presidencia el próximo año. No compartirán literalmente la misma boleta, pero sí la fórmula electoral que suponen que más los beneficia. Macri vs. Cristina. Cristina vs. Macri.

La lógica es la misma que arrastran desde hace más de una década. Cristina inauguró el juego cuando consideraba que era imposible que alguien con el apellido Macri pudiera ganar algo más que unos comicios en la Ciudad de Buenos Aires. Ella era la jefa de Estado y eligió confrontar con “el hijo de Franco”. Estaba convencida de que un hombre llamado Macri, con cero carisma, sin partido y sin estructura nacional, sería un rival fácil.

Iban a competir en 2011, pero cuando Néstor Kirchner falleció Jaime Duran Barba le explicó a su cliente que nadie le podía ganar a una viuda. Compitieron finalmente en 2015. Ella, a través de Daniel Scioli. Subestimó a tal punto a Macri y a su candidata en la provincia de Buenos Aires, que eligió para hacerles frente a Aníbal Fernández. Perdió. Su estrategia de años de construir una contrafigura accesible para ser vencida, había fracasado. Hoy Macri juega al mismo juego: apostar a la polarización con una mujer con un alto nivel de rechazo social.

El. El Presidente no podrá hacer campaña diciendo que su gestión fue un éxito. El votante podría temer que, si esto salió bien, qué pasaría en un segundo período si el resultado saliera mal. Cuatro años después de haber llegado al poder, tampoco funcionaría el argumento de la pesada herencia recibida.

Sin embargo, el Gobierno se apresta a utilizar ambos relatos, pero sin hacerlos explícitos. La estrategia consistirá en decir que el Estado que recibieron estaba mucho más destruido de lo que pensaban y que ellos pecaron de optimistas al creer que la salida sería más rápida. Dirán lo que ya dicen: “Nosotros estuvimos lejos de hacer lo que hubiéramos querido, pero logramos salir del cepo cambiario y del default, sincerar las tarifas, ordenar las cuentas y terminar con el déficit y con el aislamiento internacional”.

Estiman que si vuelven verosímil que la herencia fue mucho peor y que su culpa es el exceso de optimismo, podrían conseguir un nuevo voto de confianza. Parecer demasiado optimista siempre es mejor que parecer demasiado incompetente. En cualquier caso, creen que la presencia de Cristina como contrincante es esencial, porque para un 60% de la población sigue siendo la encarnación de esa herencia nefasta. “Y Macri puede haber estado enfermo de optimismo e, incluso, ser incompetente; pero no es una mala persona ni es corrupto”.

Ella. Cristina no podrá hacer campaña esquivando el tema de la corrupción. Hará todo lo contrario, usará los juicios como tribuna política. Comenzará el 26 de febrero, en el juicio oral por asociación ilícita en el que declararán 142 testigos y se prolongará casi todo el año. Tendrá otros dos juicios orales para exponerse, el del dólar futuro y el del encubrimiento por el atentado a la AMIA, aunque aún no tienen fecha firme. El del Cuadernogate, en cambio, arrancaría recién en 2020.

Su estrategia será recordar los mejores momentos de los 12 años de kirchnerismo y mostrarse como víctima de una campaña de demonización comandada por el Gobierno, la Justicia, cierto peronismo y los medios hegemónicos. La misma que sufre Lula en Brasil: “Quieren meterla presa por todo lo que hizo bien, no por lo que pudo haber hecho mal. Ella representa el último bastión de la Argentina frente al plan que el FMI quiere continuar implementando en nuestro país y en la región.”

Cristina responsabilizará a Macri por semejante campaña. No porque piense que él está detrás de las causas judiciales, aunque le sean funcionales. Cree que sus verdaderos verdugos son los viejos operadores judiciales del peronismo y del radicalismo, asociados con algunos magistrados. Pero acusará al Gobierno para reforzar la confrontación con Macri.  
Ella compra las explicaciones de Jaime Duran Barba sobre la necesidad de que no vaya presa. Leyó eso detrás de su columna de hace dos semanas en PERFIL sobre el posible triunfo de Lula, cuando Duran Barba escribió: “Un dirigente con raíces objetivas no pierde fuerza cuando va preso, sino que crece porque despierta la solidaridad de quienes son sus partidarios y de quienes no le rechazan.”


Cristina leyó bien. El columnista de este diario escribió sobre Lula pensando en ella, aunque en ningún párrafo la mencionara. Lo que piensa es esto: “Mujer, viuda y presa es muy peligroso”.

Ellos. Duran Barba es de los que están convencidos de que la confrontación volverá a ser entre Macri y Cristina. Ya sea porque considere que será más sencillo ganarle o, como dice, porque ambos son la representación de un choque profundo que existe en la sociedad. Además, él entiende que, aunque quisieran, no podrían promover a otro candidato “racional”: “Algunos creen que solo cabe que el peronismo vuelva con matices, pero bastantes quieren superar esa etapa y pensar en una Argentina mejor.”

Los estrategas del Gobierno consideran que es muy temprano para hacer encuestas sobre intención de voto, pero en las que tienen de imagen, Macri aparecería con 41% de imagen positiva, el mejor resultado entre los presidentes de la región, con excepción del chileno Piñera.

Sobre Cristina, las mismas encuestas ubican su imagen buena en torno al 25%. Puntos más o menos, el mismo “núcleo duro” que verifican en cada medición. Cuando se habla de intención de voto, tanto kirchneristas como oficialistas citan encuestas de los últimos días que benefician a uno u otro en un eventual ballottage. Ambos bandos están cómodos en tenerse de contrincantes.

Macri cree que los escándalos de corrupción ya no le sacarán más votos a ella, pero con los que jamás la votarían serían suficientes para ganarle. Además, coincide con su estratega de cabecera en que Cristina es como el miedo: la única forma de vencerlo es haciéndole frente.

Cristina cree que la situación socioeconómica será cada día peor y que habrá una mayoría que la acompañará en una segunda vuelta. Y, de boca para afuera al menos, dice que no tendría problemas en ir a prisión como una ofrenda patria. En ese caso hará como Lula: elegirá a su Haddad para competir. Pero tal comodidad compartida es riesgosa. En especial para el Gobierno.

La posibilidad de que la Argentina vuelva a dar un giro de 180° en sus políticas no es tranquilizadora para los que quieren invertir. Y aun siendo Macri quien venza, un segundo lugar de Cristina con un alto porcentaje de votos aportaría una nueva complicación a la gobernabilidad futura porque dejaría otra vez a Cambiemos sin mayoría parlamentaria. Con un kirchnerismo siempre protagónico.


Después de tantos años de confrontación, de trabajar juntos en la grieta, de tanta pasión compartida, él y ella también corren el riesgo de enamorarse. Enamorarse de ese espejo que les devuelve su imagen invertida, en la que cuanto peor ven al otro mejor se ven ellos. Y en ese juego amoroso, como diría Unamuno, vencer y ser vencidos puede dar lo mismo para ellos. Aunque no necesariamente para el país.


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