COLUMNISTAS
The Javo Moment

Prescindencia de la Nación Argentina

El primer mandatario delega la gestión en su hermana, su jefe de Gabinete y su ministro de Economía, que incluso lo contradice en cuestiones como la justicia social. La indolencia de estado como síntoma o sistema.

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Prescindente argentino. | Pablo Temes

“Lo que se opone a la simulación no es lo real, que no es más que un caso particular, sino la ilusión.”

Jean Baudrillard, El crimen perfecto

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1. Un presidente no va durante casi un mes a la Casa de Gobierno. En un lapso aún mayor no hace reuniones de gabinete. Cuando regresa a la consideración pública, exhibe mal humor, enojo, incoherencia formal y pocas, poquísimas, referencias a la realidad basadas en datos –cuando los hay– poco rigurosos: confunde o distorsiona los números inflacionarios. Luego, hace una reunión de gabinete en la que apenas participa, para manifestar un enojo. El resto de la semana, el mismo primer mandatario pasa más de ocho horas seguidas posteando en X. Luego, va a una escuela secundaria en condiciones de secretismo y realiza un discurso doctrinario en el que se refiere a un libro que está escribiendo y en el que invita a los adolescentes que lo escuchan a insultar a los periodistas. El discurso, si no hubiera sido formulado por un presidente, sería objetado por su carácter falsamente mesiánico y teocrático. Pero en boca del presidente es cuando menos un lujo extraño: uno que sucede en un país con acuciantes problemas de pobreza, una crisis productiva e inflación aún irresuelta. Como dijimos, el problema no es del todo del Presidente, sino de la sociedad que asiste al espectáculo atónita.

2. En la misma semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, rompe el discurso habitual del Javier Milei anarcolibertario y se refiere a la justicia social –que el Presidente calificó de un robo– y a la reactivación. También siguen las reuniones con aliados políticos de cara a un acuerdo electoral para las elecciones del año que viene, en las que no participa. Hay reuniones con muchos gobernadores del centro productivo del país a las que no va. Todo sucede en el contexto de un parlamento que abandona el consenso hegemónico que se inició en las elecciones de medio término y promete una situación como la que antecedió a esas mismas elecciones.

3. “Estar en una” es una expresión coloquial rioplatense (muy usada en Argentina y Uruguay) que significa estar en una situación difícil, complicada o apretada –muchas veces, en un aprieto económico, aunque también se usa para cualquier lío o problema en general–. Es una forma abreviada de “estar en una mala” o “estar en un apuro”. Muchas veces, soslayamos lo que decimos sin pensar. Hay consenso en que Javier Milei “está en una”. Su propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, habló de la preocupación por “el estado” del Presidente. Nelson Castro señaló las implicancias del síndrome de hubris presidencial en su salud. Juan González indicó la incidencia de los dolores físicos. Vale la pena dar un paso más en la reflexión sobre el estar en una y el “estado preocupante” del presidente de la Nación.

4. En un libro de 1998, The Political Economy of Dictatorship, Ronald Wintrobe formuló el concepto del “dilema del dictador”: un dictador nunca conocerá el verdadero estado de cosas en su país y se le presenta perpetuamente información distorsionada, teniendo así dificultades para tomar las decisiones de gobierno correctas. Como diría Villarruel, el problema es el Estado –la forma de gestionar el Estado– de Javier Milei y su entorno.

5. Hace un tiempo, el Gobierno formuló un proyecto de transformación de las sociedades que, según Infobae, se basa en el modelo de las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), estructuras que funcionan en blockchain a través de contratos inteligentes autoejecutables. Luego del ostracismo del presidente, en la Argentina se disparó un sistema en el que la presidencia se transformó en eso: una institución que prescinde de su acción y deja que los mecanismos avancen solos, en este caso, sin intervención humana. La cuestión del humanismo debería debatirse con mayor profundidad.

6. La teoría de la gobernanza sostiene que existe un desplazamiento estructural de la función de gobernar. R.A.W. Rhodes describió este fenómeno como el “vaciamiento del Estado” (hollowing-out of the state), y James Rosenau lo formuló como “gobernanza sin gobierno”: la capacidad de conducir los asuntos públicos migra desde el centro estatal hacia redes de mercado, organismos técnicos y actores privados, de modo que el titular del cargo puede permanecer formalmente en el poder mientras las decisiones efectivas se toman en otro lado. El anarcoliberalismo retoma esa misma dinámica, pero la invierte de diagnóstico a programa: lo que en Rhodes o Rosenau es una descripción empírica del Estado contemporáneo, para el anarcoliberalismo es un ideal normativo.

7. Hay otra manera de ver las cosas, la que propuso la gran serie distópica Black Mirror. En el capítulo “The Waldo Moment”, Waldo es un oso animado azul manejado por captura de movimiento por Jamie Salter, un comediante fracasado que lo usa para entrevistar políticos en tono satírico. El productor lo empuja a competir en una elección local; una salida de tono de Jamie se viraliza y Waldo termina segundo, superando a los candidatos “reales”.

8. Hay un libro clásico, Los dos cuerpos del rey, de Ernst Kantorowicz, que describe con precisión qué es el cuerpo –y la salud, física y mental– del gobernante. Su análisis de la sociedad medieval distingue el cuerpo natural del rey –mortal, indolente, falible– de su cuerpo político –eterno, perfecto–: esa distinción explica cómo un gobernante puede estar personalmente ausente sin que la institución “caiga”, porque la función sigue operando, aunque la persona no gobierne. Kantorowicz lo resume en un pasaje célebre: “El rey tiene dos capacidades, puesto que tiene dos cuerpos, uno de los cuales es un cuerpo natural compuesto de miembros naturales, como el de cualquier otro hombre, y por el cual está sujeto a las pasiones y a la muerte como cualquier otro hombre; el otro es un cuerpo político, cuyos miembros son sus súbditos, y la reunión de él y estos forma la corporación, como dijo Southcote, de forma que él se halla incorporado con ellos, y ellos con él”

9. El poder y la gobernanza, en la Argentina, dieron un giro que acompañó al ostracismo del Presidente. Más allá de las complicaciones de salud, hay que pensar en las complicaciones políticas del sistema. Anarquismo ideológico no es lo mismo que una gestión anárquica.