22 oct 2020
COLUMNISTAS |experimentos
viernes 16 octubre, 2020

Primavera al sol

Foto: Cedoc

¿Llegó el futuro y es trucho? Lo merecemos. Uno accede a la ciencia ficción que su comunidad de sentido le construye. Bebedores de cloro, evasores de impuestos, patriotas de toda laya militan por una libertad que niega los hechos, los muertos, la derrota, culpando de paso al gobierno de turno porque esto siempre ha sido así. Listo el pollo.

Al día de la fecha, el simpático experimento de Sunspring cuenta 1.268.898 visualizaciones. Decido verlo dos veces más para que llegue a los 900 o no me voy a dormir tranquilo.

Sunspring es el cortometraje filmado por Oscar Sharp siguiendo a rajatabla un guión escrito por una inteligencia artificial. Es algo así como un software (una red neuronal recurrente con memoria a corto plazo) que permite lenguaje predictivo (como en los celulares) al que se alimentó con unos 200 guiones de películas de ciencia ficción (imagino a la inteligencia luchando para distinguir uno de otro). Luego se le siembran unas palabras clave, una seudocanción melosa y ya está: el robot provee sin pensarlo un texto con introducción, nudo y desenlace (o sus sucedáneos no aristotélicos) sin mayores indicaciones de a quién le toca hablar. Y ahora sí: llega el turno de lo humano. Tres actores (Thomas Middleditsch, Elisabeth Grey y Humphrey Ker) dejan el alma para tratar de sacar sentido de las piedras. El resultado es risible y conmovedor. Yo lo recomiendo mucho, sobre todo por Elisabeth y porque es un buen análisis acerca de dónde estamos y de dónde quisimos estar.

Lo tomo algo más en serio que otros colegas. Los dadaístas pregonaron ante la burguesía una clave inquietante: la verdad estaba en el azar, alejada del motor de la razón. Los surrealistas tornaron científica la premisa y (con el inconsciente ya inventado) sugirieron buscar la verdad en los patios remotos de la conciencia y en el sueño. ¿Por qué restarle mérito entonces a esta seudovanguardia de un solo ejecutor, a esta prueba sin movimiento detrás, a este error pitagórico tallado sólo para el deleite de un puñado de quisquillosos? El director quería saber si el corto podía llegar a ganar en un frstival de ciencia ficción. Y no ganó. Pero podría haber pasado: sus premisas son de ciencia y de ficción y todos fueron rigurosos y amantísimos.

Si la consigna sugiere que puede haber narración por fuera de lo humano (es cuestionable si no hay intervención humana al fabricar el robot que aloja el algoritmo escribiente), ¿entonces por qué lo que más fascina de este bodoque son los intentos humanos de esas bocas, esos cuerpos, esos actores de convencernos de sus motivos (incomprensibles) y sus sentimientos (inextricables)? 

Verán que lo humano se aloja allí donde cualquier experimento intenta eliminarlo. Lo mismo vale para el pregón neoliberal, igual de incomprensible, igual de necio, igual de estéril: así y todo, construye su propia realidad y muchos van y la habitan convencidos.


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