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Perdió Boca, volvió Riquelme

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Lamento. Boca cayó con Vasco da Gama. El martes, revancha. | AFP

Boca perdió contra Vasco da Gama (el partido contra Talleres no tuvo casi importancia) y entonces, mágicamente, sabemos que volverán las imágenes de Riquelme. Boca estuvo 17 partidos sin perder y, de golpe, desaparecieron las imágenes de su palco. Es como si Boca todo este tiempo no hubiera tenido presidente. Pero no bien pierde, reaparecen las imágenes de cómo vivió la derrota, la cara que puso cuando le hacen goles a Boca, con quién tomó mate y demás pavadas. Es como una ley de la naturaleza: el sol sale por el este, el agua en el llano hierve a 100 grados y no bien Boca pierde, los medios macristas (que son mayoritarios) reponen a Riquelme. Todo es tan obvio, que da un poco de pena (o de risa).

Entre tanto, está Arruabarrena. No hay otro declarante como él, ni siquiera Gallardo que es muy bueno. Arruabarrena hace gala de una lucidez, una sinceridad, una capacidad de análisis que sorprende. Es un placer escuchar sus conferencias de prensa. Pero antes, antes del partido con Vasco da Gama, ¿qué pasó con Arruabarrena? Yo creo que pasó lo

siguiente: no confiaba en sus jugadores. Cuando esto ocurre no es algo fácil de resolver, de solucionar, ni de salir adelante. Todo sucedió como si Arruabarrena sin Paredes, sin Aranda, sin el primer suplente de Aranda, Velasco (que no es más que un jugador del montón) y sin un par más, de repente se dio cuenta de algo evidente: es muy difícil jugar bien sin buenos jugadores. Y es muy difícil jugar muy bien sin grandes jugadores. Contra Vaco da Gama, Arruabarrena se dio cuenta de que no tenía equipo, que tenía, sano, a un plantel más o menos mediocre, sin mucho más. Y entonces pensó en los últimos 20 minutos contra Racing en los que Boca, sin pudor, jugó a tirarle ollazos a Valencia. Y mal no le salió. El asunto es que contra un equipo brasileño, incluso uno de mitad de tabla, con eso no alcanza. Pero Arruabarrena que, como decíamos, es hiperlúcido, no se equivocó: no tenía mucho más. Con los mejores jugadores lesionados, ¿cómo iba a generar fútbol Boca? ¿Y cómo lo va a generar en la revancha? Cuando el partido quedó 11 contra 10 apareció algo del estilo de Arruabarrena, de armar por afuera y terminar por adentro. Pudo haber empatado, pero más por empuje que por juego. Y los jugadores saben esto. Saben que Arruabarrena sabe también que no tiene jugadores. Pero Arruabarrena, sabio declarante, no lloró por la ausencia de Paredes ni de Aranda ni todos los demás. Dijo, al contrario, que son reemplazables. ¿Cómo? Tirando bochazos a Valencia no alcanza (lo de Racing se pareció más a un milagro a que a una táctica). Boca está en medio de una encerrona no menor. Arruabarrena tiene el estigma –un poco como el Mellizo Barros Schelotto– de ser un técnico que hace jugar bien a sus equipos, pero que se desinflan al final. ¿Está Boca entrando en esa fase?

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Ahora queda la “heroica” contra Vaco de Gama, que no es más que un equipo correcto. El martes que viene, si Boca emboca un gol de entrada, todo puede cambiar. No me cabe duda de que Arruabarrena va a jugar a eso.