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Morir de catarro

16-4-2023-Logo Perfil
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Da la impresión de que se viene un teatro muy extraño. Es un desafío interesante. Un teatro del futuro prescindirá –me parece– de todo lo que hasta ahora conocíamos como imaginación distópica, porque mucho de esta ya está ocurriendo a la vuelta de cada esquina y el teatro suele mirar donde no se está mirando masivamente.

Pensaba en esto viendo Catarro, la pieza de Mario Segade que cerró sus fechas, pero que volverá a El Tinglado luego de unas vacaciones. Como suele suceder en los universos poéticos de Segade, el foco vuelve sobre el peronismo, tamizado aquí en un colador al mejor estilo David Lynch, con bailes inquietantes y fondos alucinados, como una suerte de entretenimiento de Italpark al que le pegó mucho el sol y quedó en colores pastel.

Segade plantea el mito de la muerte de Perón como un catarro oficial que se complicó; la cuenta desde un funcionario menor, muy menor, el entrañable y despreciable Terrones, encargado de arreglar los detalles del viaje organizado por Alain Delon para que Monzón vaya a pelear a París. Pero el mezquino Terrones, armado por default, no es su protagonista, sino más bien Ángela, su esposa, que lo espera en un departamento en Miramar en el que su marido ha prometido preñarla de una vez. Desde el verano del 74 llueve sin parar en esa costa y mientras Ángela espera a su marido que va y viene por la recién asfaltada Ruta 2, se da cuenta de algo muy inquietante: el peronismo es una telenovela de Arnaldo André que ella imagina y escribe en sus cuadernos íntimos, como pesadilla, como anhelo, como destino ineludible.

La obra fue escrita apenas semanas antes de que Massa chocara una vez más la nave zigzagueante y fosforescente que llamamos peronismo. Aquí y ahora, todo en la escena tiene al menos dos sentidos: lo que se dice y también su opuesto.

¿Por qué será que el peronismo sigue siendo fuente de mitología inagotable mientras que el imaginario de la oligarquía y del gorilaje carece de ramificaciones y recodos y un humor propio? 

Segade abreva de manera personal y desaforada en una fuente inagotable de seducciones, fuente de la que carecen otras agrupaciones políticas. 

Yo no sé si cuando se cierre el capítulo del peronismo seguirá habiendo teatro. Es como si ambas cosas compartieran genes antiquísimos.